MEDITACIÓN DE LAS LECTURAS: 7/7/25

Hoy, lunes, semana 14ª del Tiempo Ordinario, vamos a meditar en el evangelio, que gira en torno a dos mujeres: una adulta, que padecía de sangre y sufría como muerta en vida, y otra niña, a quien el Señor resucita. En un primer momento, el padre de la niña se dirigió a Jesús:

“Mi niña acaba de morir”. El padre, sin embargo, vio en el Señor una esperanza. Le pidió que Él, a pesar de todo, fuera hasta su casa y tocara a la niña para que vuelva a la vida. En esto, y en medio a la multitud, es una mujer con hemorragias quien se atrevió a tocar al Señor.

Jesús reconoció, en el toque de esa mujer, un roce limpio, de quien confía y tiene conciencia a quién se está acercando. No le llamó impura, porque sangraba; le llamó “hija”, y públicamente expresó: “Tu fe te ha curado”. Es la respuesta de Jesús para ella, que un día escuchó hablar de Él, y decidió seguirle. No fue suficiente la escucha, sino su decisión de alcanzarlo.

Desde su debilidad, la mujer tocó la fuerza del manto de Jesús. El manto de Jesús y su proyecto de vida es la misma cosa. Al tocarlo, se secó la fuente de su hemorragia; no necesitó nada más. Muchos habían tocado al Señor debido a la estrechez de los caminos, por la multitud de seguidores. Ella, en cambio, lo tocó por fe; el Señor pudo notar la diferencia. Tocarle y testimoniar el milagro, es confirmar la fe; una fe que es puerta de entrada para la sanación y la salvación.

Tras la imagen de esa mujer con flujo de sangre, podemos identificar la gente que lo invierte todo, buscando la felicidad, sin encontrarla. No pocas veces desperdiciamos la vida corriendo tras metas falsas que nunca paran la hemorragia de la ansiedad ni la hemorragia de las altas aspiraciones terrenas.

Cuando Jesús llegó a casa de la niña, al ver el alboroto, dijo: “¡Fuera! La niña no está muerta, está dormida”. Para el Señor no hay casos perdidos. Ella, ante sus ojos, solo descansa. Al Señor no le detienen las burlas. Por fe, pudo afirmar que la niña no estaba muerta. Si tú tienes fe, también podrás vivir la experiencia del Señor que llega, entra en tu vida, te da la mano y te dice: “no estás muerto, no estás muerta”. A Él le sostiene la compasión, aquella que le llevó a cogerle de la mano. Ella, al toque de Jesús: “Se puso en pie”. La muerte obedece a Jesús, le da paso. Para otros eran visiones, para el Señor y los creyentes, era una realidad.

Para los que no tenían fe, la jovencita estaba muerta. Hay muchos jóvenes vivos, en la sociedad actual, tenidos por muertos; como si no contaran. De la misma manera que Jesús tuvo que echar fuera a los curiosos, quedándose solo con los que realmente la amaban; así tenemos que unirnos a la gente que suma y que confía en que el Señor puede hacer la obra.

Jesús sigue levantando a los jóvenes y a todas las personas en estado de postración. No quiere a la gente acostada, echada, dejada; sino de pie, en servicio, alimentada con el pan de la salvación. Hemos de confiar que el Señor puede hacerlo; aunque otros consideren, con el milagro, estar viendo visiones.

Preguntas que llevan al silencio: ¿Tú tienes la fe necesaria para acercarte a Jesús y presentarle los casos aparentemente perdidos? ¿Cuándo te acercas a Jesús qué buscas? ¿Buscas bienes temporales o buscas la salvación? ¿Tú quieres tocar a Jesús solo por interés personal o quieres tocarlo para comprometerte con Él y su Reino? ¿Cuáles “hemorragias” te hacen desperdiciar la vida? ¿Tú te das por sano o necesitas encontrar a Jesús para sanarte?

¿En dónde vas dejando la sangre? ¿Te acercas a Jesús, porque mucha gente lo hace, o te acercas porque tienes fe en Él? En este momento de tu vida, cómo consideras tu fe: ¿una fe medio muerta?, ¿una fe dormida?, ¿una fe de pie, en camino? ¿Qué diría Jesús de la fe que tú muestras? ¿Dejas que el Señor entre a tu casa, toque tu realidad, tu situación, y ponga fin a los lloros desesperados? ¿De qué situación el Señor quiere que te levantes? ¿Tú, qué voz estás escuchando: la voz de los que se ríen, o la voz de los que confían en que tú puedes levantarte? ¿Me dejo condicionar por comentarios inoportunos o mantengo el oído en la Palabra de vida? ¿Busco en Jesús la paz y la salud necesarias para echar a andar y servir?

Señor: queremos encontrarte y que salgas a nuestro encuentro. Si no podemos tocarte, tócanos tú a nosotros, levántanos de dónde estemos caídos. Mira si la vida se nos va inútilmente. Devuélvenos la santa paz que tanto necesitamos; ella nos trae la salud, nos permite vivir y no agonizar. Danos confianza en ti. No queremos detenernos en comentarios inoportunos, sino mantenernos firmes en tu Palabra.

¡Seamos santos!

Hna. Ángela Cabrera
Discípula Misionera por la Santidad


Hna. Ángela Cabrera.

Discípula Misionera por la Santidad

Espacio de reflexión de la Parroquia de los Santos Ángeles Custodios, que invita a realizar una pausa diaria en nuestras actividades cotidianas para dedicarlas a la oración del Evangelio, a través de la meditación y reflexión de la hermana Ángela Cabrera, Discípula Misionera por la Santidad.

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Publicado por PASTORAL DIGITAL PSAC

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