MEDITACIÓN DE LAS LECTURAS: 8/7/25
(Gn 32,22-32; Sal 16; Mt 9,32-38)
Martes 14ª semana de tiempo ordinario
COMBATE ESPIRITUAL
Hoy, martes, semana 14ª del Tiempo Ordinario, la primera lectura, tomada del Génesis, nos muestra el combate que tiene Jacob y que, de alguna manera, nos hace recordar nuestros propios combates existenciales y espirituales.
Cuando Jacob parte, en el relato, con su familia y sus pertenencias, va con una historia, una memoria, una realidad de vida. En complicidad con su madre Rebeca, había robado la bendición, derecho que tenía el primogénito, su hermano Esaú. Según la cultura de la época, al hermano mayor, y no al menor, le correspondía favores y gracias especiales, así como la herencia.
Un detalle importante es que en el pasaje anterior, se narra cómo Esaú vendió su derecho al hermano menor, por un plato de comida (Gn 25,29-34). Esto muestra el poco valor y respeto hacia la bendición. A su vez, deja pensar en los designios de Dios. Porque no siempre, el que tiene el derecho se conserva en gracia o es el escogido. Con todo, los hechos hicieron que los dos hermanos se resintieran, se distanciaran. Jacob, en adelante, huyó de su hermano. Y dentro de este contexto, se sitúa la lectura del día.
Aunque Jacob iba con su familia, huyendo, siendo todavía de noche, la experiencia de luchar con un hombre, que luego es identificado como Dios, la tuvo solo. En el combate que sostuvo no estaban involucradas ni su familia ni sus pertenencias. Estaba él como persona. La contienda era tan fuerte que resultó lastimado, sabiendo que cuando Dios “hiere”, de alguna manera, sana la herida. La perseverancia, en el pleito, mostró su profundo deseo de ser reconocido por Dios, y de recibir la genuina bendición.
En el combate, Jacob encontró su identidad verdadera. Recibió un nuevo nombre: de Jacob, pasó a llamarse Israel. Con esto tiene un nuevo comienzo, una nueva oportunidad, una amplitud de su descendencia. Es reafirmado en su bendición. En el fondo, esta bendición también incluía la reconciliación con su hermano, como sucederá; y la reconciliación de su propia conciencia, por haber robado a su hermano. La bendición y la reconciliación son hermanas mellizas.
El salmista del día también cuenta su experiencia con el Señor, al cual dice: “Aunque sondees mi corazón, visitándolo de noche, aunque me pruebes al fuego, no encontrarás malicia en mí”. Es una bella expresión, porque la persona inocente nada tiene que temer. De hecho, cuando hay vida en gracia, cuando hay pureza en el corazón, se combate menos y se ora más.
Grandes figuras espirituales han afirmado que, en la actualidad, hace falta menos combate y más oración. Los combates son necesarios, pero pasarse la vida combatiendo no es lo más provechoso para el alma. Hemos de tener tú y yo, etapas de reposo, donde hagamos nido ante la presencia de Dios. Incluso, cuando lleguen los kilómetros de batallas, a criterios de Santa Catalina de Siena, “nadie debe temer, ni a las luchas ni a las tentaciones que les vengan del enemigo, pues el Señor mismo da la fortaleza…”.
En el evangelio del día, Jesús hizo la lucha por alguien que no tenía condiciones de liberarse a sí mismo. Expulsó el mal de un hombre dominado por un espíritu mudo. El hombre empezó a hablar. Iba el Señor así, recorriendo ciudades y aldeas anunciando la Buena Nueva, curando todas las enfermedades, movido por la compasión. El pasaje termina provocando la inquietud en cada uno de nosotros, porque los trabajadores son pocos, y la mies es abundante.
Preguntas que llevan al silencio: ¿tú conoces algún caso de alguien que haya robado bendición? ¿Para qué sirve robar una bendición si falta la gracia? ¿Conoces el caso de hermanos de sangre que se hacen enemigos por una herencia? ¿Qué se gana con tener bienes en las manos y un corazón resentido?¿Por qué la persona no está en paz hasta no estar reconciliada con ella misma, con Dios, con los demás, y hasta con la misma naturaleza? ¿Tú, como Jacob, puedes decir que has visto a Dios? O sea, ¿has identificado su presencia?, ¿has reconocido las huellas de Dios combatiendo contigo, haciendo que te ejercites para madurar en la fe?
¿De quién estás huyendo? ¿Qué no quieres enfrentar en este momento? ¿Ya tuviste un serio encuentro contigo mismo? ¿Cómo sacar provecho de tus batallas? ¿Dónde están los frutos que obtienes de una pelea interior llena de sentido y esperanza? ¿En este momento de tu vida tú estás orando o combatiendo? ¿Por qué si uno combate todo el tiempo le quita espacio a la intimidad profunda con el Señor? ¿Por qué hay diferencia entre oración y combate? ¿Cuáles son las luchas que deseas que el Señor asuma por ti? ¿Cuál es tu actitud mientras el Señor sale en tu defensa? Santos y santas de Dios, rueguen por nosotros.
¡Seamos santos!
Hna. Ángela Cabrera
Discípula Misionera por la Santidad

Hna. Ángela Cabrera.
Discípula Misionera por la Santidad
Espacio de reflexión de la Parroquia de los Santos Ángeles Custodios, que invita a realizar una pausa diaria en nuestras actividades cotidianas para dedicarlas a la oración del Evangelio, a través de la meditación y reflexión de la hermana Ángela Cabrera, Discípula Misionera por la Santidad.
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