MEDITACIÓN DE LAS LECTURAS: 9/7/25
(Gn 41,55-57; 42,5-7.17-24ª; Sal 32;Mt 10,1-7)
Miércoles 14ª semana de tiempo ordinario
EL PLAN DEL SEÑOR SUBSISTE POR SIEMPRE.
Hoy, miércoles, semana 14ª del Tiempo Ordinario, iniciamos la meditación a partir del salmista, quien ora confiando que el plan del Señor subsiste por siempre. Esto, para él es motivo de alabanza. Sabe quién es su roca. Cualquier viento, tempestad, obstáculo, que se interponga en el designio divino, el Señor lo frustra, lo deshace.
Pudiera parecer, en algún momento, que quien lleva la contraria a la voluntad de Dios, triunfa. Sin embargo, la antigua expresión: “Dios escribe derecho en líneas torcidas” contiene gran sabiduría. Cuando las puertas se cierran, alguna ventana se abre. La voluntad de Dios avanza como la corriente del río se desliza, sin pausa, contornando las rocas que encuentra a su paso. En ocasiones, el agua se desliza y se extiende subterránea. Es realmente una necedad el intento de frenar lo que el Señor ha puesto en marcha.
Todo lo dicho queda manifestado en la primera lectura del Génesis, que nos trae la historia de José. Sus hermanos lo rechazaban. Lo envidiaban. Lo ignoraban. Terminaron vendiéndolo, para no matarlo. Algo que realmente me ha impresionado en esta historia de vida es que la narrativa, larga, en varias partes repite una frase referente a José: “La gracia de Dios siempre le acompañaba”; era como el escudo protector, ante las críticas, las burlas, las ironías. Un detalle importante, de este personaje, es que a pesar de todo, siempre se mantuvo en el santo temor de Dios. No se quejó de todas las pruebas.
José terminó preso, en Egipto, por calumnia en su contra. Quién diría que, de la cárcel, pasaría al palacio. La prisión no pudo encerrar la bendición recibida. Allí, preso, el Señor le abrió paso hasta llegar al faraón. Pudo servir como intérprete de sus sueños, a la vez de proponerle la administración debida para provecho de su gobierno.
Cuando los hermanos estaban ante José, sin reconocerlo, buscando sobrevivir, nunca imaginaron que era él; ese a quien habían hecho tanto daño. Entre los comentarios que hacían, dejaron relucir, los delitos cometidos. Como José usaba intérpretes, no sospecharon que su hermano entendía la conversación. Sencillamente, para llorar se retiraba un poco. Pero, los lloros de José no eran por deseos de venganza, sino de compasión, como lo plantea, más adelante, la narrativa.
José tenía 12 hermanos. Jesús, en el evangelio de hoy, se muestra eligiendo a 12 discípulos. En el primer caso, fallaron diez. En el segundo, falló uno. En todos los casos, el plan del Señor subsiste para siempre.
La fe cristiana comenzó en torno a 12 personas que el Señor eligió y llamó para estar con Él. Compartió su autoridad, su fuerza espiritual, para expulsar espíritus inmundos y curar las enfermedades. Esa comunidad estaba formada por personas concretas. Pero hoy, esos discípulos, tienen nuevos nombres, hombres y mujeres, que siguen escuchando su voz, y le responden siguiéndolo. En esta sociedad, donde los antivalores, parecen invadir todos los espacios, el plan del Señor sigue en pie.
Preguntas que llevan al silencio: ¿Alguna vez te han puesto piedra en el camino? ¿Tú le has puesto piedra a alguien? ¿Tú has testimoniado la voluntad de Dios abriéndose paso? ¿Por qué hay que tener paciencia para ver acontecer la obra de Dios? ¿Por qué las cosas que le hicieron a José no dejaron heridas vengativas en su interior? ¿Tú, como José, has experimentado cómo la gracia de Dios te acompaña?
¿Tú has tenido experiencia de “calabozo”? ¿De qué calabozo existencial Dios, por su gracia, te ha hecho salir? ¿A dónde te ha conducido Dios y para qué? ¿Reconoces como la mano de Dios ha conducido tu vida? ¿Puedes poner nombre a las etapas en tu historia de salvación? ¿Te sientes escogido, escogida de Dios? ¿Tú sabías que el corazón de los elegidos, las elegidas, ha de estar desocupado, limpio, de toda cosa extraña a su presencia? ¿Tú, en este momento, sientes que le estás fallando al Señor? ¿Sabes que tienes tiempo de enmendar tus faltas, de buscar reconciliación?
Señor: dame la fe, la paciencia y la perseverancia para confiar en ti. Tú no bromeas, Señor, cuando nos llamas. Tú no cambias de opinión por las dificultades del camino. Gracias, Señor, porque tus planes subsisten para siempre.
¡Seamos santos!
Hna. Ángela Cabrera
Discípula Misionera por la Santidad

Hna. Ángela Cabrera.
Discípula Misionera por la Santidad
Espacio de reflexión de la Parroquia de los Santos Ángeles Custodios, que invita a realizar una pausa diaria en nuestras actividades cotidianas para dedicarlas a la oración del Evangelio, a través de la meditación y reflexión de la hermana Ángela Cabrera, Discípula Misionera por la Santidad.
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