MEDITACIÓN DE LAS LECTURAS: 10/7/25
(Gn 44,18-21.23b-29;45,1-5; Sal 104; Mt 10,7-15)
Jueves 14ª semana de tiempo ordinario
CORAZÓN ABIERTO
Hoy, jueves, semana 14ª del Tiempo Ordinario, las lecturas nos permiten meditar la importancia de tener un corazón abierto. Abierto para dejarse conducir por el Señor y acoger su proyecto de salvación. En el Génesis, se nos sigue presentando la historia de José.
Esta vez, el relato se detiene en el momento especial del encuentro de José con sus hermanos en Egipto. Le estaban fundamentando por qué no podían llevarle al hermano menor, Benjamín, para que lo “conociera”. José todavía no se había identificado; mientras releían toda la historia, contándole sobre el padre Jacob, que aún vivía, y que era apegado a su pequeño. Benjamín y José, eran sus hijos preferidos, por ser la madre Rebeca. Ya daba por muerto a su José.
En un momento, la historia tocó las entrañas de José, y comenzó a llorar fuertemente. Se mostró a sus hermanos: “Yo soy José, su hermano, el que vendieron a los egipcios”. No lo reconocieron por fuera, menos lo conocían por dentro. La postura de José lo sitúa como modelo de corazón abierto. Con una extraordinaria manera de interpretar la historia con los ojos de la fe. No se hizo la víctima, no echó en cara las penurias vividas. Aun cuando los mismos hermanos pensaron que se vengaría, por todo el sufrimiento causado, José les enseñó a interpretar las cosas de otra manera.
Cuando José dice a sus hermanos: “No se preocupen, ni les pese el haberme vendido aquí; para salvación me envió Dios delante de ustedes”; asume una postura que refleja las mismas entrañas de Dios. Quien ama no asienta heridas en el corazón. El amor de Dios hace ver las cosas con los ojos de esperanza. Para quien ha hecho de Dios su refugio, hasta los contrarios se transforman en bienhechores.
Este relato presenta un desafío. Porque ante los daños que José recibe, en su historia personal, pudo haberse cargado de resentimientos. El mensaje del Señor nos invita a reciclar el corazón en esperanza. El frescor de la reconciliación hace cantar el alma. Cuando tú devuelves bien, a quienes esperan una reacción maldosa, esos contrarios y agresores se arrepienten con más facilidad. La conversión comienza cuando se testimonia la gracia operando, en gratuidad, aunque sea inmerecida.
En el evangelio del día, Jesús envía a sus apóstoles a proclamar que el Reino de Dios está cerca. Esta cercanía exige de ellos, y también de nosotros, mediante las gracias recibidas, hacerlo visible, manifestar sus signos: curar, limpiar, expulsar, donar la vida… Todos estos signos han de ir acompañados por las actitudes de estos mensajeros marcadas por la sencillez, la pobreza, la humildad, la paz.
Mateo presenta, con radical convicción, la postura de Jesús para quienes no abran su corazón al evangelio, se cierren o rechacen a la Buena Noticia. Compara su destino, en el juicio final, con peores consecuencias que las que vivieron las ciudades de Sodoma y Gomorra.
El Salmo del día nos anima a recordar las maravillas que hizo el Señor. Tales maravillas también remiten a identificar y agradecer la presencia de Dios, acompañando nuestra historia personal y comunitaria. Hoy es el día, si no lo has hecho, de releer tu pasado con ojos de misericordia y reconciliación. Esta es la actitud clave para que el corazón se abra al amor. Y como dice el orante del Salmo, cantar al Señor, quien también abre la prisión de los encarcelados.
Preguntas que llevan al silencio: ¿Cómo está tu relación con los hermanos, con las hermanas? ¿Se guardan heridas entre ustedes? ¿Ya han empezado el proceso de reconciliación? ¿Tú sabías que las personas que tienen mayor camino de fe son las primeras que han de favorecer la unidad, la reconciliación? ¿Por qué, quien vive coleccionando heridas del pasado, siempre tiene motivos para sufrir? ¿Cómo tú estás interpretando la vida: desde un corazón resentido, cerrado, o desde un corazón abierto a la gracia?
¿Cómo estás acogiendo la Palabra de Dios que te llega cada día? ¿Tú recibes el mensaje como información o como Palabra de vida? ¿Cómo tu vida hace creíble el mensaje? ¿Qué signos del Reino vas dejando en tu caminar? ¿Cuáles “por si acaso” van llenando tu equipaje, sin necesidad? ¿Tú llevas la paz de Cristo allí donde llegas? ¿Cómo te sitúas ante los desprecios o los rechazos? ¿Te estás sacudiendo el polvo de los pies o vas empolvado por la vida?
Señor: te entrego mi corazón, para que en tu infinita misericordia lo hagas semejante al tuyo. Siento esa necesidad. Deseo hacer de mi corazón tu morada. Que te sientas a gusto en mi interior, cobijado de gracia. Señor, contigo, sé que una vida sin malicia es posible. Quiero un corazón abierto, disponible para hacer tu voluntad.
¡Seamos santos!
Hna. Ángela Cabrera
Discípula Misionera por la Santidad

Hna. Ángela Cabrera.
Discípula Misionera por la Santidad
Espacio de reflexión de la Parroquia de los Santos Ángeles Custodios, que invita a realizar una pausa diaria en nuestras actividades cotidianas para dedicarlas a la oración del Evangelio, a través de la meditación y reflexión de la hermana Ángela Cabrera, Discípula Misionera por la Santidad.
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