MEDITACIÓN DE LAS LECTURAS: 13/7/25

COMPORTARSE COMO PRÓJIMO

Este XV Domingo del Tiempo Ordinario, el conjunto de las lecturas nos invita a comportarnos como prójimo. Partiendo del evangelio, un doctor de la Ley, preguntó a Jesús: “¿Qué tengo que hacer para heredar la vida eterna?”; en otras palabras: ¿Qué hacer para entrar al cielo?, ¿Qué hacer para vivir en santidad? ¿Qué hacer para que mi vida tenga sentido?, etc. El Señor remitió a lo que el mismo doctor sabía, basado en la Ley.

El experto doctor respondió, apoyándose en sus conocimientos. Le hizo referencia al mandamiento del amor a Dios y al prójimo… El Señor aprobó la respuesta. El inquieto pensador retomó la cuestión y continuó preguntando a Jesús: “¿quién es mi prójimo?”. A partir de la parábola, intentemos meditar en la enseñanza de Jesús sobre la identidad del prójimo.

La parábola, como punto de partida, habla de un hombre, medio muerto, en el camino. Este hombre, descrito sin nombre, bajaba de Jerusalén a Jericó. Unos ladrones le robaron, lo mal hirieron. Esta referencia se hace en un contexto donde, para la mentalidad judía, el prójimo era “el israelita”, “el vecino”, “el cercano”, “el extranjero en tierra de Israel”. Sin embargo, Jesús dio un nuevo sentido al término. Porque habla, sencillamente, de un hombre. No se hace referencia a su condición social, a su estatus, a su rol, religión, nacionalidad. Sencillamente, es un hombre que no pudo valerse por sí mismo.

Pasó, por allí, un sacerdote. En el contexto, los sacerdotes eran los responsables del culto. Según la Ley, no podían entrar en contacto con sangre cuando iban a los ritos religiosos. Era más custodiada la Ley que la compasión. De ahí que vio y siguió de largo. Tú y yo somos como ese sacerdote, cuando ante el ser humano sufriente no nos detenemos. En las enseñanzas del papa León XIV se advierte que: “la prisa nos impide, muchas veces, tener compasión. Quien piensa que su viaje tiene prioridad, no está dispuesto a detenerse por el otro”.

Pasó, también, un levita. Un levita, en la época, se encargaba de todo lo operativo del templo, la liturgia. Tú y yo, hoy, somos como ese levita, cuando la realidad nos llama, pero lo visto no nos mueve al compromiso; cuando la rigidez mental nos programa para cumplir la agenda, sin contar con imprevistos ni urgencias humanitarias. En este sentido, nos cuestiona el papa León: “¿Seremos capaces de interrumpir nuestro viaje y tener compasión?”.

El punto más sorprendente de la parábola es cuando pasa un samaritano, que se convertirá en ejemplo de “comportarse como prójimo”. Desconcierta la enseñanza en boca de Jesús; solo pudo ser narrada por Él. La parábola dibujaba su corazón. El samaritano pasó junto al hombre herido. Se dejó lastimar el corazón por lo visto. De lejos, el corazón puede endurecerse y ser indiferente, desentendido.

Al acercarse, el samaritano vendó sus heridas. Improvisó curarlo con lo que llevaba, aceite y vino. El amor es así. El papa León nos dice que en este gesto se transforman las preguntas: “¿quién me quiere?” a “¿quién ha querido?”. Se fomenta así, la cultura del cuidado. Porque se involucra, en la parábola, también el dueño del albergue, donde el samaritano hospedó al herido, asumiendo las responsabilidades.

Para santa Catalina de Siena, es necesario socorrer al prójimo en sus necesidades, si no se puede de otro modo, al menos con la voluntad de hacerlo. Pero el auxilio, a su criterio, no se limita solo a lo material, también abarca la asistencia espiritual, con la oración. Para la santa, solo el amor a Jesús garantiza la compasión solidaria con el prójimo. Denuncia la no implicación con el dolor del otro, bajo el pretexto de no perder “la paz”.

Preguntas que llevan al silencio: ¿Sabías que el Deuteronomio te recuerda que la Palabra de Dios está cerca de ti, en tu boca, en tu corazón, para que puedas hacerla vida? ¿Cuál es la diferencia entre “conocer” sobre la Palabra, y vivir lo que se conoce de la Palabra? ¿Cómo entiendes el llamado, que nos hizo el papa Francisco, de ser Iglesia samaritana? ¿Sabías que Jesús te dice hoy, a ejemplo del samaritano: “ve y haz tú lo mismo”?

Señor, dame un corazón samaritano, un corazón capaz de aproximarse, de escuchar, de comprometerse sin excusa. Que la agenda, Señor, no deteriore mi humanidad. Aquí te ofrezco, en este domingo, el aceite de mi oración y el vino del amor que siento por ti. Que pueda amarte más, Señor, con el mismo amor que me das. Así tendré robustecida la voluntad para detenerme y servir al prójimo, en gratitud y en gratuidad.

¡Seamos santos!

Hna. Ángela Cabrera
Discípula Misionera por la Santidad


Hna. Ángela Cabrera.

Discípula Misionera por la Santidad

Espacio de reflexión de la Parroquia de los Santos Ángeles Custodios, que invita a realizar una pausa diaria en nuestras actividades cotidianas para dedicarlas a la oración del Evangelio, a través de la meditación y reflexión de la hermana Ángela Cabrera, Discípula Misionera por la Santidad.

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Publicado por PASTORAL DIGITAL PSAC

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