MEDITACIÓN DE LAS LECTURAS: 14/7/25
(Ex 1,8-14.22;Sal 123; Mt 10,34_11,1)
Lunes 15ª semana de tiempo ordinario
SAN CAMILO
Hoy, lunes, semana 15ª del Tiempo Ordinario, la Iglesia hace memoria de san Camilo de Lelis (1550-1614). Nacido en Italia. Por su infancia, adolescencia y juventud, nadie pensó que su vida se encaminaría por los caminos del Señor con tanta seriedad. Sumergido, ya adulto, en su carrera militar, un día, alguien le dijo a solas: “Dios es todo. Lo demás es nada. Es necesario salvar el alma que no muere”. Estas palabras calaron de tal manera en su corazón, que lo inquietaron profundamente.
Quiso hacerse franciscano, pero no pudo, debido a una llaga en su pierna, por asuntos de su oficio y profesión. Sin embargo, los designios de Dios son auténticos e increíbles. Por esta situación fue ingresado en un hospital romano. Allí, en este “detenerse forzado”, intuyó inspiradamente, sacar provecho de la disciplina militar adquirida, y unirla inseparablemente con la caridad cristiana. Ahondando en la espiritualidad, comenzó a tratar a los enfermos y a los pobres, como si fueran el mismo Jesucristo, en persona. Dicen quienes le conocieron, que de tal manera veía a Cristo en estos rostros vulnerables, que llegó a pedirles su gracia y el perdón de los pecados.
Fundó una congregación religiosa: Ministros de los Enfermos, también conocida como Religiosos Camilos, con cuatro votos: pobreza, obediencia, castidad, y cuidar a los enfermos, en su cuerpo y en su espíritu. El hábito o vestuario de la congregación llevaba una cruz roja en el pecho. No solo por diferenciarse de la Compañía de Jesús, fundada por Ignacio de Loyola; sino que este signo, evoca para esta familia espiritual, que todos sus integrantes están marcados. Son como esclavos y esclavas, vendidos y dedicados al servicio de los enfermos. Están llamados a la muerte. Acoger dicho carisma implica estar disponible para morir en el seguimiento y en el servicio a Cristo.
El evangelio del día, nos presenta las enseñanzas de Jesús para sus discípulos. El fin de las mismas es que los suyos resistan con fe y esperanza en el camino. En cinco pautas se sintetizan lo que busca de cada uno de nosotros:
Primeramente, Jesús busca forjar conciencia de que Él vino a sembrar, no paz, sino guerras. La opción por Jesús también implica combate. Un enfrentamiento que comienza con uno mismo, y con los que están más cerca. Los contrarios pueden estar en la misma casa. No se trata de una “paz” sin conflicto. La mente de Cristo es diferente a la mentalidad del mundo, por eso la división.
La segunda cuestión planteada es: “el que quiera a su padre o a su madre, a su hijo o a su hija, más que a mí no es digno de mí”. El Señor quiere el lugar central en el corazón. Él es el Sol. Los demás amores han de estar orientados hacia Él, girar a su alrededor como si fuesen planetas. El tercer elemento, que coloca Jesús a sus seguidores, es que deben tomar su cruz y seguirle. Esta dimensión de sacrificio permite a la persona alcanzar la dignidad necesaria para seguirle. El sufrimiento por el Señor dignifica la vocación. Cuanto mayor obstáculo, prueba, tentación, dificultad, piedra de tropiezo, se enfrenten, más honradez adquiere el sí para Cristo.
El cuarto desafío que el Señor plantea a sus seguidores y seguidoras es que entreguen toda su vida por Él. Perder la vida por Cristo y perderla por el evangelio es la misma cosa. Nuestra fe cristiana no admite regateo ni entrega por la mitad. Lo exige todo. No se le da una parte del tiempo. El tiempo todo se da para el Señor. Este perder la vida por Cristo es la forma más segura de ganarla para siempre. El quinto elemento habla de recompensa. Este premio divino también se extiende, de alguna manera, a quienes colaboren, hasta con un vaso de agua fresca, para quienes caminen en nombre del Señor.
Preguntas que llevan al silencio: ¿Qué te ha llamado la atención del santo del día, san Camilo? ¿Qué lugar ocupa el Señor en tu corazón? ¿Piensas en el Señor en algún momento, o en todo momento Él está en tu mente y corazón? ¿Quién influye con mayor autoridad en ti? ¿Te estás dejando condicionar, en tu relación con Cristo, por presión familiar o social? ¿Has llevado una vida presa de la apariencia?
¿Tú conoces gente que no opina diferente para no entrar en conflicto o discusión? ¿Cuál sería, en este sentido, una falsa paz? ¿Tú sabías que hay cruces, en la vida, que no tienen ningún mérito ante el Señor? ¿Sabes cuáles son las cruces que uno mismo se inventa y que giran en torno a caprichos o intereses personales? ¿Tú sabías que la cruz con olor a Cristo hace visible el Reino; lleva vida a los demás? ¿Tú estás negociando la entrega para el Señor; le pones condiciones? ¿Qué recompensa esperas del Señor? Santos y santas de Dios, rueguen por nosotros.
¡Seamos santos!
Hna. Ángela Cabrera
Discípula Misionera por la Santidad

Hna. Ángela Cabrera.
Discípula Misionera por la Santidad
Espacio de reflexión de la Parroquia de los Santos Ángeles Custodios, que invita a realizar una pausa diaria en nuestras actividades cotidianas para dedicarlas a la oración del Evangelio, a través de la meditación y reflexión de la hermana Ángela Cabrera, Discípula Misionera por la Santidad.
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