MEDITACIÓN DE LAS LECTURAS: 16/7/25
(Ex 3,1-6.9-12;Sal 102; Mt 11,25-27)
Miércoles 15ª semana de tiempo ordinario
NUESTRA SEÑORA DEL CARMEN
Hoy, miércoles, semana 15ª del Tiempo Ordinario, la Iglesia hace memoria obligatoria de Nuestra Señora del Carmen. La celebración evoca al Monte Carmelo, de Galilea, próximo a Nazaret. La Biblia reconoce la belleza de este lugar, encumbrado, junto al mar, con esplendorosas flores y majestuosos árboles (Is 35,2; Am 9,3; Cantar 7,6). Allí el profeta Elías defendió la pureza de la fe en Dios; también se refugió en una gruta, en momentos de crisis (1Re 18). En la época, los navegantes encontraban en este Monte su puerto seguro. Según la tradición, la Sagrada Familia se detuvo en el lugar cuando regresaba de Egipto.
En el siglo XII, algunos eremitas se retiraron al Monte Carmelo, y fue así como nació una Orden dedicada a la vida contemplativa, bajo la protección de la Virgen María. En adelante, la familia carmelita ve en la Virgen del Carmen el modelo ideal de contemplación; la referencia al profeta Elías también forma parte de esta espiritualidad. “La subida al monte” es una imagen espiritual, un itinerario para cultivar y ejercitar la perfección del alma.
El 16 de julio de 1251 la Virgen se le apareció a San Simón Stock, entonces superior general de los carmelitas. Le entregó el escapulario, una prenda mariana de salvación, enriquecida por numerosas gracias. El papa Benedicto XIII, en el año 1726, estableció la memoria de la Virgen del Carmen para toda la Iglesia. Ella es, a su vez, protectora de marineros y navegantes.
Ha llamado mi atención, como las lecturas de hoy, destacan imágenes espirituales, relacionadas con la vida contemplativa. El Éxodo narra la experiencia de Moisés en el Monte Horeb, contemplando el episodio de la zarza ardiendo sin consumirse. Y es que la tradición bíblica relaciona lugares de montaña con profundas experiencias de Dios.
Desde la zarza, Moisés escucha la voz del Señor que le llama e invita a quitarse las sandalias porque el lugar que pisa es sagrado. Sagrada, a su vez, es nuestra propia experiencia cuando, a pesar de los contratiempos, las miserias, los embates, los vientos contrarios, sentimos la llama viva en el corazón, un fuego santo que no se apaga. Desde este ardor divino, Dios también nos exhorta a reverenciar su presencia, y a afinar el oído para identificar su llamada y la misión que nos asigna. El Señor no nos deja en el monte permanentemente. No hay subida sin bajada. En la llanura de la existencia hay un pueblo que grita, con diversas y modernas maneras de esclavitudes. Quien haya estado en el monte, encontrará palabras necesarias y oportunas para manejarse entre capataces contrarios y defender los intereses de Dios.
El pasaje del evangelio, presenta una solemne alabanza de Jesús para el Padre; le llama “Señor del cielo y la tierra”. Esto denota su dimensión contemplativa. En una visión de conjunto a la naturaleza, se detiene ante la grandiosidad de que el Padre se ha mostrado o revelado a las personas sencillas y humildes. A los limpios de corazón ha llegado el rostro de Dios.
La vida contemplativa es una vocación, a la que todos y todas estamos llamados. Es el mismo Dios, Padre dador de gracias, quien se revela, se manifiesta, se da a conocer. La actitud permanente del Padre es salir de sí y comunicarse. Para entrar en su dinámica, en su lenguaje, es necesario, a criterio de Jesús, tener un corazón sin pretensiones, vacío de sí. Quien se llena de sí mismo no da lugar a que lo llene el Señor. Por eso, muchas personas ven, pero no todas contemplan.
Preguntas que llevan al silencio: ¿Dónde está tu “monte”, dónde está tu centro; dónde está tu lugar de encuentro profundo con el Señor? ¿Sabías que en tu corazón hay un monte esperando por ti? ¿Cada qué tiempo escalas a este monte en el interior de tu corazón? ¿Tú tienes experiencia de soledad, de silencio? ¿Sabías que el fin del silencio cristiano es escuchar la voz del Señor? ¿Eres consciente de que escuchar es obedecer?¿Tú sabías que la hermosura de la creación ha de llevarnos hasta el Creador? ¿Sabías que “descalzarse”, no ha de entenderse literalmente; es como una actitud de vida, vinculada a la reverencia, al respeto, la humildad, al reconocimiento del otro? ¿Consideras tu corazón sencillo? ¿Te has sorprendido alguna vez con altanería, con vanidad, creyendo que sabes mucho? ¿Cómo están tus pupilas de fe para captar las huellas de Dios que se revela? ¿Tú descubres el rostro de Dios en la naturaleza, en los más pobres y sufrientes? ¿Tú experimentas la protección maternal y espiritual de la Virgen María? ¿Llevas contigo algo que recuerde la presencia y la amistad mariana? ¿Cuántas veces al día pronuncias el nombre de María, el nombre de Jesús? ¿Te has soñado alguna vez con la Madre de Jesús?
Nuestra Señora del Carmen, ruega por nosotros.
¡Seamos santos!
Hna. Ángela Cabrera
Discípula Misionera por la Santidad

Hna. Ángela Cabrera.
Discípula Misionera por la Santidad
Espacio de reflexión de la Parroquia de los Santos Ángeles Custodios, que invita a realizar una pausa diaria en nuestras actividades cotidianas para dedicarlas a la oración del Evangelio, a través de la meditación y reflexión de la hermana Ángela Cabrera, Discípula Misionera por la Santidad.
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