MEDITACIÓN DE LAS LECTURAS: 17/7/25

Hoy, jueves eucarístico, semana 15ª del Tiempo Ordinario, las palabras de Jesús tocan nuestros corazones al decir: “Vengan a mí todos los que están cansados y agobiados, y yo los aliviaré”. El plural que emplea, “vengan”, es integrador y comunitario. Exige de nosotros disposición para hacer un camino; no se pone el acento tanto en el trayecto geográfico, sino en el itinerario espiritual: “vengan mediante la fe”, “con decisión”, “y convencimiento”.

El Señor no llama para reprochar, ni para cuestionar la pérdida de tiempo, sino porque quiere nuestro bien, nuestra santidad; la que está en Él y no en otra parte. Este movimiento espiritual implica, por un lado, el reconocimiento de las debilidades personales, y por otro, la aceptación de su gracia transformadora.

En el contexto, donde el Señor se pronuncia, las personas están cansadas y fatigadas por cumplir normas religiosas; están sometidas a leyes, a una rutina de vida que no daba nada de sí. El cansancio se gesta en un esfuerzo divorciado de la alegría y la paz. Es un hacer por hacer, que lastima hasta el cuerpo, restándole fuerzas y debilitándolo. El cansancio y el agobio, además de estar causados por una cultura religiosa vacía, también pueden estar provocados por el trabajo explotador, que no ofrece reposo ni beneficios gratificantes a quienes lo realizan.

La cantidad de cosas a que la gente se somete o está subyugada genera tensión, así como los asuntos pendientes, que pueden llevar a la ansiedad, a la desesperación, al estrés. Cansancio y agobio son una mezcla dañina y perjudicial; son un atentado contra la espiritualidad. En ocasiones, usted pudiera pensar que Dios le ha dejado solo y entrar en una crisis de fe. Pero Dios no se ha ido; sencillamente, usted está cansado, cansada, estado que anestesia la sensibilidad espiritual.

El papa Francisco nos llegó a hablar de tres cansancios: dos de ellos malos. 1) Dar vueltas y vueltas a nuestro ombligo. 2) Gastar el tiempo en luchar contra los demás. El tercer cansancio, él lo llama: “cansancio alegre”, es aquel generado por el Evangelio; como bien dice el canto: “mi cansancio que a otros descanse”.

La llamada de Jesús, hoy, apunta hacia la intimidad de su corazón, que es casa de acogida. De su costado abierto mana sangre y agua para curar la anemia espiritual y la sed de Dios. Es la fuente inagotable que quiere ser bebida. Él sabe por qué invita. Invita porque tiene lo que necesitamos. Le sobra lo que nos hace falta.

En su infinita misericordia el Señor descubre, con dolor, que mucha gente está llevando el “yugo” errado, el falso, el inútil. Aquel yugo que no glorifica a Dios, que no revela su obra salvífica, ni le convoca sus hijos e hijas. El yugo verdadero es todo lo que está unido al Evangelio; lo demás son cargas adicionales, algunas veces inventadas, fabricadas o recogidas, que no llevan a ningún puerto seguro.

“Aprendan de mí”, dice Jesús. Es una expresión que invita a inscribirse en la “escuela de su corazón”. Dar el paso supone “desear hacerlo”. Desde allí se aprende a vivir como Él vivió. Con razón recita la súplica: “Sagrado corazón de Jesús: haz mi corazón semejante al tuyo”. En esta escuela se ejercitan las virtudes, especialmente, la mansedumbre y la humildad. Cuando la persona aprende del corazón de Jesús la mansedumbre y la humildad comienza a respirar descanso.

Atravesar el mar de la vida, a fuerza de brazo, es agotador. Cuando permitimos a Cristo llevar el timón, los resultados son fecundos y favorables. El Señor Jesús nos está ofreciendo la suavidad y la ligereza que Él ha vivido con su Padre; consciente que no existe verdadera alegría sin integrar su cruz.

Preguntas que llevan al silencio: Cuando Jesús te mira, ¿con qué cansancio y agobio te encuentra? ¿Por qué te cansas? ¿Qué “peso” te está sobrando? ¿Has acudido a fuentes equivocadas en busca de “descanso”? ¿Has caído en trampas que te hunden en más fatigas inútiles? ¿Tú sabías que lo que realmente cansa es tener el corazón desenfocado, disperso, distraído? ¿Cómo acoger la invitación de Jesús y hacer de Él la fuente de tu descanso? ¿Te consideras una persona mansa? ¿Cómo reaccionas cuando te han agredido? ¿Tu nivel de humildad te permite aprender, no solo de Jesús, sino de los hermanos?

¿Qué estás esperando para dejar a los pies del Señor tus cansancios y agobios? ¿Puede haber alguna cosa más ligera que unirse a la cruz de Cristo? ¿Tú estás como Jesús, liberando a los demás de esclavitudes, o estás generándoles cansancios y agobios innecesarios? ¿Tú sabías que cuando Jesús dice: “vengan a mí”, lo puedes encontrar en: el evangelio, la Eucaristía, en los hermanos de presencia consoladora, en tu propio corazón..? Santos y santas de Dios, rueguen por nosotros.

¡Seamos santos!

Hna. Ángela Cabrera
Discípula Misionera por la Santidad


Hna. Ángela Cabrera.

Discípula Misionera por la Santidad

Espacio de reflexión de la Parroquia de los Santos Ángeles Custodios, que invita a realizar una pausa diaria en nuestras actividades cotidianas para dedicarlas a la oración del Evangelio, a través de la meditación y reflexión de la hermana Ángela Cabrera, Discípula Misionera por la Santidad.

Contenido publicado originalmente en los canales de las Parroquia De Los Santos Ángeles Custodios, PSAC, por la Pastoral Digital, bajo en link: http://www.parroquiaangelescustodios.org – Puede copiar esta información en su Blog citando siempre la la referencia a esta fuente consultada. Para compartir en sus redes sociales, utilice los botones compartir. Conozca términos legales – Pastoral Digital PSAC

 

Publicado por PASTORAL DIGITAL PSAC

La Pastoral Digital PSAC es una acción programada y orgánica de nuestra parroquia De los Santos Ángeles Custodios, que tiene como finalidad contribuir a su misión evangelizadora a través de los medios digitales.

Deja un comentario