MEDITACIÓN DE LAS LECTURAS: 18/7/25

Hoy, viernes, semana 15ª del Tiempo Ordinario, el evangelio nos muestra la escuela de la misericordia, en un contexto determinado: estaba Jesús con sus discípulos atravesando un terreno. Los discípulos, y no Jesús, tenían hambre; entraron y empezaron a arrancar espigas y a comérsela. La acción que realizan, de entrar y comer, estaba fundamentada en la cultura religiosa judía. Dice el Deuteronomio: “Si pasas por la viña de tu prójimo, puedes comer… hasta saciarte, pero no la eches en un canasto” (Dt 23,25). En este sentido, no estaban robando. Sencillamente se alimentaban, por necesidad.

La controversia estuvo causada porque el día en que arrancaban las espigas era sábado. “Arrancar espigas”, en el contexto, sería una acción semejante a “cosechar”, actividad prohibida por ser día de descanso (Ex 34,21). Los fariseos, aferrados a la Ley, no asimilaban otra cosa, y por eso cuestionaron a Jesús: “Tus discípulos están haciendo una cosa que no está permitida en sábado”.

Como respuesta, Jesús retomó dos ejemplos de la misma Ley, conocidos y dominados por ellos: remitió cómo David y sus hombres, al sentir hambre, comieron los panes sagrados. Les recordó, a su vez, que los sacerdotes podían quebrantar el sábado, en el templo, sin caer en culpa; y que Él era más que el templo.

Conforme al pensamiento de Santa Catalina de Siena, los judíos y ministros de la Ley, estaban cegados por la envidia y el amor propio; por ello no reconocieron la verdad de Jesús, ni reconocieron la vida eterna que se hallaba entre ellos. No fueron capaces de contemplar el Reino sucediendo ante sus ojos. Les faltaba la luz. Como ciegos, cometieron la injusticia, de perseguir al Señor con muchos oprobios, hasta la muerte en la cruz. En este empeño obraron contra el Señor, contra ellos mismos y contra el prójimo.

Como deseo profundo, el Señor expresó a los fariseos: “Si comprendieran lo que significa: -Quiero misericordia y no sacrificio-, no condenarían a los que no tienen culpa”. Jesús, con la expresión, se situó como abogado defensor de sus amigos. Ellos entraron al terreno, y arrancaron espigas, habiendo asimilado las nuevas enseñanzas de Jesús. La comunidad de los Doce había madurado. Había comprendido, en la escuela de la misericordia, que la compasión, por la humanidad, antecede las normas escritas. Porque conforme argumenta el Señor, para sintetizar su postura: “El Hijo del hombre es Señor del sábado”. “Templo” y “sábado” han sido superados y perfeccionados en la persona de Jesús.

Estos acontecimientos pueden leerse en clave espiritual. El Señor, a nosotros, sus servidores y servidoras, nos acompaña en el camino. Él es testigo del hambre que cargamos y no nos deja languidecer en nuestras propias carencias. De hecho, el mismo Espíritu Santo provoca en nosotros, lo que Santa Catalina llama: “hambre del santo deseo”. Esto es: hambre de Dios, de su santidad, de amor, de justicia. El Señor nos da el alimento de vida, la santa Eucaristía. También providencia, en su infinita misericordia, el pan nuestro de cada día, con su gracia y nuestro trabajo.

Con razón ora el salmista preguntándose: “¿Cómo le pagaré al Señor todo el bien que me ha hecho?”; es la expresión de quien tiene memoria y quiere corresponder con gratitud. Desde antiguo, como lo testimonia la lectura del Éxodo, el Señor está atento al alimento para sostener a su pueblo. No hay fiesta sin comida. De hecho, se recomienda no hablar de Dios a una persona con hambre, porque no entenderá nada. En este caso, es comiendo y conversando sobre Dios donde la gente cree y se convierte, a base del testimonio.

Preguntas que llevan al silencio: ¿Tú tienes memoria de la misericordia de Dios en tu vida? ¿En qué sentido el Señor ha tenido misericordia de ti? ¿Cómo tú vives la misericordia contigo, con los demás, con la creación? ¿Tú compartes con los demás “las frutas” de tu terreno? ¿Qué compromiso asumes ante el hambre de los pobres que están cerca de ti? ¿Alguna vez has echado comida en el zafacón? ¿Tú eres de las personas que dejas comida en el plato, porque te sirves más de la que puedes consumir? ¿Tú sabías que hay personas en el mundo que desearían ardientemente lo que se deja en un plato? ¿Tú agradeces a Dios la providencia?

¿Tú tienes animales cerca con quienes compartir los alimentos? ¿Tú has experimentado la tristeza de comer solo, sola? ¿Tú sabías que la comida tiene un sentido espiritual muy importante? ¿Y cómo está tu hambre de Jesús, tu hambre de Dios, tu hambre de Espíritu Santo? ¿Has sentido hambre y sed de justicia, de misericordia?¿Tú sabías que el Señor tiene hambre de tu amor? ¿Qué sucede cuando ambas hambres se encuentran, la tuya y la de Él? ¿Qué significa, para ti, la expresión: “misericordia quiero y no sacrificio”? Santos y santas de Dios, rueguen por nosotros.

¡Seamos santos!

Hna. Ángela Cabrera
Discípula Misionera por la Santidad


Hna. Ángela Cabrera.

Discípula Misionera por la Santidad

Espacio de reflexión de la Parroquia de los Santos Ángeles Custodios, que invita a realizar una pausa diaria en nuestras actividades cotidianas para dedicarlas a la oración del Evangelio, a través de la meditación y reflexión de la hermana Ángela Cabrera, Discípula Misionera por la Santidad.

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Publicado por PASTORAL DIGITAL PSAC

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