MEDITACIÓN DE LAS LECTURAS: 20/7/25
(Gn 18,1-10ª; Sal 14; Col 1,24-28; Lc 10,38-42)
XVI Domingo Tiempo Ordinario
EL VALOR DE LA HOSPITALIDAD
El pasado domingo tuvimos la atención sobre el relato del Buen Samaritano, donde reflexionamos en torno al amor al prójimo. Este domingo, XVI del Tiempo Ordinario, el evangelio realza el mandamiento principal “amar a Dios sobre todas las cosas”, a partir del pasaje de Marta y María. El amor se traduce en acciones concretas, que llevan alivio y consuelo a los demás. El conjunto de las lecturas, nos hace meditar que el amor también se demuestra en el valor de la hospitalidad.
En la primera lectura, tomada del Génesis, nos fundamenta por qué Abrahán es considerado, en la tradición bíblica, modelo de hospitalidad. Estando sentado a la puerta de su tienda, la presencia de Dios se le muestra en forma de tres hombres que llegan hasta él. Cuando les ve, no les pregunta quiénes son; no se asusta porque sean desconocidos. Abrahán solo sabe que están en zona desértica, que el hambre, la sed y el cansancio amenazan sus vidas. Simplemente corre, sale a su encuentro, y humildemente les pide que no pasen de largo, que se detengan, para servirles y aliviarles la fatiga.
Abrahán, para hospedar, involucra a todos los de su casa: tanto a la esposa Sara como a los criados. En poco tiempo, con diligencia y prontitud, los peregrinos tenían los pies lavados, y los alimentos frescos disponibles para comer, bajo la sombra de un árbol. Mientras ellos se alimentaban, Abrahán se mantuvo de pie. Actitud que muestra disponibilidad para el movimiento, para providenciar cualquier detalle que hiciera falta. Custodiaba el bienestar de sus huéspedes.
Sin saber a quién estaba hospedando, Abrahán recibió la confirmación de la bendición prometida. Su esposa iba a concebir un hijo. En cada acogida, en cada hospitalidad que tú y yo ofrecemos, también recibimos la bendición de Dios. Acoger al necesitado es acoger al mismo Señor.
En el evangelio del día, son dos mujeres, hermanas, quienes reciben al Señor Jesús. Un detalle importante se encuentra en el punto de partida del relato. Dice: “Cuando iban de camino, Jesús entró en un pueblo, y una mujer llamada Marta lo recibió en su casa”. Con un “iban”, en plural; y un “entró”, en singular, se deduce que el Señor caminaba con sus discípulos. Pero, para entrar en casa de las hermanas, lo hizo solo. Esto podría indicar el poco tiempo disponible, la prontitud de su estancia, la prudencia del Maestro.
La hermana de Marta, María, parece inaugurar una nueva manera de vivir el don y el valor de la hospitalidad. Marta, siguiendo la forma clásica, de servicio, y diligencia en torno al que llega, se escandalizó. Reclamó, no solo a su hermana, sino al mismo Señor: “¿No te importa que mi hermana me haya dejado sola en el servicio?”. La menor optó por permanecer, no afanando, sino echada a los pies del Señor. Él era el árbol de la sabiduría. Estaba María inactiva por fuera, pero en movimiento por dentro. Su corazón hervía incesantemente ante la Palabra que le enseñaba Jesús.
El Señor respondió a la mayor: “Marta, Marta, andas inquieta y nerviosa con tantas cosas; solo una es necesaria. María ha escogido la mejor parte, y no se la quitarán”. La mejor parte es hospedar a Jesús en el corazón. Y ahí, con tan digno huésped, dejar que sean todos los sentidos que se pongan en movimiento en torno a Él. Entre lo bueno, es preciso escoger lo mejor, cuando el tiempo apremia y es necesario elegir.
El Salmo de este domingo recuerda que hay criterios para que el Señor se hospede en el corazón. En algunos lugares solo visita, en otros, se queda para siempre. Por eso pregunta el orante: “Señor: ¿quién puede hospedarse en tu tienda?”; el mismo texto ofrece los criterios: quien vive la honradez, la justicia, pureza de intención, renunciando a la corrupción y a la práctica del mal.
La Conferencia del Episcopado Dominicano se pronunció, en este sentido, ante la compleja situación migratoria que vivimos como país. Sostiene que los esfuerzos de acogida al extranjero procedente de Haití, quedan empañados ante las inhumanas prácticas de redadas realizadas, principalmente desde las salas médicas, convertidas en puntos de control migratorio.
Preguntas que llevan al silencio: ¿Cuáles agitaciones, inquietudes, nervios, preocupaciones, te hacen olvidar “la mejor parte”? ¿Quién, en este domingo, ha escogido la mejor parte? ¿No será cada uno de los presentes, en la asamblea eucarística, que ha sabido escoger la mejor parte? ¿Tú has sentido el cuerpo pesado para pararte y servir a quien llega a tu casa? ¿Cómo estás tratando, considerando, al extranjero pobre y vulnerable que encuentras? Cuando alguien llega a tu casa: ¿sales a recibirlo y, cuando se marcha, vas hasta la puerta a despedirlo? ¿Qué experiencia queda en la persona luego de visitarte? ¿Tu vida es casa de acogida para que Jesús se hospede? ¿Cómo está tu casa interior? ¿Tú sabes qué significa andar por casa ajena sin necesidad? Cuando Jesús llega a tu vida, ¿se encuentra contigo? ¿Tu presencia se torna bendición allí donde llegas? ¿Cómo están las puertas de tu casa y cómo están las puertas de tu corazón? Santos y santas de Dios, rueguen por nosotros.
¡Seamos santos!
Hna. Ángela Cabrera
Discípula Misionera por la Santidad

Hna. Ángela Cabrera.
Discípula Misionera por la Santidad
Espacio de reflexión de la Parroquia de los Santos Ángeles Custodios, que invita a realizar una pausa diaria en nuestras actividades cotidianas para dedicarlas a la oración del Evangelio, a través de la meditación y reflexión de la hermana Ángela Cabrera, Discípula Misionera por la Santidad.
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