MEDITACIÓN DE LAS LECTURAS: 21/7/25

Hoy, lunes, semana 16ª del Tiempo Ordinario, la Iglesia hace memoria de san Lorenzo de Brindis, presbítero y doctor de la Iglesia. Siempre que tenemos la oportunidad de acercarnos a un santo y conocerlo un poco más, ha de quedar en nosotros la inquietud de nuestro propio llamado a la santidad. Los santos y las santas testimonian que una vida sin malicia, en gracia, es posible. Para cada estado de vida, la Iglesia nos presenta modelos de santidad. Cada uno tiene características únicas, conforme a su identidad personal, pero les distingue la decisión de vivir unido al Señor y de hacer su voluntad. ¿Qué aprendemos de San Lorenzo?

San Lorenzo de Brindis, nace en Italia en 1559; fallece en Lisboa en 1619. Su nombre de Bautismo fue: Giulio Cesare Rossi. De pequeño, sus padres lo describen como un ser angelical. Quedó huérfano de padre a los 7 años. Su madre, en un primer momento, lo confió a los cuidados de los frailes capuchinos. En su tierna infancia desarrolló un amor especial por las cosas de Dios, hasta el punto de imitar a los frailes predicando. La gracia que transmitía hizo que le abrieran un espacio para su predicación. Un día, invitaron al obispo para que lo escuchara, y este, escondido, se conmovió con sus sabios sermones infantiles.

Posteriormente, con su madre, se trasladó a Venecia. Allí se encontró nuevamente con frailes. Entró a la Orden franciscana con 17 años. Cuando el superior le mostró su celda austera, el joven le respondió: “Padre, me parece que nada me será difícil si puedo tener en la celda un crucifijo”. Fue ordenado sacerdote a los 24 años. Durante sus estudios se destacó con eminentes cualidades intelectuales.

Lorenzo aprendió con facilidad lenguas antiguas y modernas: además de su idioma materno, italiano, hablaba latín, francés, alemán, griego, siríaco y hebreo; manejaba el arameo y el caldeo. Con estas dotes, tenía acceso a las investigaciones y al conocimiento. Conocía de memoria y a profundidad la Biblia. Incluso, dominaba la literatura rabínica, siendo respetado en el mundo ecuménico.

En su Congregación ocupó todos los cargos, desde el más pequeño hasta ser Ministro General. Por su perfil y su autoridad moral, espiritual, humana, la Santa Sede le asignó tareas diplomáticas para fomentar la unidad y la paz en pueblos y países en conflicto. Fue un hombre de intensa actividad apostólica y, al mismo tiempo, itinerante y constante en la predicación. Todo esto se debió, conforme a los argumentos de Benedicto XVI, al cuidado de su vida interior. Dios era su prioridad. Sin quebrantar la vida de oración, pudo mantener el silencio necesario para que, incluso las personas más sencillas, disfrutaran de sus sabias predicaciones. Las fundamentaba siempre en la Sagrada Escritura y en los Santos Padres de la Iglesia.

Lorenzo falleció mientras cumplía sus tareas eclesiales. León XIII lo canonizó en 1881. Juan XXIII lo nombró Doctor de la Iglesia en 1959. Aportó con su luz a comprender los misterios de la fe, mediante comentarios bíblicos, de teología, y escritos sobre la Virgen María, de quien era fiel devoto. Entre sus frases destacamos la siguiente: “La Palabra de Dios es luz para la inteligencia, fuego para la voluntad, para que el hombre pueda conocer y amar a Dios… La Palabra es martillo contra la dura obstinación del corazón… es una espada que mata todo pecado.”

Las lecturas del día, comenzando por la del Éxodo, nos hacen meditar que la santidad comienza acogiendo la libertad en la que Dios nos quiere. El Señor nos quiere libres de esclavitudes, antiguas y modernas. De la misma manera en que sacó al pueblo de Israel del poder opresor de los egipcios, así nos quiere hacer peregrinar a la tierra prometida, que es su Hijo Jesús. El evangelio, por su parte, presenta la confrontación de Jesús a las generaciones de todos los tiempos. Las cuestiona por la insensibilidad de captar los signos de Dios sucediendo en su entorno. El Señor realza el ejemplo y la actitud de los ninivitas, que pudieron convertirse ante la predicación de Jonás. Valora también la actitud de la reina del Sur, que pudo movilizarse para escuchar a Salomón. El problema penoso de las generaciones, a partir de Cristo, es que cuentan con alguien mayor que Jonás y que Salomón, y el corazón, en muchos casos, no se sensibiliza.

Preguntas que llevan al silencio: ¿Tú crees que la vida de un santo se puede convertir en influencer de nuestro tiempo? ¿Crees que es posible tomarse a Jesús en serio? ¿Cuáles esclavitudes identificas que te bloquean el itinerario de santidad? ¿Por qué contemplar un crucifijo quita el miedo al sufrimiento? ¿Por qué un crucifijo es escuela de silencio, de humildad, de obediencia? ¿Tú crees que es posible ser superdotado y humilde a la vez? ¿Tú crees que es necesario ser superdotado para ser santo? ¿Te das cuenta que en cada perfil humano hay un modelo de santidad? ¿Tú sabías que Santa Catalina de Siena no sabía de letra, pero es reconocida como doctora de la Iglesia? ¿Qué estás esperando para vivir la aventura más extraordinaria de toda la historia, la aventura del camino a la santidad? Santos y santas de Dios, rueguen por nosotros.

¡Seamos santos!

Hna. Ángela Cabrera
Discípula Misionera por la Santidad


Hna. Ángela Cabrera.

Discípula Misionera por la Santidad

Espacio de reflexión de la Parroquia de los Santos Ángeles Custodios, que invita a realizar una pausa diaria en nuestras actividades cotidianas para dedicarlas a la oración del Evangelio, a través de la meditación y reflexión de la hermana Ángela Cabrera, Discípula Misionera por la Santidad.

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Publicado por PASTORAL DIGITAL PSAC

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