MEDITACIÓN DE LAS LECTURAS: 22/7/25

Hoy, martes, semana 16ª del Tiempo Ordinario, la Iglesia celebra la fiesta de María Magdalena. Dicha celebración fue instituida por el papa Francisco, justamente en el contexto del Jubileo de la Misericordia en el año 2016. La llamó, “Discípula al servicio de la Iglesia naciente”. Pero ya desde los inicios del cristianismo fue considerada como “apóstola de los apóstoles”. Con el papa san Juan Pablo II, se recuperó su persona, como verdadera y auténtica evangelizadora; siendo fuente de referencia para la dignidad de la mujer.

María Magdalena formó parte de los discípulos que estuvieron, además de los Doce, más cercanos a Jesús. Muchos fundamentos debieron existir para que el Señor la bendijera con tan digna gracia, de ser la primera en contemplar su rostro resucitado. Para el dominico Fray Humberto de Romans, “Después que Magdalena se convirtió… el Señor le concedió tantas gracias, que no hay mujer, después de la bienaventurada Virgen, a quien se le haya mostrado mayor veneración y se la crea con mayor gloria en el cielo”.

Los cuatro evangelistas hacen referencia a María Magdalena. Lucas, la nombra junto a las mujeres que acompañaron al Señor en su misión, de cerca, y le servían con sus bienes (Lc 8,1-3). Mateo, la presenta al momento de la crucifixión, al pie de la cruz (Mt 27,55). Marcos, la registra, fielmente, cuando José de Arimatea da santa sepultura al Señor (Mc 15,47). Juan, la coloca, al día siguiente, de madrugada, retornando al sepulcro, convirtiéndose en la primera testigo de la resurrección (Jn 20,1-18).

Además de la Madre de Jesús, aparecen otras Marías en el Evangelio. María, la madre de Santiago; María, de Cleofás; María, de Betania, hermana de Marta. Con todo, María Magdalena se distingue, porque en ella, el Señor había hecho obras prodigiosas, sanándola, liberándola de siete demonios, dejándola plenamente preparada para transformarse en modelo de amor a Jesús (Lc 8,2).

La primera lectura del día, para iluminar la fiesta, es inspiradamente apropiada, tomada del libro, Cantar de los Cantares. No pudo ser de otra manera. Allí, Magdalena, puede ser figurada como esa mujer que supo de amor, y que buscó a su amado, sin desanimarse, perseverante, hasta encontrarlo. No le importó a la amada el qué dirán, porque su único anhelo era estar con amor. Así concluye el pasaje, en el alcance de su meta y recompensa: “Encontré al amado de mi alma” (Ct 3,4).

El Salmo 62, oportuno, refleja el alma de María Magdalena. Porque, como el orante, buscó al Señor ardientemente, y siempre tuvo sed de su amor. Supo suspirar por Él como tierra reseca, sin agua. El amor del Señor, para ella, valía más que la vida, y consagró todo su ser para alabarlo perpetuamente. Bien se le asignan, a su vez, las palabras del apóstol, en la segunda lectura: “el que vive en Cristo, es una persona nueva”. En el evangelio del día, la maestra Magdalena, enseña a los hombres y a las mujeres de todos los tiempos, la dignidad de las lágrimas. No llora por los amores baratos. Llora por el inmenso deseo de recuperar y encontrar el amor dulce y eterno de su alma. En Magdalena, se nos dice, que llorar de amor por Jesús, y asumir la misión de anunciarlo, es un camino de santidad.

No por casualidad, la Orden de Predicadores, ha escogido a María Magdalena como su santa protectora. El Señor se la mostró a Santa Catalina de Siena, como madre espiritual. Era, para la Doctora de Siena, modelo de entrega total al Señor. La relación de Catalina y Magdalena tenía un significado especial: identificadas en la abstinencia, el amor a Cristo, la contemplación y la predicación. Solía decirle Catalina al director espiritual, Fray Raimundo de Capua: “Una pecadora había sido entregada en calidad de hija a una santa, que antes había pecado, con el fin de que la madre, recordando la fragilidad de la humana naturaleza, y la infinita misericordia de Dios, sintiese mayor compasión por su hija y obtuviese su perdón”.

Preguntas que llevan al silencio: ¿Tú encontraste el amor de tu alma? ¿Todavía lo estás buscando? ¿Ese amor que buscas, con tanto afán, es caduco o eterno? ¿Cómo el amor de María Magdalena, por Jesús, inspira tu amor por Él? ¿Qué lugar tiene el Señor en ti? ¿Tú madrugas por amor a Él? ¿Tú lo buscas con decisión? ¿Eres fiel al Señor en los momentos de sufrimiento, de pruebas y soledad? ¿La pasión por Jesús te hace vencer el miedo, los obstáculos, para encontrarte con Él? ¿Qué causa tienen tus lágrimas? ¿Por qué o por quién estás llorando? ¿Tus lágrimas te hacen madurar en humanidad y espiritualidad? ¿Tus lágrimas nacen de la solidaridad con la humanidad doliente?¿Por qué las lágrimas por Jesús no terminan en frustración ni en depresión? ¿Por qué el llorar por Jesús desemboca en alegría perfecta? ¿Por qué el amor por Jesús no se privatiza, no es exclusivo de una persona? ¿Por qué el evangelio nos enseña a amar en pasión y libertad? ¿Tú andas mendigando amores o ya encontraste el eterno amor de tu alma? Santa María Magdalena, ruega por nosotros.

¡Seamos santos!

Hna. Ángela Cabrera
Discípula Misionera por la Santidad


Hna. Ángela Cabrera.

Discípula Misionera por la Santidad

Espacio de reflexión de la Parroquia de los Santos Ángeles Custodios, que invita a realizar una pausa diaria en nuestras actividades cotidianas para dedicarlas a la oración del Evangelio, a través de la meditación y reflexión de la hermana Ángela Cabrera, Discípula Misionera por la Santidad.

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Publicado por PASTORAL DIGITAL PSAC

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