MEDITACIÓN DE LAS LECTURAS: 23/7/25
(Ex 16,1-5.9-15; Sal 77; Mt 13,1-9)
XVI Miércoles Tiempo Ordinario.
SANTA BRÍGIDA
Hoy, miércoles, semana 16ª del Tiempo Ordinario, la Iglesia celebra la memoria de santa Brígida. Vivió 70 años (1303-1373). Esta santa es inspiración para todos, especialmente para las madres de familia y las viudas. Nació en Suecia. Se casó joven. Su esposo fue un destacado gobernador. Su familia era de alto estatus social, con 8 hijos de esmerada educación. Formaron parte de la hermandad franciscana; fundaron un pequeño hospital. Buscó ser instruida en Sagrada Escritura. Quedó viuda a los 41 años. Ahí comenzó, en esta mujer de fuerte carácter, una nueva etapa de vida.
Brígida, despojándose de todos sus bienes, se instaló en un monasterio cisterciense. Se consolida en ella la opción por una vida austera, de oración constante, marcada por la penitencia y el sacrificio. Una mujer con un pasado noble, pasó a vivir la experiencia de pedir limosna en las puertas de las iglesias. Su centro de fe se afianzó en la Pasión de Cristo y en la Virgen María. Emprendía peregrinaciones de penitencia con un grupo de personas, que ella llamó: “Los amigos de Dios”. Le acompañaba, de cerca, una de sus hijas, que también alcanzó la santidad y fue canonizada. Esta hija hoy es reconocida como “Santa Catalina de Suecia”.
En 1349, Brígida viajó a Roma para obtener la aprobación de una Orden Religiosa, dedicada al Santo Salvador. La Orden, fundada por ella, estaba formada por monjas y monjes. En su nueva etapa de vida, esta santa comenzó a tener revelaciones místicas y profecías. Se trata de secretos celestiales, especialmente relacionados con los sufrimientos de Cristo, donde se comparten detalles importantes de su pasión. Un pequeño trecho de las palabras que sus escritos atribuyen a nuestro Señor, dicen: “Oh, amigos míos, yo amo con tanta ternura a mis ovejas que, si fuera posible, quisiera morir muchas otras veces por cada una de ellas, con la misma muerte que sufrí para la redención de todas”.
Entre las revelaciones hechas a Santa Brígida, también se encuentran oraciones, unidas a las gracias especiales para quienes las recitan. Ella dictó sus inspiraciones a secretarios confesores, quienes las recopilaron en 8 libros. Los contenidos y estilos de los escritos son variados, en su forma literaria.
Brígida murió en Roma. Fue canonizada por el papa Bonifacio IX en 1391. Es reconocida como patrona de Suecia, y copatrona de Europa. La Iglesia, como argumentó san Juan Pablo II, no se ha pronunciado sobre sus revelaciones, pero sí ha acogido la autenticidad global de su experiencia interior. Benedicto XVI, consideró que los dones y carismas, confiados a su persona, han servido, fecundamente, para edificar la Iglesia.
El conjunto de las lecturas bíblicas de este día, como la primera, tomada del Éxodo, nos hacen meditar que para caminar en santidad, es necesario romper con las antiguas “ollas de Egipto”. O sea, es preciso olvidar los ruidos, las antiguas añoranzas, y abrirse a la fe, al camino que solo Dios puede guiar. La vocación a la santidad no es privilegio de unos pocos; es una vocación universal. Hoy también se nos invita a abrir los ojos, las pupilas de la fe, y a dejarnos sorprender por la providencia de Dios, que sale a nuestro encuentro. Ciertamente, tenemos más posibilidades que el antiguo pueblo de Israel para entrar en la tierra prometida. Ellos comieron el pan caduco, en el desierto; nosotros tenemos, en el Señor, el pan de Vida, Jesús Eucaristía.
Como nos hace orar el salmista, abramos los ojos para ver la providencia de Dios. Él nos sigue preparando la mesa, no solo en el desierto de nuestras vidas, sino en la familia, en la Iglesia, en el propio corazón. El Señor hace llover bendiciones sobre nosotros; es necesario quitar el paraguas de la incredulidad, y experimentar la esperanza del cielo. Cada mañana, como argumenta el evangelio, el Señor viene como sembrador honesto y generoso dejando sus semillas, su Palabra, sus enseñanzas. Tú y yo somos responsables de cómo administramos la inversión que Él nos hace. Recordamos, oportunamente, las palabras de san Juan Pablo II: “La santidad comienza con un sí a Dios”.
Preguntas que llevan al silencio: ¿Qué te ha llamado la atención de la vida de Santa Brígida? ¿Por qué, cuando la luz de Cristo entra, las pupilas de la fe se dilatan, aumentan? ¿A esta altura de tu vida, quieres que el Señor te haga nacer de nuevo? ¿Por qué, un serio encuentro con Cristo implica un cambio de mente, corazón y vida? ¿Tú consideras tener la mente de Cristo? ¿Por qué, la santidad, exige de la persona tener su corazón despojado? ¿Tú sientes que estás verdaderamente despojado? ¿Podrías enumerar las cosas que necesitan salir de tu corazón?¿Cómo conservar las gracias que el Señor te regala cada día? ¿Cómo está tu terreno interior? ¿Qué el Señor siembra en ti, cada mañana? ¿Qué estás tú sembrando en los demás? Santa Brígida, ruega por nosotros.
¡Seamos santos!
Hna. Ángela Cabrera
Discípula Misionera por la Santidad

Hna. Ángela Cabrera.
Discípula Misionera por la Santidad
Espacio de reflexión de la Parroquia de los Santos Ángeles Custodios, que invita a realizar una pausa diaria en nuestras actividades cotidianas para dedicarlas a la oración del Evangelio, a través de la meditación y reflexión de la hermana Ángela Cabrera, Discípula Misionera por la Santidad.
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