MEDITACIÓN DE LAS LECTURAS: 25/7/25
(Hch 4,33; 5,12.27-33; 12.2;Sal 66; 2Cor 4,7-15; Mt 20,20-28)
XVI Viernes Tiempo Ordinario.
SANTIAGO APÓSTOL
Hoy, viernes, semana 16ª del Tiempo Ordinario, la Iglesia celebra la fiesta de Santiago apóstol, hijo de Zebedeo, nacido en Betsaida, y hermano del apóstol Juan. Estaba pescando, junto a su hermano y a su padre, cuando recibió la invitación del Señor a seguirle. Lo dejó todo, las redes, el padre, sus pertenencias y sus sentimientos; se embarcó en la mayor locura de amor que hubiese conocido. Desde aquí se va fundamentando la manera del Señor fijarse en los hermanos de sangre para incorporarlos en la hermandad de sus más íntimos seguidores. Santiago pudo ser testigo de los principales milagros obrados por Jesús. Algo veía el Señor en él que mereció tanta confianza en su persona.
Santiago, en la comunidad de los Doce, era apodado “el Mayor”, para diferenciarlo del otro discípulo con su mismo nombre. Pero el Señor también lo identificó como “hijo del trueno”, quizás porque tenía un carácter enérgico; de hecho, cada uno de los discípulos tenía su personalidad y su autenticidad. A partir de ahí, el Señor, Maestro de los maestros, fue modelando pacientemente no sólo el carácter sino el corazón, hasta esculpir el diamante espiritual que cada uno llevaba dentro. Los pasajes van mostrando la paciencia del Señor en el proceso de madurez de los suyos. Santiago tuvo que aprender, como los demás, en qué consistía el verdadero seguimiento de Jesús.
Es lo que se refleja en el evangelio de hoy. Presenta la actuación de la madre de los Zebedeos, pidiendo a Jesús, postrada, que sus dos hijos sean sentados en su Reino, uno a la derecha y otro a la izquierda. Todo parece indicar que los hermanos sedujeron a la madre para el pedido. Cuando el Señor les interpeló preguntado: – “¿Son capaces de beber el cáliz que yo he de beber?”, no fue la madre quien respondió, sino los dos hijos; afirmaron que podían. El Señor, pacientemente, no les rechazó, sino que encausó esas aspiraciones mundanas hacia la pasión y la construcción de su Reino.
En la lectura de los Hechos vemos cómo las pretensiones de grandeza de Santiago fueron sanadas y superadas. Comprendió que la verdadera grandeza era ser humilde servidor y mensajero. La fuerza del Espíritu le sostuvo y con valentía enfrentó las autoridades religiosas de la época que intentaron frenar la fe en Jesucristo. Santiago fue el primer mártir de los apóstoles, pasado a cuchillo por orden del rey Herodes hacia el año 42.
El corazón del apóstol Santiago también se refleja en la Carta de Pablo a los Corintios, cuando afirma que el tesoro del ministerio lo llevan en vasija de barro, para que se vea que una fuerza tan extraordinaria es de Dios y no de la gente. Así él entiende que, aunque les aprietan, no les aplastan (en Cristo está su base); aunque estén apurados, no se desesperan (el Señor les apacienta); y aunque experimentan persecución, no se sienten abandonados (porque el Resucitado está con ellos siempre).
En la actualidad, fundamentado en una leyenda, el sepulcro del apóstol Santiago se encuentra en Compostela (España), y atrae multitudes de peregrinos.
Preguntas que llevan al silencio: ¿Cómo estás viviendo tu seguimiento de Jesús? ¿Así como el apóstol Santiago, dejas que el Señor modele tu vida, tu carácter, tus pretensiones? ¿A quién buscas obedecer, a Dios o a la gente? ¿Estás dando testimonio de Jesús con tu vida? Cuando la gente te mira ¿se recuerda del Señor? ¿Tus palabras, sobre el Evangelio, nacen de la experiencia, del convencimiento? ¿Cuándo las circunstancias se ponen difíciles, cómo permanece tu fe y tu compromiso? ¿Qué te sugiere esta frase: “Creí, por eso hablé”?
Señor, como el salmista, te pido que tengas piedad de mí. Piedad porque no pocas veces he dejado ahogar el fuego del Espíritu, que me quiere cocinar como apóstol, y no lo permito. Cuando contemplo la vida de Santiago siento que no he dado todo lo que me pides. Pero aquí estoy, Señor, te entrego mis miedos, mi cobardía, las pretensiones que me alejan de lo que realmente es tu voluntad.
Dame la humildad necesaria para servirte. Que mis ojos se llenen con tu presencia y mi corazón rebose de tu Palabra. Ilumina mi rostro con el tuyo, Señor, sin que yo lo sepa; que solo pueda centrarme en que la tierra conozca tus caminos. Que todos los pueblos te alaben, Señor. Dame la gracia del martirio cotidiano, que yo pueda morir cada día para que tú seas más conocido, más amado y más obedecido. Santiago apóstol, ruega por todos nosotros, especialmente por las ciudades y las parroquias que llevan tu nombre.
¡Seamos santos!
Hna. Ángela Cabrera
Discípula Misionera por la Santidad

Hna. Ángela Cabrera.
Discípula Misionera por la Santidad
Espacio de reflexión de la Parroquia de los Santos Ángeles Custodios, que invita a realizar una pausa diaria en nuestras actividades cotidianas para dedicarlas a la oración del Evangelio, a través de la meditación y reflexión de la hermana Ángela Cabrera, Discípula Misionera por la Santidad.
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