MEDITACIÓN DE LAS LECTURAS: 28/7/25
(Ex 32,15-24.30-34;Sal 105; Mt 13,31-35)
XVII Domingo Tiempo Ordinario.
EL GRANO DE MOSTAZA Y LA LEVADURA:
ENSEÑANZAS PARA LA VIDA
Hoy, lunes, semana 17ª del Tiempo Ordinario, el evangelio se nos presenta en forma de parábola. Son enseñanzas de Jesús sobre el Reino de Dios; estas facilitan la comprensión de las cosas trascendentes que el Señor quiere revelar. Mateo unifica, en un solo pasaje, las parábolas del “grano de mostaza” y la “levadura”; quizás porque en ambas se observa el crecimiento, desde lo pequeño hacia lo grande. En esta meditación, tú y yo, aprenderemos del grano de “mostaza” y de la “levadura”. A fin de cuentas, el Reino, cuando tenemos fe, comienza naciendo dentro, en el corazón.
¿Qué puedes aprender, para tu vida, del grano de mostaza? Sencillamente, comienza reconociendo tu pequeñez, tu vulnerabilidad humana. Nada, verdaderamente grande, se alcanza sin humildad. El grano almacenado, sin contacto con la tierra, no puede ser fecundo. No tengas reparo de pisar tierra, de enlodarte; es duro ir por la vida con actitud superficial, sin echar raíces, sin discernir ni tomar decisiones desde las verdaderas circunstancias.
Dios ha tenido un plan contigo, hermoso e inspirador. Como “el hombre al grano de mostaza”, Él te toma entre sus manos para plantarte en el terreno de su gracia, misericordia y santidad. Déjate, entonces, plantar con sus manos de Padre. Sal de cualquier comodidad o espacio de confort. El Señor no te quiere escondido en el granero; el grano amontonado se pudre. De la misma manera que el sol calienta el grano en la tierra, así también el Espíritu Santo, con su fuego, te da el calor necesario para tu bien.
Ten claro que alguien espera de ti. El hombre no ha sembrado el grano de mostaza por sembrarlo. No lo hizo sin motivos. Descubre, entonces, el propósito que Dios ha tenido contigo. Es duro andar por la vida sin haber descubierto, concretamente, el sueño del Señor, su voluntad para contigo. Este desconocimiento pone en juego la felicidad perfecta.
Como el grano de mostaza, puedes ser testigo de tu propia transformación. El grano se transforma en el silencio de la tierra, en el misterio de la noche y el día; sin hablar, sin hacer ruidos. Tú también puedes desarrollar una mirada contemplativa sobre tu interior. La persona no solo se desarrolla físicamente, también lo hace humana y espiritualmente. Es una gracia dejarse alfabetizar por el Maestro Interior, el Espíritu Santo, para descifrar los párrafos que narran el proceso de madurez y sus enredos.
Si aprendes del grano de mostaza tomarás amor al crecimiento. Es para mediocres estar estáticos, en el huerto de la vida, cuando todo el entorno es dinámico y emprendedor. Mira como el grano se convirtió en arbusto. Haz tú lo mismo. Pero sin olvidar lo pequeño que fuiste. Recuerda que no crecerás por el capricho de ser grande, sino para que tu vida, tu “grandeza”, sirva de algo para los demás. Porque Aquel que te plantó, siempre será más grande que tú.
El grano, transformado en arbusto, dispuso sus ramas para que los pájaros se aniden en ellas, disfruten su sombra y descansen. Los pájaros, no pesan a las ramas. Contrariamente, las embellecen, las adornan, y con sus cantos, las alegran. Así ocurre cuando tú te donas; cuando eres casa abierta donde los demás reciben acogida y amor. Es muy dulce y bonito cuando las personas quieren estar contigo, porque tu presencia les hace bien, porque inspiras confianza y amistad verdadera.
De igual manera, también puedes aprender de la buena levadura. Esa levadura que una mujer toma y mete en tres medidas de harina hasta que todo fermenta. Si te inspiras en ella, aprenderás a no pasar, por los lugares, por pasar. Observa que la levadura tiene un proceso discreto y humilde. No hace ruidos. Hay que dejarla reposar, no sin antes haberla amasado muy bien.
De igual manera, como la levadura, ni tú ni yo podemos saltarnos las etapas. Todo tiene su tiempo. Abraza la paciencia sin dejar de caminar hacia la meta. La meta es llegar a ser un buen pan. Así es, un pan donado, entregado, con sabor a Cristo, para alimentar a los hambrientos.
Preguntas que llevan al silencio: ¿Tú has pisado tierra? ¿Cómo están tus raíces en la vida? ¿Es posible ser arbusto sin antes ser un grano pequeño? ¿Estás siendo testigo de tu proceso de transformación? ¿Cómo sientes las manos de Dios formándote? ¿Qué el Señor espera de ti al haberte dado la vida? ¿A quiénes estás acogiendo en tus ramas? ¿Estás dando amparo y cobijo a quienes necesitan de tu sombra, de tu calor? ¿Tienes, como la levadura, una presencia fecunda? ¿Te dejas amasar por la experiencia de vida? ¿Tu vida, ayuda a que los demás crezcan? ¿Cómo está tu paciencia? ¿Respetas el ritmo de crecimiento en ti y en los demás? ¿Para quién es el pan de tu vida? ¿Eres tú presencia del Reino?
Señor: quiero ser como ese pequeño grano de mostaza. Dame la humildad y dame el amor. Quiero conservar la memoria de lo que tú has hecho conmigo. Deseo ser casa y cobijo para los demás. Que bajo la sombra de tu misericordia, pueda hablar de tu nombre y favorecer experiencias contigo, a quienes no te conocen. Enséñame, Señor, a ser levadura buena. Que a mis pobres pasos, en tu presencia, germine y se haga visible el Reino de Dios.
¡Seamos santos!
Hna. Ángela Cabrera
Discípula Misionera por la Santidad

Hna. Ángela Cabrera.
Discípula Misionera por la Santidad
Espacio de reflexión de la Parroquia de los Santos Ángeles Custodios, que invita a realizar una pausa diaria en nuestras actividades cotidianas para dedicarlas a la oración del Evangelio, a través de la meditación y reflexión de la hermana Ángela Cabrera, Discípula Misionera por la Santidad.
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