MEDITACIÓN DE LAS LECTURAS: 31/7/25
(Ex 40,16-21.34-38;Sal 83; Mt 13,47-53)
XVII Miércoles Tiempo Ordinario.
SAN IGNACIO DE LOYOLA
Hoy, jueves, semana 17ª del Tiempo Ordinario, la Iglesia hace memoria de san Ignacio de Loyola. Humildemente nos acercamos a su persona para ver cómo nos inspira a realizar nuestro propio camino hacia la santidad. Nació en Loyola, España, en el año 1491. Murió en Roma, en el año 1556. Hasta la edad de 26 años era considerado un cristiano común; incluso dado a las vanidades del mundo. Su vida transcurría entre la corte real y la milicia. Era aficionado a libros de caballerías, y a lecturas con narraciones fantasiosas.
Cuando Ignacio fue herido, en Pamplona, hizo una parada en su camino. Allí, los libros que le llegaron, en su pausa forzada, por providencia, fueron sobre la vida de Cristo y de los santos. Se preguntó: “¿Y si yo hiciera lo mismo que san Francisco y santo Domingo?”. En adelante, en su interior, comenzaron a debatirse los pensamientos vanos con los pensamientos santos. Comenzó a ver la diferencia entre los resultados de unos y otros pensamientos; hasta que los santos conquistaron su ser, optó por ellos, dándole alegría verdadera.
Antes de entregarse al estudio, peregrinó a Tierra Santa. Pero realmente, Ignacio será reconocido como peregrino incansable para descubrir y hacer la voluntad de Dios. Estudió en París. Fue ordenado sacerdote. Se juntó con más compañeros, con los cuales fundó la Compañía de Jesús; hoy conocidos como “jesuitas”. Teniendo como meta el cielo, los pilares de esta Obra, se basan en “amor a Cristo”, “lealtad al Pontífice”, “seguimiento al evangelio”. En su propuesta pastoral une la fe y la cultura, buscando remedio a los males del mundo actual. Oración, discernimiento, atención a los más vulnerables, el estudio, la educación a jóvenes, ejercicios espirituales, son notas que distinguen la presencia de la Compañía de Jesús.
El papa Gregorio XV canoniza a san Ignacio en el año 1622. En el año 1922, Pío XI lo declaró “Celestial Patrono de todos los Ejercicios Espirituales”, por los aportes escritos en esta dimensión. Algunas de sus frases: “Encontrar a Dios en todas las cosas, y a todas las cosas en Dios”; “El examen de conciencia es el mejor medio para cuidar bien el alma”; “Quien evita la tentación evita el pecado”; “En todo amar y servir”; “El amor ha de ponerse más en las obras que en las palabras”; “Todo para mayor gloria de Dios”.
Ahora nos aproximamos a nuestra tarea cotidiana: ¿Cómo las lecturas de este día nos pueden servir, también a nosotros, de itinerario espiritual hacia la santidad? La primera lectura, tomada del Éxodo, nos presenta la persona de Moisés. Ahí se narra cómo él se esmera en hacer un santuario a Dios, siguiendo fielmente las instrucciones señaladas. El pasaje destaca la obediencia como valor central de Moisés, queriendo hacer las cosas como a Dios le agrada.
La obediencia es pilar fundamental para toda persona que aspire a la santidad. Nadie que desee la santidad puede complacer a Dios y al mundo al mismo tiempo. El texto indica la presencia de Dios en ese santuario, ya sea en forma de “nube” o a manera de “fuego”. Hoy también, la vida en santidad exige de nosotros una dimensión contemplativa para descubrir los signos de Dios en las personas, los acontecimientos, la misma creación.
El Salmo 83 indica un complemento para perseverar en el camino de santidad. Dice el orante: “¡Qué deseables son tus moradas, Señor de los ejércitos!”. El salmista nos enseña a educar nuestros deseos, buscando a Dios; anhelando estar con Él. Estimulemos tú y yo, el santo deseo del alma; haciendo que nuestros corazones encuentren en la presencia del Señor su nido.
El evangelio nos habla, en forma de parábola, sobre el Reino de Dios. El Reino y la santidad son compatibles. El Reino de Dios es santidad. La santidad es el adorno de la casa de Dios. Este Reino se compara con una red donde hay todas clases de peces, buenos y malos. Esto habla de la convivencia en sociedad. Uno podría preguntarse si, todavía hoy, tiene sentido vivir la vocación auténticamente. El pasaje dice que para todos, llegará el tiempo en que será recogida la red y arrastrada hasta la orilla. Allí entonces, tú y yo, tomaremos conciencia de si ha valido o no el esfuerzo de ser “buen pez”, “buen cristiano”, “buena cristiana”.
Preguntas que llevan al silencio: ¿Tú sabes leer las páginas que se van escribiendo en tu interior? ¿Sabes identificar los reflejos del mal espíritu y del buen espíritu dentro de ti? ¿Tú sabes qué significa vivir con la conciencia despierta? ¿Qué supone para ti escoger lo bueno? ¿Quién está gobernando tu vida? ¿Alguna situación difícil, te ha traído una bendición? ¿Te atreves a decir como san Ignacio: “Y si yo hago lo mismo que tal santo”? ¿Tú conoces el santo, la santa, del día en que tú naciste? ¿Te gustaría conocer el santo del día de tu nacimiento, hacerte su amigo, su amiga? ¿Tú sabías que hay muchos santos y santas que todavía no son conocidos? ¿Y si hay tanto santos y santas, por qué tú y yo, no nos decidimos a invertir en esta gracia que el Señor nos da?
Oramos con san Ignacio de Loyola: Alma de Cristo, santifícame. Cuerpo de Cristo, sálvame. Sangre de Cristo, embriágame. Agua del costado de Cristo, lávame. Pasión de Cristo, confórtame. ¡Oh, buen Jesús!, óyeme. Dentro de tus llagas, escóndeme. No permitas que me aparte de ti. Del maligno enemigo, defiéndeme. En la hora de mi muerte, llámame. Y mándame ir a Ti. Para que con tus santos te alabe. Por los siglos de los siglos. Amén.
¡Seamos santos!
Hna. Ángela Cabrera
Discípula Misionera por la Santidad

Hna. Ángela Cabrera.
Discípula Misionera por la Santidad
Espacio de reflexión de la Parroquia de los Santos Ángeles Custodios, que invita a realizar una pausa diaria en nuestras actividades cotidianas para dedicarlas a la oración del Evangelio, a través de la meditación y reflexión de la hermana Ángela Cabrera, Discípula Misionera por la Santidad.
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