MEDITACIÓN DE LAS LECTURAS: 1/8/25
(Ecl 1,2; 2,21-23; Sal 89;Col 3,1-5.9-11; Lc 12,13-21)
XVIII Domingo Tiempo Ordinario.
ACTITUD CRISTIANA ANTE LOS BIENES MATERIALES
Este XVIII Domingo del Tiempo Ordinario, el conjunto de las lecturas nos educan sobre la actitud cristiana ante los bienes transitorios de este mundo.
La primera lectura, del libro de Eclesiastés, comienza denunciando “la vanidad”; lo hace una persona sabia, con experiencia de vida, que en su atardecer existencial ya ha adquirido convicciones honestas. Ha constatado que el afán, los esfuerzos, el trabajo, sin sabiduría, transcurre y termina en nada. “La vanidad” y “la nada” se corresponden. Tiene que ver con “vacío”, “caducidad”, “presunción de lo pasajero”…
El Salmo de este domingo, también recuerda al ser humano quién es él, y a quién le pertenece. El orante compara la vida del hombre, de la mujer, tan frágil y pequeña, a una hierba que brota, florece, pero luego se seca y se marchita. Por eso, sabiamente, la persona de sensibilidad espiritual, le pide al Señor que le enseñe a contemplar la verdad de sus años, de su caducidad, para no desperdiciar recursos ni tiempo en vanidades. La persona sabia, busca, en su fondo, no llenarse de chucherías, sino del mismo amor de Dios. Con Dios, y desde Dios, por Dios, todas las cosas adquieren un nuevo sentido y sabor. Se trata de “saber usar las cosas” para un bien común, sin que estas cosas nos usen a nosotros.
El apóstol Pablo, se presenta con palabras proféticas, en la segunda lectura, tomada de la Carta a los Colosenses. Proclama, también en nuestra asamblea litúrgica, que busquemos los bienes del cielo. El secreto está en educar los pensamientos, para mantenerlos asentados en las cosas santas. Se trata de «un morir», antes de morir, para vivir; aunque esto implique “escondernos”, en este mundo, en el mismo Cristo. Por ser discípulos misioneros de Cristo, en el mundo, no estamos inmune a los bombardeos terrenales, que buscan filtrarse en el corazón: lujuria, impureza, pasión desordenada, malos deseos, y avaricia, a la que Pablo compara como una forma de idolatría.
El evangelio nos presenta uno de los conflictos existentes en la sociedad donde vivió Jesús. Como si fueran nuestros tiempos, allí también se le acercó alguien para decirle: “Maestro, dile a mi hermano que comparta conmigo la herencia”. Las palabras expresadas revelaron su interior. ¡Cuántas cosas pudo haber dicho al Señor! Pero salió lo que llevaba dentro. Como cada día, tú y yo, en la oración, dejamos evidente ante el Señor lo que nos habita.
A Jesús, quien vino a revelarnos el acceso al Reino, alguien le solicitó mediar en asunto de herencia familiar. El Señor desenmascaró la demanda como “avaricia”. Por eso advirtió: “¡Cuídense de toda avaricia!”. Este vicio, raíz de todos los males, lleva al deseo desordenado de tener y retener para sí, cada vez más, sea en posesiones o privilegios. La parábola que el Señor narra, busca sanar dicha tendencia. La vida no depende de los bienes. La necedad se refleja en ese personaje, que decidió hacer un granero mayor para amontonar.
“La avaricia”, denunciada por Jesús, es amiga íntima de “la codicia”; es la actitud de acumular y poner todo lo material por encima de los valores espirituales. En la raíz de la codicia está “el miedo” y “la inseguridad”, pues quien vive como si Dios no existiera, tiene que apoyarse en algo. En la parábola, el personaje, hizo planes, sin tener en cuenta la muerte. No era de su conocimiento que antes de empezar el granero nuevo moriría. Este domingo, el Señor pone las bases para que busquemos ser “ricos a los ojos de Dios”.
Preguntas que llevan al silencio: ¿Tú, en esta vida, has amontonado algo?, “¿Y para quién será lo que has amontonado?”, ¿Podrías denunciar, en tu propia vida, signos de vanidad? ¿Por qué te estás afanando? ¿Dejas que tu corazón, por las noches, repose sereno? ¿A cuántos amigos, amigas, has visto partir de este mundo? ¿Le tienes miedo a la muerte? ¿En dónde piensas asegurar tu vida? ¿Qué significa ser rico a los ojos de Dios? ¿Dónde están tus inversiones? ¿Tú estás amontonando tesoros en el cielo? ¿Por qué la avaricia es una forma de idolatría? ¿Consideras necesario aprender a vincularte con los bienes transitorios? ¿Las lecturas de este domingo te inspiran a organizar tu vida según los criterios de Jesús?
Señor, queremos ser ricos a tus ojos. Deseamos acoger la inmensa riqueza que viene de tu santidad. Necesitamos descubrir, en tu misericordia, los bienes del cielo. Pon colirio de gracia a las pupilas de nuestra fe. Señor, que no se vayan nuestros ojos con vanidades transitorias. Sino que podamos identificar lo genuino, duradero y santo. Líbranos de romper y dividir la familia por intereses caducos, que no alimentan el alma. Danos un corazón generoso, Señor, para no tener necesidad de invertir en graneros cada vez mayores. Queremos tener paz y alegría en la abundancia de tu casa, donde siempre hay espacio para un hijo, una hija más. Santos y santas de Dios, rueguen por nosotros.
¡Seamos santos!
Hna. Ángela Cabrera
Discípula Misionera por la Santidad

Hna. Ángela Cabrera.
Discípula Misionera por la Santidad
Espacio de reflexión de la Parroquia de los Santos Ángeles Custodios, que invita a realizar una pausa diaria en nuestras actividades cotidianas para dedicarlas a la oración del Evangelio, a través de la meditación y reflexión de la hermana Ángela Cabrera, Discípula Misionera por la Santidad.
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