MEDITACIÓN DE LAS LECTURAS: 10/8/25
(Sab 18,6-9; Sal 32;Hb 11,1-2.8-19; Lc 12,32-48)
Domingo XIX del Tiempo Ordinario.
SERVICIO, VIGILANCIA Y FIDELIDAD:
3 ACTITUDES PARA ESPERAR AL SEÑOR.
El domingo pasado, las lecturas nos hacían reflexionar sobre la actitud cristiana ante los bienes materiales. Este XIX Domingo del Tiempo Ordinario, nos habla de la actitud ante el Reino prometido por el Padre, que tendrá su plenitud en un final impredecible. Jesús, en el evangelio, nos presenta tres parábolas, apuntando al sentido de esperar en Dios, lo que solo Dios puede dar.
Mientras llegue el Señor con su Reino, una de nuestras actitudes es “el servicio”. Felices seremos tú y yo, si el Señor nos encuentra así, como esos sirvientes de la parábola, en nuestras tareas correspondientes, cuidando los intereses del Señor en su ausencia. Dichosos seremos si nos sorprenden con “los delantales puestos”; es la imagen de quien trabaja para Dios, y lo respeta. No se descuida. No se deja llevar de la pereza. Le pesa más la responsabilidad que el cansancio.
Para santa Catalina de Siena, la felicidad de los bienaventurados consiste en “tener la voluntad llena de aquello que se desea”. Conforme al pasaje del evangelio, los bienaventurados desean al mismo Jesucristo; anhelo que será colmado, como lo demuestra la parábola. A su regreso, Él mismo sentará, y Él mismo servirá, a quienes hayan permanecido en pie, gastando la vida por su Reino.
Otra actitud para esperar al Señor es “la vigilancia”. No se sabe en qué momento o circunstancia Él vendrá. De la misma manera que un dueño de casa no sabe a qué hora llegará el ladrón, la venida del Señor es impredecible. Lo importante es estar preparados. La imagen de “la lámpara encendida” se corresponde con “la fe”; y a su vez, con “la oración”. En la carta a los Hebreos, “la fe es la garantía de los bienes que se esperan”.
“¿Cómo esperar al Señor?”, se preguntó santa Catalina de Siena. El Señor le respondió: “no de manera ociosa, sino en vigilia y oración permanente; no solo en lo corporal, sino en lo espiritual; para que no se cierren los ojos del entendimiento”. Nosotros hemos de esperarlo, como esos buenos sirvientes de la parábola, quienes estaban velando el regreso de su señor, para abrirle la puerta.
La tercera actitud que destacamos este domingo, para esperar al Señor, es “la fidelidad”. Esta se les exige, de manera especial, a los administradores; además de las otras dos actitudes de “servicio” y de “vigilancia”. Estos administradores son quienes están al frente de los servidores; son los responsables de proveer lo necesario para que el personal no desfallezca en las jornadas, y se alcancen los frutos esperados. Son ellos a los que el Señor se refiere cuando dice: “al que se le confió mucho, se le reclamará mucho más”.
El administrador fiel, no busca ser promovido. Busca, sencillamente, no defraudar la confianza depositada en él. Se preocupa, constantemente, en conocer la voluntad del Señor para realizarla. Con todo, asegura el Señor que, a quien sorprendan haciendo las cosas santamente, se le asignan administraciones mayores. Hay serias consecuencias para aquellos que, por descuido, desatienden los intereses del Señor y, en vez asistir al personal de servicio, lo maltratan.
El Salmo 32 recuerda, a todos los administradores, el modo del Señor, para que en Él se inspiren. Dice el orante que los ojos del Señor están fijos sobre sus fieles, sobre los que esperan en su misericordia, para librar sus vidas de la muerte y sustentarlos en tiempos de hambre.
Preguntas que llevan al silencio: ¿Tú estás disponible para servir? ¿Tienes el delantal puesto? ¿Cuáles realidades están de adorno en tu vida e impiden que sirvas como deseas?¿Cuáles son las trampas o las tentaciones del servicio para el Señor? ¿Tú estás sirviendo al Señor o te estás sirviendo del Señor? ¿Tú sirves a los demás o los demás han de servirte a ti? ¿Qué significa estar al servicio de los intereses del Señor? ¿Cómo está tu actitud de vigilancia? ¿Dónde tienes asentado tu corazón, en este momento? ¿Tú recuerdas que donde está tu tesoro allí está tu corazón? ¿Qué tiene que ser vendido, podado, desapegado, de ti, para estar disponible? ¿Vas acumulando alguna cosa transitoria a esta altura de tu vida?
¿Qué entiendes por administrar lo ajeno?¿Cómo estás tratando a las personas que dependen de tus instrucciones? ¿Cómo estás administrando tu tiempo? ¿Cómo estás distribuyendo responsabilidades? ¿Cómo estás caminando junto con los demás? ¿Qué dicen los demás cuando tú no estás presente? ¿Estás obrando conforme a lo que el Señor espera de ti? ¿Tú sabes lo que el Señor espera de ti? ¿Tú estás administrando bien por pureza de corazón, por amor y fidelidad? ¿Tú estás administrando bien porque esperas puestos mayores? ¿Estás preparado para rendir cuentas? Santos y santas de Dios, rueguen por nosotros.
¡Seamos santos!
Hna. Ángela Cabrera
Discípula Misionera por la Santidad

Hna. Ángela Cabrera.
Discípula Misionera por la Santidad
Espacio de reflexión de la Parroquia de los Santos Ángeles Custodios, que invita a realizar una pausa diaria en nuestras actividades cotidianas para dedicarlas a la oración del Evangelio, a través de la meditación y reflexión de la hermana Ángela Cabrera, Discípula Misionera por la Santidad.
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