MEDITACIÓN DE LAS LECTURAS: 12/8/25

Hoy, martes, semana 19ª del Tiempo Ordinario, las lecturas nos iluminan sobre actitudes concretas para madurar en el camino de santidad. El evangelio nos dice que los discípulos preguntaron al Señor: “¿quién es el más grande en el Reino de los Cielos?”. La intervención mostró el imaginario de sus seguidores. A esa altura del seguimiento aún les deslumbraba “lo grandioso”, “lo llamativo”, “lo vistoso”… Sin embargo, el Señor respondió, en un primer momento, mediante una parábola viviente, que les habló sin hablar: “tomó a un niño, y lo puso en medio”.

En la época de Jesús, el niño y la niña eran tenidos como insignificantes; objetos de marginación. En la escala social, eran los últimos. Por debajo de estos pequeños, en la estructura colectiva, solo quedaban los animales. Sin embargo, esos pequeñines confiaban totalmente a sus padres, se refugiaban en ellos, y ahí encontraban su protección y su esperanza; les correspondía, no obstante, obedecer. Cuando Jesús introdujo al niño, los discípulos comenzaron a interpretar el gesto.

En ese contexto, el Señor reafirmó a sus discípulos: “si no vuelven a ser como niños, no entrarán en el Reino de los Cielos”. Nos habla de las actitudes a cultivar, para alcanzar, con el auxilio divino, la santidad requerida, y llegar a ver al Señor, a encontrarse con Él.

En el relato, el niño se dejó conducir por Jesús. Él lo dirigió de la dispersión a la centralidad. La docilidad de dejarse guiar es indispensable en el camino espiritual. “Todo el que se haga pequeño como este niño será el más importante en el Reino de los Cielos”. Ese “hacerse”, “transformarse”, “modelarse”, “convertirse”, “recuperar valores perdidos”, “abrazar la inocencia”, “desear la humildad”, podría ser comparado con el proceso de santificación, conducido por el Espíritu Santo.

El más importante en el Reino, conforme al pensar de Dios, no es el más influyente, el más relevante, el de mayor estatus. El más grande es aquel que, sabiendo su pequeñez, su vulnerabilidad, su insignificancia, se abandona totalmente, en el Señor, cree en Él y hace su voluntad. Desde la lógica de la santidad, el Señor invita a que tengamos una mirada digna sobre todas las personas, sin importar su rol social. Por esto, deja saber que, quien desprecia a alguien, por su aparente insignificancia, está despreciando ver, al mismo tiempo, el rostro de Dios.

Los criterios, desde la óptica espiritual, son distintos a los del mundo. Solo quien se deja conducir por el Espíritu Santo es capaz de “dejar noventa y nueve ovejas en el monte” e “ir en busca de una sola, la perdida”. La capacidad de alegrarse, más por aquella que encuentra, que por todo el corral”, habla de un corazón de niño. No sabe calcular, ni medir, solo sabe, sin malicia, amar y disfrutar con el encuentro.

Esta espiritualidad bíblica es conocida por Santa Teresita del Niño Jesús. En su libro, Historia de un Alma, expresa su deseo profundo de alcanzar la santidad. Al experimentarse demasiada pequeña para subir la dura escalera de la perfección, se anima así misma considerando: “el Señor no puede inspirar deseos irrealizables”. En una época de innovaciones, ella creó “un método” para ir al cielo, recto y muy corto. Lo encontró buscando en la Sagrada Escritura. Acogió la propuesta de Jesús. El Señor atrajo a los niños y las niñas hacia Él. Invitó a que todos fuéramos como estos pequeñitos.

Teresita, entonces, consideró que no necesitaba crecer, ser grande, en sentido espiritual. La única actitud que debía tener era, ser como una niña, una pequeña niña que corría a los brazos de Jesús, para ser acariciada y consolada por Él. Sus brazos, entonces, se convertirían en su ascensor para subir al cielo. El caminito de la santidad, a su criterio, era empequeñecerse cada vez más, y entregarse así a la voluntad divina. Para Benedicto XVI, esta santa, muestra a los cristianos de todos los tiempos, el secreto de la santidad.

Preguntas que llevan al silencio: ¿Qué significa para ti, ser pequeño, pequeña? ¿Tú reconoces tu nada, tu pobreza, tu debilidad, tu humanidad? ¿Alguna vez te has citado a ti mismo, atribuyéndote virtudes, que son dones de Dios? ¿Por cuánto tiempo te desanimas, si cometes errores, si te va mal en alguna realidad? ¿Buscas conocer el camino de la santidad en la Sagrada Escritura? ¿Recuerdas acciones de tu infancia? ¿Tu inocencia, quedó en tu infancia, o se ha mantenido vigente? ¿Tú estás dispuesto a realizar tu caminito de santidad? ¿Tú sabías que cada persona tiene un camino virgen para ir a Dios? ¿Ya estrenaste tu camino, desde tu autenticidad?¿Tú sabes confiar en Dios, abandonarte a Él? ¿Sabes perdonar? ¿Cuánto tiempo dura el resentimiento en ti? ¿En qué ascensor te quieres subir? ¿A qué piso deseas llegar? Santos y santas de Dios, rueguen por nosotros.

¡Seamos santos!

Hna. Ángela Cabrera
Discípula Misionera por la Santidad


Hna. Ángela Cabrera.

Discípula Misionera por la Santidad

Espacio de reflexión de la Parroquia de los Santos Ángeles Custodios, que invita a realizar una pausa diaria en nuestras actividades cotidianas para dedicarlas a la oración del Evangelio, a través de la meditación y reflexión de la hermana Ángela Cabrera, Discípula Misionera por la Santidad.

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Publicado por PASTORAL DIGITAL PSAC

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