MEDITACIÓN DE LAS LECTURAS: 18/8/25

Hoy, lunes, semana 20ª del Tiempo Ordinario, el evangelio nos habla de alguien que se acercó a Jesús. Era un joven. Es en la etapa de la juventud donde la gente, de manera especial, se pregunta, anda en búsqueda, está llena de inquietudes. Ese muchacho estaba bien encaminado. Se acercó a la fuente cierta. Era inteligente, listo, atrevido. Supo a qué iba. Su pregunta estaba consolidada en su interior. En el momento preciso la confió a Jesús: “¿Qué tengo que hacer de bueno para obtener la vida eterna?”.

Quizás, joven, te sientas reflejado en ese personaje del evangelio. Posiblemente te has preguntado por el sentido y el propósito de tu vida. La corriente social te ha empujado a llenarte de cosas que te han dejado sediento y vacío. Una de tus descubiertas más sorprendentes ha podido ser que, a pesar de tantas conquistas, de tantos espacios abiertos, de metas alcanzadas, amores baratos, y aplausos adquiridos, tu corazón se mantiene seco, desnutrido, sin sabor a vida. Esa sequedad del alma es la que hace peregrinar. Porque no te conformas con llevar el interior desnutrido.

Con todo, como al joven del evangelio, el Espíritu Santo te asiste. Invierte en ti. Confía en ti. Tu iniciativa y disposición de ir a la Iglesia viene por el auxilio de la Tercera Persona de la Santísima Trinidad, aunque no lo imagines. Posiblemente estás en la pastoral juvenil, y te has comprometido con obras de caridad. Todas estas cosas, y otras parecidas, pueden ser comparadas con los “mandamientos” que el Señor pide al joven del pasaje. Vas bien, y no puedes desviarte de este fundamento esencial y vital para tu fe. Con todo, no te sentirás pleno, hasta que tu corazón repose en el Señor, y Él, a su vez, tenga su corazón reposando en el tuyo.

Fue así como una segunda pregunta se hizo necesaria. El joven le dijo a Jesús: “¿Qué me falta?”. Te comparto que, en el camino espiritual, en la ruta hacia la santidad, hacia el cielo, siempre nos está faltando algo. En cada trayecto la pregunta se renueva. Porque en el seguimiento de Jesús, las exigencias van aumentando, en la medida que la relación con Él demanda fortalecerse más. Aumentan las exigencias, y aumentan también los gozos y las consolaciones.

Es como dos enamorados que se van conociendo. Inician tratándose, y luego van dando pasos, por etapas, donde cada uno necesita ir respondiendo, identificándose, optando, escogiendo, hasta llegar al matrimonio. También con el Señor, dicen los místicos, podemos llegar al matrimonio espiritual. Pero como los enamorados, no todos llegan al matrimonio; o si llegan, no todos permanecen hasta que la muerte los separe. Hay piedras de tropiezos que interfieren, provocando que la relación, infelizmente, termine. En el caso del seguimiento de Jesús, Él desea que la relación siga, que no se interrumpa, hasta llegar a la unidad perfecta, extendida más allá de la muerte. Él invierte todo de su parte; y espera que tú también lo hagas.

En el pasaje bíblico, el Señor respondió la segunda inquietud del joven. Le mostró la puerta, y le dio la llave; le dejó en libertad, planteándole: “Si quieres llegar hasta el final, vende lo que tienes, da el dinero a los pobres y así tendrás un tesoro en el cielo, y luego vente conmigo”. Hasta ahora todo iba bien. Pero al momento de “vender”, se complicó la cosa. Porque cuando la gente no ha hecho inversiones en el cielo, considera pérdida dejarlo todo por Jesús.

No es fácil silenciar los ruidos. El bombardeo de informaciones, el miedo a ser diferente de los demás. La sociedad ha querido hacer un serio lavado de conciencia, para que la gente acumule tesoros en la tierra. No es sencillo, renunciar al éxito terrenal, borrar del imaginario modelos de influencers, promovidos en las redes, que absorben los “me gusta”, y hacen todo por acaparar la atención. Mientras tanto, las moradas del cielo, libres, desocupadas, esperando que, desde la tierra, hagan dichas inversiones. El joven del pasaje, se fue triste ante la respuesta de Jesús; no consolidó su relación con Él. Hasta ahí llegaron sus pasos. Pero tú y yo, no tenemos que terminar entristecidos. No es de sabios conformarse con las orillas cuando se puede llegar hasta el final.

Preguntas que llevan al silencio: Joven, ¿te sientes orientado, orientada, en la vida? ¿Conoces tu norte? ¿A quién estás haciendo preguntas esenciales sobre tu vida, tu futuro, tu vocación? ¿Conoces las raíces de tu existencia? ¿Tú sabías que puedes conocer más a Jesús leyendo los cuatro evangelistas? ¿Te gustaría hacer una investigación orante sobre cómo Jesús se relaciona con la gente joven? ¿Te gustaría escribir las cosas que Jesús te dice a ti, las que espera de ti? ¿Cuáles son los miedos que te impiden avanzar en tu relación con el Señor? ¿Tú sabías que cuando uno tiene miedo es porque conoce poco a Jesús? ¿Tú sabías que la unión con Jesús desplaza al miedo y atrae la confianza? ¿Tú sabías que el tesoro que tenía Jesús en el cielo era “hacer la voluntad del Padre”? ¿Qué voluntad estás haciendo? ¿Qué te está faltando para tomarte más en serio al Señor? ¿Tú haces preguntas a Jesús? ¿Te has hecho preguntas a ti mismo? ¿Te gustaría hacerte 10 preguntas espirituales, de esas bien serias, como la gente joven sabe hacer? ¿Ya sabes dónde vas a ir a buscar respuestas a dichas preguntas? ¿Te atreverías a ir al Santísimo, con tu cuaderno abierto, un lapicero, e ir llenando esas preguntas, una por día? ¿Tú sabías que necesitarías purificar esas respuestas, ya sea compartiéndolas, en la pastoral juvenil o con un serio acompañante espiritual? Santos y santas de Dios, rueguen por nosotros.

¡Seamos santos!

Hna. Ángela Cabrera
Discípula Misionera por la Santidad


Hna. Ángela Cabrera.

Discípula Misionera por la Santidad

Espacio de reflexión de la Parroquia de los Santos Ángeles Custodios, que invita a realizar una pausa diaria en nuestras actividades cotidianas para dedicarlas a la oración del Evangelio, a través de la meditación y reflexión de la hermana Ángela Cabrera, Discípula Misionera por la Santidad.

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Publicado por PASTORAL DIGITAL PSAC

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