MEDITACIÓN DE LAS LECTURAS: 20/8/25
(Jue 9,6-15; Sal 20; Mt 20,1-16)
Martes XX del Tiempo Ordinario.
SAN BERNARDO
Hoy, miércoles, semana 20ª del Tiempo Ordinario, la Iglesia hace memoria de san Bernardo. Nació en Francia, en el año 1090. A los 22 años de edad ingresó al monasterio cisterciense. Sus padres se habían opuesto a su vocación, pero su ejemplo sedujo a la vida monástica a 4 de sus hermanos mayores, un tío y 31 compañeros. Posteriormente, se sumará el hermano menor, y luego su propio padre. Le fueron asignados dos apodos: “cazador de almas” y “cazador de vocaciones”.
Cuenta la tradición, que las jóvenes se inquietaban cuando sus enamorados hablaban con Bernardo, porque quedaban inspirados a dicho estilo de vida monacal. Luego de hacer sus votos, y debido a su dimensión humana y espiritual, fue enviado a fundar un nuevo monasterio, que será conocido como “Abadía de Claraval”. Este lugar fue considerado como el más influyente, en su siglo, a nivel espiritual. Bernardo terminaría fundando 300 monasterios, habiendo preparado 900 hombres para consagrarse a Cristo.
A pesar de su vida monástica, la Iglesia asignó a Bernardo varias misiones que le llevaron a viajar para restablecer la paz y la unidad. Murió en el año 1153. Dejó, entre tantos legados, obras escritas, y muchos testimonios, pues tenía, en vida, el don de milagros. Fue quien compuso la famosa oración mariana: “Acuérdate”. De hecho, Bernardo ha sido reconocido como el último de los Padres de la Iglesia. Lo canoniza el papa Alejandro III en 1174. El papa Pío VIII lo declaró Doctor de la Iglesia en 1830. Entre sus frases más comunes, destacamos la siguiente: “Cuando discutes o hablas, nada tiene sabor para mí, si no siento resonar el nombre Jesús”.
El conjunto de las lecturas nos introduce en la importancia de dejarnos conducir por el plan de Dios, sin manipular la historia. El libro de los jueces, presenta una parábola, donde se busca un rey entre los árboles, pero termina reinando, no un árbol fecundo como “el olivo”, “la higuera” o “la vid”, sino “la zarza espinosa”. Esta elección recuerda el reinado de Abimelec, que buscó el poder, por encima de todo, sin contar con Dios. Cuando no es la gracia divina que escoge y promueve, sino la propia persona quien se propone e impone, sobrevienen serias consecuencias.
En el Salmo 20, el orante expresa la bendición que recibe la persona cuando es el mismo Dios quien le pone la corona. Un corazón sin pretensiones, recibe el favor del Señor. Quien tiene temor de Dios y gobierna con su auxilio, el Señor no le niega nada de lo que piden sus labios. Le da el discernimiento, la sabiduría, la fortaleza, el éxito y la victoria. Porque al fin de cuentas, lo que busca el gobernante justo no es su propia fama, sino que se implante, en la tierra, la voluntad de Dios.
El evangelio, en este sentido, viene a clarificar más cuál es la lógica del Reino de los Cielos. Dios es ese propietario que sale a buscar jornaleros para su viña. Es el rey que sale de su palacio, no espera a que lleguen. A cada salida, en distintos horarios, entabla acuerdos particulares, con relación al pago de la jornada. La sorpresa llegó al momento de ofrecer el salario. Quienes trabajaron más se dieron por ofendidos. Fueron testigos de los criterios del propietario. Reaccionaron: “Estos últimos han trabajado solo una hora y los has tratado igual que a nosotros, que hemos aguantado el peso del día y el bochorno”. El propietario fue quien apuntó la causa del enojo de esos trabajadores: “¿Es que vas a tener tú envidia porque yo soy bueno?”.
Preguntas que llevan al silencio: ¿Qué te ha parecido la vida de san Bernardo? ¿Sabías que buscar a Dios, amarle, como él lo hizo, es camino de santidad? ¿Por qué la chispa de un santo incendia los corazones fríos? ¿Por qué el testimonio de los santos arrastra? ¿Qué estás buscando en esta vida? ¿Por qué no tiene sentido manipular la historia, llevando la contraria a la voluntad de Dios? ¿Por qué, a quien Dios elige, nada le falta? ¿A dónde estás llevando a las demás personas? ¿Estás llevando a los demás al encuentro con Dios? ¿Te has fijado en la bendición que Dios manda a los demás para compararla con la tuya? ¿Has sido tentado con reclamar a Dios por alguna gracia? ¿Has sentido envidia por alguien? ¿Por qué nace la envidia? ¿Tú sabías que la envidia y andar por “casas ajenas” están relacionados?¿Si te descubres con un sentimiento envidioso qué haces? ¿Tú sabías que la envidia tiene cura? ¿Te gustaría, junto a tu comunidad cristiana, buscar 10 pistas para superar la envidia? Siendo Dios bueno, ¿cómo podemos imitarlo en su bondad?
Hacemos oración con un hermoso pensamiento mariano de san Bernardo, el santo de este día: “No olvides nunca el ejemplo de María. Si la sigues, no puedes desviarte; si la invocas, no puedes desesperar; si piensas en ella, no puedes equivocarte. Si ella te sostiene, no caes. Si ella te protege, no tienes que temer; si ella te guía no te cansas; si ella te es propicia, llegarás a la meta”.
San Bernardo. Ruega por nosotros..
¡Seamos santos!
Hna. Ángela Cabrera
Discípula Misionera por la Santidad

Hna. Ángela Cabrera.
Discípula Misionera por la Santidad
Espacio de reflexión de la Parroquia de los Santos Ángeles Custodios, que invita a realizar una pausa diaria en nuestras actividades cotidianas para dedicarlas a la oración del Evangelio, a través de la meditación y reflexión de la hermana Ángela Cabrera, Discípula Misionera por la Santidad.
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