MEDITACIÓN DE LAS LECTURAS: 3/9/25

Hoy, miércoles, semana 22ª del Tiempo Ordinario, la Iglesia hace memoria obligatoria de san Gregorio Magno. Nació en Roma en el año 540. Estudió derecho. Hizo carrera política. Ejerció las funciones del área. Luego se retiró de la vida pública. Donó sus bienes a los pobres. Se dedicó a la vida monástica. Incluso, su casa paterna fue transformada en un monasterio. Se dedicó a la oración, al estudio de la Sagrada Escritura y de los padres de la Iglesia.

El papa Pelagio II dispuso que Gregorio fuese ordenado diácono. Lo envió como nuncio apostólico a Constantinopla. Allí, siendo monje benedictino, desempeñó tareas diplomáticas. Optó, sin embargo, por seguir viviendo en comunidad, con otros religiosos. Al concluir su misión, regresó a su monasterio en Roma. Con la muerte del papa Pelagio, Gregorio se convirtió en el primer papa monje. No extraña que en la historia de la Iglesia, se le reconozca como el primer pontífice que usó el poder temporal conferido, integrando la dimensión espiritual de dicha tarea.

De hecho, el papa Gregorio dejó evidenciar, en escritos, su combate interior al romper el silencio, el recogimiento que deseaba, para entablar conversaciones necesarias, ante las múltiples ocupaciones. Para él, el ideal moral consistió en la integración armoniosa entre palabra y acción, pensamiento y esfuerzo, oración y dedicación a los propios deberes. Se le reconoció la gracia de hacer vida sus predicaciones y pronunciamientos. La humildad y la sencillez fueron notas que le distinguieron.

Para demostrar que la santidad siempre es posible, dedicó tiempo a recopilar la vida de santos y santas; algunos no canonizados. Acompañaba estas historias con reflexiones espirituales. Hizo significativas reformas en la Iglesia. Caminó con multitudes y rezó con el pueblo. Respondió con esmero a situaciones difíciles de la época. En sus cartas oficiales firmaba como: “Siervo de los siervos”; apelativo conservado por sus sucesores. Con sus numerosas obras y escritos, profundizó en cuestiones sobre la fe. Murió en el año 604. Fue reconocido doctor de la Iglesia.

El evangelista Lucas, sin embargo, nos habla del más humilde de todos; quien ha tomado el último puesto, Jesús. Salió de la sinagoga y entró a la casa de Simón, quien tenía la suegra enferma. Una vez más, se nos presenta la fuerza, la autoridad de su Palabra. Como si fuera a una persona, el Señor le habló con firmeza a la fiebre; esta obedeció, pasó, dejó libre a quien estaba postrada.

La suegra de Simón nos enseña lo que Jesús espera de nosotros cuando Él pasa por nuestras vidas sanándonos y liberándonos, rescatándonos de la postración. Ella, levantándose, se puso a servir a los demás. Todo indica que este testimonio se extendió rápidamente, ya que al atardecer, comenzaron a traerle al Señor otros enfermos, a quienes iba curando. No extraña, en este sentido, que las personas intentaran retenerlo, para que no se les fuese. Pero, el Señor, siguió llevando signos del Reino a otros pueblos.

La Carta de Pablo a los Colosenses, en la primera lectura, recuerda que los cristianos se llamaban, entre sí, “santos”, “santas”. Esto evoca el llamado universal que todos tenemos. El apóstol, junto a Timoteo, valoraron la comunidad porque mantuvieron vivo lo innegociable: “la fe” y “el amor”. La motivación era garantizar el cielo, prometido a quienes perseveren hasta el final. Ya lo dijo san Juan de la Cruz: “Esperanza de cielo tanto alcanza cuanto espera”.

Preguntas que llevan al silencio: ¿Cómo ves la actitud del papa Gregorio, que supo integrar “vida espiritual” y “responsabilidades asumidas”? ¿Por qué, cuando una persona es verdaderamente humilde, permanece humilde sin importar las circunstancias donde se encuentre? ¿Tú reconoces la santidad de tus hermanos y hermanas, con los que compartes camino pastoral, vida familiar, vecindad?

¿Crees en la autoridad de la palabra del Señor para seguir levantando vidas postradas? ¿Necesitas ser rescatado, rescatada, de alguna realidad? ¿Qué te está impidiendo servir a los demás? ¿Qué estás buscando cuando buscas a Jesús? ¿Por qué la gente quiso retener al Señor? ¿Has pasado por la experiencia de algunas personas que te quieren retener? ¿Por qué Jesús no se privatiza? ¿Qué tú entiendes por privatizar el amor, el servicio, la amistad?

Señor: al igual que el salmista, yo también quiero ser como ese olivo plantado en tu casa, en tus entrañas, en tu corazón, en tu misericordia. Y desde ese lugar privilegiado, sembrar esperanza por los caminos. En este mundo herido, roto, lastimado, enfermo; deseo, Señor, ser de esas personas que llevan tu consuelo donde más se necesita. Llénanos de ti. Expulsa nuestras fiebres. Con la autoridad de tu Palabra restáuranos. Tú eres Señor de la vida. Para levantarnos y ponernos a servir, tu gracia nos basta. Santos y santas de Dios, rueguen por nosotros.

¡Seamos santos!

Hna. Ángela Cabrera
Discípula Misionera por la Santidad


Hna. Ángela Cabrera.

Discípula Misionera por la Santidad

Espacio de reflexión de la Parroquia de los Santos Ángeles Custodios, que invita a realizar una pausa diaria en nuestras actividades cotidianas para dedicarlas a la oración del Evangelio, a través de la meditación y reflexión de la hermana Ángela Cabrera, Discípula Misionera por la Santidad.

Contenido publicado originalmente en los canales de las Parroquia De Los Santos Ángeles Custodios, PSAC, por la Pastoral Digital, bajo en link: http://www.parroquiaangelescustodios.org – Puede copiar esta información en su Blog citando siempre la la referencia a esta fuente consultada. Para compartir en sus redes sociales, utilice los botones compartir. Conozca términos legales – Pastoral Digital PSAC

 

Publicado por PASTORAL DIGITAL PSAC

La Pastoral Digital PSAC es una acción programada y orgánica de nuestra parroquia De los Santos Ángeles Custodios, que tiene como finalidad contribuir a su misión evangelizadora a través de los medios digitales.

Deja un comentario