MEDITACIÓN DE LAS LECTURAS: 7/9/25
(Sab 9,13-18; Sal 89;Flm 9b-10.12-17; Lc 14,25-33)
Domingo XXIII del Tiempo Ordinario.
LAS EXIGENCIAS DE JESÚS
Este XXIII Domingo del Tiempo Ordinario, continuamos con el evangelio según san Lucas. Se aborda la segunda etapa del viaje de Jesús a Jerusalén. “¡La Jerusalén que mata a los profetas!” (Lc 13,34). El pasaje del día está situado en el marco de las enseñanzas del Señor por los caminos. Ya ha planteado, en los textos anteriores, la condición para entrar al Reino: “pasar la puerta estrecha” (Lc 13,24); también ha transmitido la urgencia de “ocupar el último puesto” (Lc 14,10). Con esta atmósfera de fondo, el Señor nos sigue planteando, como si fuera una síntesis de sus palabras, las exigencias de ser su discípulo o discípula.
El texto comienza diciendo que: “Mucha gente acompañaba a Jesús”. ¿Quién no se sentiría atraído por su persona? Pero seguirle a Él, es más que atracción o sentimientos. El Señor pone las cosas claras desde el comienzo; entresaca de la multitud, por sus palabras, lo auténtico y verdadero. No le interesa el número llamativo por fuera, y vacío por dentro. Busca el Señor sustancia sólida, amor maduro, y fe comprometida. Quiere corazones entregados radicalmente; discretos, prudentes, firmes y no vacilantes. En tres condiciones o exigencias describe el perfil de quienes merecen estar cerca de Él, y gozar de su amistad, confianza y destino.
La primera condición: Jesús exige que se le ame más que a la familia; y que a uno mismo. Se trata de “amar a Jesús sobre todas las cosas”; es lo mismo que amar a Dios sobre todas las cosas”. Para pedir esto, el Señor ha amado primero. No exige al vacío. Implica, tal demanda, ordenar el corazón. Tanto la familia como la propia persona han de estar subordinadas a Él. De esta manera, su voluntad trasciende el interés propio. Infelizmente, los apegos son nudos que impiden avanzar hacia la unión con Jesús; retrasan y, si no se superan, detienen el sí esperado por el Señor.
La segunda condición de Jesús para quienes deseen seguirle es: cargar la propia cruz e ir detrás de Él. No se ha revelado ni se revelará un camino que lleve al cielo evadiendo el sacrificio, el esfuerzo, la penitencia, la entrega, el dolor bienaventurado. El papa Francisco nos ayudó a interpretar la cruz como fuente de perdón y fraternidad. El papa León, señala que la cruz no es sufrimiento vacío, sino lleno de sentido. Porque es en la cruz donde se descubre la voluntad de Dios y se crece en santidad. Recuerda el pontífice la presencia mariana, en el camino de la cruz, porque ella la comparte. Cuando la persona descifra, en fe, el sentido de la cruz, no le huye; contrariamente, sin dejar de caminar, espera la pascua.
La tercera condición del Señor para quien quiera ser su discípulo o discípula es “renunciar a todos los bienes”. Se trata de usar las cosas al servicio del Reino, sin que ellas nos usen a nosotros. Quien se toma a Jesús en serio no anda preocupado por tener propiedades a su nombre, ni pensiones que le garanticen su futuro. El futuro, en fe, está asegurado. Con razón dice el Salmo de este domingo: “Señor, tú has sido nuestro refugio de generación en generación”. También argumenta otro salmista: “Fui joven y ahora soy viejo, y nunca vi a un justo abandonado ni a su descendencia mendigando el pan” (Sal 36,25). Cuando llegan los nervios por hambre futura, es porque la conciencia tiembla ante lo dado a Jesús.
Jesús nos invita a calcular si estamos o no dispuestos a pagar el precio de seguirle. ¿Es triste entonces el seguimiento de Jesús? ¡No! La primera lectura, tomada del libro de la Sabiduría, nos invita a trascender los pensamientos mezquinos, para encontrar la verdadera fuente de la felicidad. Mediante la sabiduría descubrimos la voluntad de Dios. En la segunda lectura, san Pablo nos habla del amor que vence toda esclavitud. Así como engendró espiritualmente a Onésimo en la cárcel, también nosotros somos engendrados en Cristo. Seguirle es saborear la verdadera libertad.
Preguntas que llevan al silencio: ¿qué orden tienen tus amores en el corazón? En la actualidad, realmente, ¿qué lugar ocupa Jesús en tu corazón, en tu agenda? ¿A quién buscas agradar? ¿Tienes algunos apegos? ¿Puedes describirlos? ¿Qué han hecho de tu vida espiritual estos apegos? ¿Estás cuidando estos apegos o te quieres liberar de ellos? ¿Tú sabías que detrás de la superación de un apego viene una bendición? ¿La presión social te impide seguir a Jesús como deseas? ¿Estás en lugares que no deseas por miedo a ser diferente? ¿Qué quedaría de ti luego de complacer al mundo? ¿Por qué seguir voces superficiales lleva al vacío interior? ¿Qué precio estás pagando por seguir a Jesús? ¿Tu cruz lleva consuelo a los demás?
Señor: va amaneciendo la luz en mi conciencia. Desde que comencé a seguirte las pupilas de mi fe no han permanecido igual. Tus exigencias, Señor, van en aumento, porque cada día se comprenden más. No quiero detenerme. Sigue exigiendo. Apaga enseguida mis intereses. Sabes que hablo en serio, y tú eres más serio que yo. Que mi pobre vida, en tus planes, sirva para llevar consuelo a la humanidad doliente. Aquí estoy, Señor, permanezco en el discipulado, con disposición de dejarme formar por ti.
¡Seamos santos!
Hna. Ángela Cabrera
Discípula Misionera por la Santidad

Hna. Ángela Cabrera.
Discípula Misionera por la Santidad
Espacio de reflexión de la Parroquia de los Santos Ángeles Custodios, que invita a realizar una pausa diaria en nuestras actividades cotidianas para dedicarlas a la oración del Evangelio, a través de la meditación y reflexión de la hermana Ángela Cabrera, Discípula Misionera por la Santidad.
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