MEDITACIÓN DE LAS LECTURAS: 14/9/25
(Nm 21,4b-9; Sal 77;Fil 2,6-11; Jn 3,13-17)
Domingo XXIV del Tiempo Ordinario.
EXALTACIÓN DE LA SANTA CRUZ
Este domingo celebramos la “exaltación de la Santa Cruz”; fiesta antigua en la tradición de la Iglesia. Se originó en Jerusalén; unida a la veneración del leño donde posiblemente estuvo Jesús. En el lugar fue construida la Basílica del Santo Sepulcro. Como fiesta litúrgica, provoca una pausa en el ciclo normal de los domingos, pues no se trata de cualquier cruz. En esta meditación, a partir del conjunto de las lecturas, buscaremos su sentido para nuestra fe.
Para encontrar sentido a la fiesta, hemos de recordar que, quien estuvo en la cruz fue Cristo, el Hijo de Dios. Así lo recuerda el evangelista Juan: “tanto amó Dios al mundo que entregó a su Hijo único”. Lo entregó, no a medias, sino plenamente. Cristo, a pesar de su condición divina, “no hizo alarde de su categoría de Dios”; sencillamente, se despojó de su rango y asumió las consecuencias.
La cruz es, en el pensamiento de Pablo VI, “trono de amor en el sacrificio”. Porque “no hay amor más grande que dar la vida por los amigos” (Jn 15,13). La cruz es expresión de misericordia. En ella hay frutos de perdón. De la misma manera en que los antiguos israelitas, al mirar la serpiente de bronce, arrepentidos de sus pecados, quedaban curados; así los creyentes, estamos invitados a contemplar la fuente de donde ha brotado nuestra salvación. Alto precio pagó Jesús para que ninguno perezca. El leño fue bañado por la sangre preciosa y redentora de Jesús.
El sacrificio de Jesús fue hecho una vez y para siempre. Con todo, para no perecer es necesario creer en Cristo. Él, por obediencia, subió a la cruz. En el madero ha quedado demostrado su amor. El Señor pasó por la humillación. Una humillación silente, humilde, mansa. Detuvo en Él la venganza. La cruz es fuente de sacrificio y de paz. La Iglesia nace en el sacrificio salvífico de la cruz. No se comprende un camino de santidad que intenta evadirla.
De la cruz nace la “vida eterna”, para quien se abra a la gracia. La vida que Jesús ofrece es profunda, plena y eterna. Tanto así, que ni la muerte terrenal puede arrebatarle. En este aspecto, la cruz también es signo de esperanza y resurrección. Al paso de la cruz, llega la victoria de Dios, la bendición copiosa. Al decir el evangelio que, Dios no mandó su Hijo al mundo para condenarlo, sino para que el mundo se salve, ilumina el sentido de nuestras cruces cotidianas.
Desear evadir la cruz necesaria es un engaño. Algunas veces nos pudieran venir las tentaciones, como al antiguo pueblo de Israel, de murmurar contra Dios, y sus mediaciones. Sin embargo, toda infidelidad tiene sus consecuencias. En ocasiones, las picaduras en el camino, son pedagógicas; nos hacen despertar y buscar la misericordia de Dios. Contemplar la cruz de Cristo, y unir nuestro sufrimiento al suyo, nos consuela y fortalece.
Asumir la cruz verdadera, con paz y paciencia nos hace parecidos y parecidas a Cristo. Obedeció hasta la muerte de cruz. No bajó más porque fue imposible hacerlo. Sin embargo, recuerda Pablo, Dios lo levantó sobre todo y le concedió el Nombre sobre todo nombre; de modo que al nombre de Jesús toda rodilla se doble en el Cielo, en la Tierra y en el abismo. Se invita a que toda lengua proclame: Jesucristo es el Señor, para gloria de Dios Padre.
Preguntas que llevan al silencio: ¿Por qué nos hace recitar el salmista: “No olviden las acciones del Señor”? Cuanto te va bien ¿estás contento, contenta, con Dios? Cuando te llegan tiempos difíciles ¿qué posturas tomas con el Señor? ¿Alguna vez has tenido tentaciones de quejarte, refunfuñar por lo que vives? ¿Cómo tú sabes si la cruz que te toca cargar es verdadera o falsa? ¿Sabías que los sacrificios meritorios ante Dios llevan vida y esperanza a los demás? ¿Tus sacrificios, a quién están ayudando? ¿Te gustaría meditar los evangelios para identificar, una vez más, por qué sufrió Jesús? ¿Cuáles son tus sufrimientos?¿Tú sabías que hay gente que se apega al sufrimiento barato? ¿Cuáles son esos sufrimientos baratos? ¿Por qué, cuando alguien se apega al sufrimiento barato nunca le llega la pascua? ¿Por qué Jesús, al ir a la cruz, le dijo a sus discípulos: “mi paz les doy”? ¿Tú sabes que los santos y las santas supieron llevar con paciencia la cruz verdadera? ¿Qué significado tiene el sufrimiento cuando se ofrece a Cristo?
Señor: al contemplar tu cruz redentora nace mi silencio, se inicia mi adoración. Ella es, en mi vida, escuela de humildad. Cualquier vanidad se deshace al mirarte inocente y silente, colgando de un madero. Tu obediencia me hace madurar, dejar las comodidades, asumir el sacrificio que lleva consuelo a los demás. En tu cruz, mi cruz encuentra su nido. Señor de mi esperanza. Tú lo diste todo por mí. Ahora, Señor, ordena lo que pueda hacer por ti; en este momento de la historia. Mi voluntad está a los pies de María, junto a la cruz.
¡Seamos santos!
Hna. Ángela Cabrera
Discípula Misionera por la Santidad

Hna. Ángela Cabrera.
Discípula Misionera por la Santidad
Espacio de reflexión de la Parroquia de los Santos Ángeles Custodios, que invita a realizar una pausa diaria en nuestras actividades cotidianas para dedicarlas a la oración del Evangelio, a través de la meditación y reflexión de la hermana Ángela Cabrera, Discípula Misionera por la Santidad.
Contenido publicado originalmente en los canales de las Parroquia De Los Santos Ángeles Custodios, PSAC, por la Pastoral Digital, bajo en link: http://www.parroquiaangelescustodios.org – Puede copiar esta información en su Blog citando siempre la la referencia a esta fuente consultada. Para compartir en sus redes sociales, utilice los botones compartir. Conozca términos legales – Pastoral Digital PSAC


