MEDITACIÓN DE LAS LECTURAS: 15/9/25
(Hb 5,7-9; Sal 30; Jn 19,25-27)
Domingo XXIV del Tiempo Ordinario.
NUESTRA SEÑORA, VIRGEN DE LOS DOLORES
Hoy, lunes, semana 24ª del Tiempo Ordinario, la Iglesia hace memoria obligatoria de la Virgen de los Dolores. Esta celebración ha tenido siglos de historia. Ha sido fijada, justamente, el 15 de septiembre, al día siguiente de la Exaltación de la Santa Cruz. Y es que al contemplar la cruz, también contemplamos la presencia de la Madre de Jesús. Con razón, san Bernardo abad, identificó a María como “mártir espiritual”.
Los sufrimientos de la Virgen María son inseparables de los sufrimientos del Hijo; basta con identificar lo que la tradición ha considerado como sus siete dolores: El primero, “la profecía de Simeón; donde le reveló a la Virgen, en el templo, que una espada le atravesará el alma” (Lc 2,35). El segundo, “la huida a Egipto, para proteger la vida de Jesús del poder opresor”. Tercero, “cuando perdió a Jesús en el templo; y pasó, junto a José, tres días de intensa angustia”.
Cuarto dolor, “el encuentro con Jesús camino al calvario. Donde ella, como cirinea espiritual, con la mirada, le ayudó a cargar la cruz”. Quinto, “su presencia al pie de la cruz. Cuando muchos huyeron, ella estuvo ahí, hasta el final de esa historia terrena”. Sexto, “Jesús siendo entregado a los soldados; donde la Madre contempló el cuerpo de Jesús, sin vida”. Y el séptimo, “la sepultura de Cristo. Ella, sufriendo, esperó la respuesta de Dios”.
“Los 7 dolores” solo son una síntesis apretada de todos sus padecimientos. Por eso, la memoria del día habla de “la Virgen de los Dolores”.
Impresionan las lecturas del día. La primera, tomada de los Hebreos, nos dice que Cristo, en los días de su vida mortal, a gritos y con lágrimas, presentó oraciones y súplicas al que podía salvarlo de la muerte. Hay una frase en este texto, muy significativa, referente a Cristo, que nos sirve a nosotros para hacer páginas de caligrafía hasta interiorizar: “aprendió, sufriendo, a obedecer”.
La obediencia es una palabra que se dice rápido, pero exige mucho. Obedecer libera el alma y la purifica. Todos y todas estamos llamados a la obediencia, por más alto que sea el rango donde nos encontramos; en Cristo, tenemos el ejemplo. La obediencia de Jesús le provocó dolores; pero esos dolores dignificaron su obediencia al Padre.
En el evangelio del día, volvemos a la imagen de la Virgen junto a la cruz de Jesús. Ahí sucedió el último deseo de Jesús, su testamento espiritual para todos los tiempos. Él dispuso, en medio del sufrimiento profundo, que Juan acogiera a la Madre en su casa. Acogerla en su casa, es lo mismo que custodiarla, amarla, llevarla en el propio corazón. María es la herencia de Jesús para todos los suyos. Con esta voluntad, Él la entregó a la Iglesia. Pero, al mismo tiempo, entregó la Iglesia a María.
Recordó el papa Francisco que la Virgen nunca pidió nada para ella. Sencillamente aceptó ser madre. Asumió la maternidad en dos momentos: cuando el ángel se lo pidió, y cuando se lo pidió Jesús. Imaginemos entonces, si una santa Mónica lloró por un hijo; como muchas madres en la actualidad lloran sus propios hijos e hijas; qué será de los dolores de la Virgen por toda la humanidad, por toda la creación.
El salmo del día se presenta como una escuela de oración para quien necesite madurar su fe, en medio de sus dolores. Dice el orante: “A ti, Señor, me acojo”. Tiene confianza en no ser defraudado. A pesar de las persecuciones que experimenta, de las redes que le han tendido, ha hecho del Señor su refugio seguro. En sus manos ha depositado sus azares, y ha encomendado su Espíritu. La fe del salmista nos inspira.
Preguntas que llevan al silencio: ¿Cuáles son las características de los dolores de la Virgen María? ¿Por qué los dolores de la Virgen están unidos a la esperanza? ¿Cómo los sufrimientos de la Virgen educan tus sufrimientos? ¿Tú sabías que hay personas que se apegan al sufrimiento barato, y no quieren soltarlo?¿Habías escuchado esta frase: “el sufrimiento es como la basura, que nadie lo quiere pero sirve de abono”? ¿Por qué sufre la persona inocente? ¿Tú has provocado dolores innecesarios?
Virgen María, en este día, de manera especial, te presento los dolores de toda la humanidad, y los gritos de la creación. Tú que eres Madre de Misericordia, sigue intercediendo por las cruces de tus hijos e hijas, que peregrinan hacia ti en busca de consuelo. Atiende Madre buena, a tantos inocentes que se amparan en tu divino auxilio. Y a mí, Señora nuestra, hazme madurar, y aceptar con paciencia los dolores que no puedo evadir. Aumenta mi fe, para permanecer firme, aguardando a tu lado un nuevo amanecer en tu Hijo Jesús.
¡Seamos santos!
Hna. Ángela Cabrera
Discípula Misionera por la Santidad

Hna. Ángela Cabrera.
Discípula Misionera por la Santidad
Espacio de reflexión de la Parroquia de los Santos Ángeles Custodios, que invita a realizar una pausa diaria en nuestras actividades cotidianas para dedicarlas a la oración del Evangelio, a través de la meditación y reflexión de la hermana Ángela Cabrera, Discípula Misionera por la Santidad.
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