MEDITACIÓN DE LAS LECTURAS: 22/9/25

Hoy, lunes de la semana 25ª del Tiempo Ordinario, en el evangelio Jesús nos dice: “Nadie enciende un candil y lo tapa con una vasija o lo mete debajo de la cama”. Este “candil” o “lámpara” es la Palabra de Dios. Se comprende esta afirmación al considerar que el Señor, en los pasajes anteriores, viene hablando de la parábola del sembrador. Él es el sembrador, mientras que la semilla es la Palabra.

En este mes de septiembre, mes privilegiado de la Biblia, la Palabra ha de tocarnos el corazón. La luz de la Palabra no puede ocultarse. No puede dejar de anunciarse, divulgarse ni darse a conocer. Son muchos los motivos que pudieran llevar a alguien a intentar silenciar, inútilmente, la Palabra. En ocasiones, puede llegar la tentación de saltarse algún versículo porque no se esté viviendo y falte coherencia para predicarlo. Si se abre y se lee superficialmente, por curiosidad o por rutina, estaríamos encubriendo la Palabra. Si no toca la vida, quedándose estancada en datos históricos, también la encerramos. Lo mismo ocurre si se manipula para intereses personales y no se obedecen sus enseñanzas. Cuando el miedo amenaza, hay tendencia a esconder la Palabra.

La Palabra es para ponerla en el candelero y que los que entren tengan luz. Hay una serie de textos bíblicos que relacionan hermosamente la Palabra con la luz: “Dios es luz y en Él no hay oscuridad” (1Jn 1,5); “La Palabra es luz que brilla en las tinieblas” (Jn 1,1-5); “Tu Palabra es una lámpara para mis pies, una luz para mi camino” (Sal 119,105). Jesús afirma: “Yo he venido como luz del mundo, para que todo el que cree en mí no perezca en las tinieblas” (Jn 12,46). Se espera de los cristianos que, si en otro tiempo estuvieron en las tinieblas, ahora sean, en Cristo, hijos e hijas de la luz (Ef 5,8-9).

En el pasaje del día, el Señor recuerda: “Nada hay oculto que no llegue a descubrirse, nada secreto que no llegue a saberse o hacerse público”. Al contacto con la Palabra, que es luz, se espera que todos nos transformemos en luz. En la medida en que estamos cerca de la luz, iluminamos. Hay un misterio: cuando se vive en oscuridad, en pecado consciente, y se abre la Biblia, esta se cierra y no dice nada. El Espíritu Santo, en la Sagrada Escritura, la hace viva y eficaz. En cambio, cuando la persona se arrepiente, se confiesa y se esfuerza por vivir en gracia, la Palabra responde, reacciona, o mejor dicho, la persona ha quitado las escamas de sus ojos, la coraza del corazón, y está dócil para recibir ese chorro de luz que el Señor envía como camino de salvación.

Quien opta por volar en obediencia a la Palabra discernida, sin dejar de pisar la tierra, escoge la transparencia como compañera de camino. Qué bonito es vivir sin claves en los celulares, sin seguro en la habitación, porque ya no hay nada oculto. De hecho, dijo san Agustín: “Cuando vayas a pecar, ponte donde Dios no te mire”; nada se esconde a su mirada. La Palabra bien vivida eleva al plano de la luminosidad, del testimonio, donde la vida es la misma al revés y al derecho, en soledad o en público.

“Al que tiene se le dará; al que no tiene, se le quitará hasta lo que cree tener”. Esta frase que Jesús añade a sus enseñanzas está relacionada con los frutos que la Palabra está destinada a dar, siendo nosotros sus canales. En Jesús, somos sembradores y sembradoras de la Palabra. Esto es un don, una vocación, una gracia que no se puede detener. El Señor espera que esa luz no sea estéril, sino que, bien colocada, ilumine y produzca frutos de eternidad.

Llama la atención, en la primera lectura del libro de Esdras, el decreto del rey Ciro para permitir a Israel, exiliado, regresar a Jerusalén y reconstruir sus ruinas. Lo que había anunciado el profeta Jeremías no cayó en el vacío. La Palabra de Dios es verdadera y Él cumple sus promesas. El salmista proclama: “El Señor ha estado grande con nosotros y estamos alegres”. La Palabra es fuente de alegría en nuestras comunidades, aunque las peregrinaciones hacia la Patria eterna integren kilómetros de sufrimientos.

Preguntas que llevan al silencio: ¿Tú lees la Palabra? ¿Por qué la lees? ¿Qué descubres en ella? ¿Sabías que la Biblia es Dios hablando a tu corazón? ¿Qué te dice el hecho de que Dios desea dialogar contigo? ¿Te dejas iluminar por la luz de la Sagrada Escritura? ¿Cómo te corrige, te endereza, te consuela, te libera la Palabra? ¿Obedeces las inspiraciones del Señor en la Biblia? ¿Sabías que meditar la Palabra es un ejercicio de confrontación para tomar decisiones? ¿Sabías que la Biblia es escuela de discernimiento? ¿Te gustaría cultivar la lectura de la Biblia? ¿Buscarías una edición católica de la Biblia en audio para escuchar por los caminos? ¿Te dejarías formar para vivir y practicar la Palabra? ¿Cómo explicas que, en la persona de Jesús, Dios lo ha dicho todo y no tiene nada más nuevo que decir? ¿Te has fijado cómo Dios se va revelando desde el Antiguo Testamento hasta llegar a la máxima revelación en la persona de Jesús? ¿Por qué la Biblia es fuente inagotable? ¿Sabías que esa Palabra, conforme vamos madurando espiritualmente, la vamos comprendiendo más? ¿Por qué la Eucaristía es el espacio privilegiado para escuchar la Palabra?

Señor: gracias porque en la Sagrada Escritura tú me vas educando y yo te voy conociendo. Me duermo en la esperanza de madrugar por ti y escuchar tu voz. Mi alegría es la experiencia viva del Espíritu en cada línea que se revela y que desea salir a evangelizar. Imposible detener la corriente de agua para corazones sedientos. Señor, limpia mi corazón y purifícalo con tus deseos. Que pueda ser canal donde tu voluntad se divulgue. Yo pido, Señor, que en tu Palabra, cada día, podamos amarte más. Todo lo demás vendrá por añadidura.

¡Seamos santos!

Hna. Ángela Cabrera
Discípula Misionera por la Santidad


Hna. Ángela Cabrera.

Discípula Misionera por la Santidad

Espacio de reflexión de la Parroquia de los Santos Ángeles Custodios, que invita a realizar una pausa diaria en nuestras actividades cotidianas para dedicarlas a la oración del Evangelio, a través de la meditación y reflexión de la hermana Ángela Cabrera, Discípula Misionera por la Santidad.

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Publicado por PASTORAL DIGITAL PSAC

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