MEDITACIÓN DE LAS LECTURAS: 23/9/25
(Esd 6,7-8.12.14-20;Sal 121; Lc 8,19-21)
Martes XXVI del Tiempo Ordinario.
SAN PÍO DE PIETRELCINA
Hoy, martes de la semana 25ª del Tiempo Ordinario, la Iglesia hace memoria de san Pío de Pietrelcina (1887-1968). Nace en Italia. Su nombre de Bautismo fue “Francisco”; el apellido era “Forgione”. Sus orígenes son de familia campesina. Pietrelcina era el nombre de su pueblo natal. A los 16 años ingresó a la Orden de los Hermanos Menores Capuchinos; donde recibió el nombre de “Fray Pío”, que significa “devoto”, “misericordioso”, “benigno”, “compasivo”. En 1910 recibió la ordenación sacerdotal. Seis años después es destinado al convento de Santa María de las Gracias de san Giovanni, donde permanecerá hasta su muerte.
Era un sacerdote entregado por completo al ministerio; con largas jornadas en el sacramento de la confesión, dirección espiritual, celebración eucarística con profunda humildad. Ante los honores que buscaron ofrecerle, se definió: “un pobre hermano que reza”. En 1948 confesó a un joven, sacerdote polaco, que sería el papa Juan Pablo II. Luego dará testimonio diciendo que en el padre Pío se descubre la imagen de Cristo sufriente y resucitado.
Padre Pío recibió la gracia de los estigmas de Cristo. Dijo: “Sufrir con Jesús es un don”. “Al contemplar la cruz sobre las espaldas de Jesús me siento cada vez más fuerte y pruebo una santa alegría”. “Todo lo que sufrió Jesús en su pasión, lo sufro también yo, en lo que le es posible a una criatura humana”. Se inmoló a sí mismo por la salvación del mundo. En su dolor, se volcó a aliviar el sufrimiento de los demás. En 1956 se inauguró una obra muy amada por él “La Casa del Alivio del Sufrimiento”, un centro hospitalario. Expresó: “Esta es la criatura de la providencia”.
Cuando tuvo que sufrir, también por investigaciones, restricciones en su servicio pastoral, el padre Pío lo aceptó humildemente, confiando en el juicio de Dios. Mostró una obediencia sobrenatural en todos los sentidos.
Muere a los 81 años. Durante su agonía, dijo, con voz débil: “Jesús y María”. A los tres años de su muerte, el papa Pablo VI dirá a sus superiores: “Miren qué fama ha tenido, qué clientela mundial. No por ser filósofo… sino por celebrar la Eucaristía con humildad, confesar desde la mañana hasta la noche, y representar, las llagas de Nuestro Señor. Un hombre de oración y sufrimiento”. En el 2002, el papa Juan Pablo II lo proclamó santo. Dijo, “el padre Pío testimonia que las dificultades y los dolores si se aceptan por amor, se transforman en camino privilegiado de santidad, que se abre a perspectivas de un bien mayor, que solo el Señor conoce”.
Las lecturas de este día también nos llenan de esperanza. El libro de Esdras sigue narrando como el pueblo de Israel, tan sufrido, humillado y perseguido, en exilio, finalmente recibe el apoyo legal, no solo para regresar a su tierra, sino para reconstruir el templo y la ciudad. Las cosas de Dios son así. La esperanza no defrauda. Exige confianza y ponerse en camino.
Por eso dice el salmista: “Vamos alegres a la casa del Señor”. Es el júbilo de quien testimonia finalmente la obra de Dios aconteciendo. Sus pies pisan la tierra sagrada. Esa tierra sagrada está allí, en cualquier lugar del mundo, donde tú tienes un profundo encuentro con Dios, con los hermanos, con la naturaleza.
En el evangelio, tenemos la imagen de la familia de Jesús buscándolo. Pero no lograban llegar hasta Él. El relato nos muestra cómo superar los obstáculos y las barreras que impiden encontrar a Jesús. El mismo Señor da la respuesta: “Mi madre y mis hermanos”, o sea, los que tienen acceso a mi persona, los que comparten intimidad conmigo, son los que escuchan la Palabra de Dios y la ponen por obra. En este sentido, la Virgen María, se convierte en modelo de cómo llegar hasta Jesús y hacer lo que Él diga.
Preguntas que llevan al silencio: ¿qué te ha parecido la vida del padre Pío? ¿Por qué si la humildad hace volar tan alto son pocos los que siguen sus caminos? ¿Qué te parece que el padre Pío se santificó en el ejercicio propio de su ministerio? ¿Dónde está tu compromiso con la salvación de las personas? ¿Tú tienes tiempo para acompañar espiritualmente a las personas que te buscan? ¿Tú te acompañas para saber acompañar? ¿Cómo está tu vida de oración? ¿Por qué la oración transforma? ¿Tú te sientes estático, estática, en tu vida espiritual? ¿Con qué estás abonando tu fe? ¿Tus cansancios hacen que otras personas descansen? ¿Dónde encuentras tu consuelo?
Hacemos oración con algunas frases del padre Pío: “En los libros buscamos a Dios, en la oración lo encontramos”. “La oración es la mejor arma que tenemos, la llave para abrir el corazón de Dios”. “Oh Jesús, mi suspiro y mi vida, te pido que hagas de mí un sacerdote santo y una víctima perfecta”. San Pío de Pietrelcina, ruega por nosotros.
¡Seamos santos!
Hna. Ángela Cabrera
Discípula Misionera por la Santidad

Hna. Ángela Cabrera.
Discípula Misionera por la Santidad
Espacio de reflexión de la Parroquia de los Santos Ángeles Custodios, que invita a realizar una pausa diaria en nuestras actividades cotidianas para dedicarlas a la oración del Evangelio, a través de la meditación y reflexión de la hermana Ángela Cabrera, Discípula Misionera por la Santidad.
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