MEDITACIÓN DE LAS LECTURAS: 1/10/25
(Neh 2,1-8; Sal 136; Lc 9,57-62)
XXVII Miércoles del Tiempo Ordinario..
SANTA TERESA DEL NIÑO JESÚS
Hoy, miércoles, semana 26ª del Tiempo Ordinario, la Iglesia celebra la memoria obligatoria de Santa Teresa del Niño Jesús. Nace en Alenzón, Francia, en 1873. Sus padres: Luis Martín y Celia María (canonizados en el año 2015), tuvieron nueve hijos. Cuatro murieron a temprana edad. Las cinco hermanas sobrevivientes ingresaron al Carmelo. Teresa era la menor de todos. Había quedado huérfana de madre a la edad de cuatro años. Pidió al papa León XIII un permiso especial para ingresar al monasterio cuando tenía quince años.
En el monasterio Teresita fue ayudante de maestra de novicias. Cultivó un camino interior que le permitió ser conocida como “la pequeña flor de Jesús”. Su espiritualidad consiste en un caminito, descrito como “infancia espiritual”. Está basado en la total confianza en Dios; a partir de las cosas pequeñas y cotidianas realizadas con amor y entrega, sin buscar grandezas, aplausos o reconocimientos. El ser humano, asegura Teresita, siendo pequeño, puede ser divinizado por la gracia.
En su día a día, ella descubrió honduras místicas, que serían publicadas un año después de su muerte. Decía: “Dios ama a todos como son, y confiando en ese amor, cada persona puede alcanzar la santidad, mediante pequeños actos cotidianos”. Deseaba ardientemente la santidad, y se turbaba por sus limitaciones. Luego se consolaba al decir: “Dios no puede inspirar deseos irrealizables. Por eso puedo, a pesar de mi pequeñez, aspirar a la santidad”.
La inquieta Teresita buscó un camino seguro, derecho, y totalmente nuevo para ir al cielo. Fue así como descubrió un ascensor: “los brazos de Jesús”. Se dijo: “Ya no necesito crecer, tengo que seguir siendo pequeña”. Escudriñando la Sagrada Escritura encontró el texto de san Pablo en 1 Corintios 12. No se identificó entre las funciones de los diversos miembros que el apóstol enumera. Así que meditó: “La Iglesia tiene un miembro que es el más necesario y noble. Es el corazón. Y este corazón está ardiendo de amor”. Con esta inspiración hizo oración: “Oh Jesús, amor mío, por fin he encontrado mi vocación: mi vocación es el amor”. Sin este amor los apóstoles no hubiesen anunciado ni los mártires derramado su sangre. El amor encierra todas las vocaciones. Solo el amor impulsa el obrar.
El sentido existencial en esta tierra para Teresita es: “lanzar a Jesús las flores de los pequeños sacrificios”. Con el tiempo fue constatando que había recibido más espinas que rosas; las aceptó con paciencia. Vivió injusticias y persecuciones así como dolores y fatigas. Siempre ofreció sus pesares por la necesidad de la Iglesia y la salvación de las almas. Murió a los 24 años a causa de tuberculosis.
El papa Pío XI la canonizó en 1925. Fue declarada patrona de las misiones en 1927, porque desde un monasterio supo ser hermana universal de creyentes y no creyentes. Siempre deseó que Jesús los amara más que a ella. Juan Pablo II la nombró Doctora de la Iglesia en 1997, subrayando la profundidad de su enseñanza sobre el amor y la confianza divina.
Vamos a meditar cómo las lecturas del día nos ayudan a todos a seguir ese camino de santidad. En la primera lectura, tomada de Nehemías, lo vemos sirviendo en el palacio del rey, en el exilio persa. Estando en dicha posición, no se olvida de sus raíces. Al contrario, hasta el gobernante le notó la tristeza porque su pueblo estaba en ruinas. Por su prudencia y respeto favoreció la providencia divina. Le permitieron ayudar en la reconstrucción de Jerusalén. El Salmo 136 también refleja la nostalgia de los que están lejos de su patria. Pero, todo camino de santidad supone fidelidad en tiempos de crisis. Sin noches oscuras no puede ejercitarse la fe.
En el evangelio Jesús nos pone tres ejemplos de obstáculos en el seguimiento. Primero, un candidato quiere seguirle. Jesús le advierte que no tiene donde “reclinar la cabeza”. O sea, la santidad no busca comodidad. Todo lo contrario. Es disponibilidad alegre para el sacrificio, y el abandono a la providencia. En el segundo caso, el candidato pone excusa. Pide enterrar al padre. La santidad es opción por la vida. No se trata de falta de caridad, sino de un paso de confianza, que no admite vacilaciones. Quien llama es el Señor de la vida. El tercer candidato propone una primacía: “Déjame despedirme de mi familia”. El Señor ha de ser prioridad ante lazos familiares.
Preguntas que llevan al silencio: ¿Qué provoca en ti el saberte llamado, llamada a la santidad? ¿Cómo redescubrir la importancia de los pequeños gestos? ¿Tú sabes decir: “gracias”, “perdón”, “permiso”? ¿Cómo está el amor en tu corazón? ¿Con qué calidad y entrega realizas las tareas cotidianas? ¿Qué toque hace extraordinaria tus labores ordinarias? ¿Cuál es la diferencia cuando caminas en la presencia del Señor sirviéndole en santidad y justicia?¿Cuál es tu vocación? ¿Cómo estás luchando por tu vocación? ¿Quieres hacer lo que te pide el Señor o lo que te exige la gente? ¿Cuál voz habla con más autoridad en ti?
Cerramos el momento con una oración realizada por Santa Teresita: “Señor mío, confío en ti. Tú eres mi refugio y mi fortaleza; en tus brazos me entrego como un niño que se acurruca sin temor. Ayúdame a amar mi pequeñez, a abrazar mi pobreza de espíritu y a vivir cada día con la -ciega esperanza- de tu misericordia. Que mi corazón, aun en el más humilde de sus latidos, se una a tus infinitos méritos. Yo quiero santificar cada pensamiento, cada acción sencilla, cada latido de mi corazón, ofreciéndolos a ti como mi mayor ofrenda. Te suplico, buen Jesús, que mi confianza sea la única ofrenda que te agrade, pues mi deseo de martirio no es lo que alimenta mi confianza ilimitada; es el amor a mi pequeñez y la esperanza ciega en tu misericordia”. Santa Teresa del Niño Jesús, ruega por nosotros.
¡Seamos santos!
Hna. Ángela Cabrera
Discípula Misionera por la Santidad

Hna. Ángela Cabrera.
Discípula Misionera por la Santidad
Espacio de reflexión de la Parroquia de los Santos Ángeles Custodios, que invita a realizar una pausa diaria en nuestras actividades cotidianas para dedicarlas a la oración del Evangelio, a través de la meditación y reflexión de la hermana Ángela Cabrera, Discípula Misionera por la Santidad.
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