MEDITACIÓN DE LAS LECTURAS: 6/10/25

Hoy, lunes, semana 27a del Tiempo Ordinario, la Iglesia hace memoria de san Bruno, sacerdote alemán, nacido en el año 1030. Se destacó como maestro de filosofía y teología. Sintió un llamado profundo a la soledad, el silencio y la oración. Una vocación poco comprendida en medio de una sociedad donde tanta gente necesita ayuda. Sin embargo, esta vocación también es reconocida por la Iglesia, por ser también inspirada por Dios.

Algo nos dicen las personas capaces de renunciar a toda propuesta terrenal, para amar a Dios sobre todas las cosas; remediar un poco el hambre del Señor de sentirse amado y el hambre de oración que sufre toda la creación. Esta vocación no puede ser inventada. San Jerónimo, por ejemplo, se dio cuenta que su vocación no era vivir en el desierto, siguió buscando hasta que encontró su lugar. Nadie puede vivir en paz fuera de la voluntad que Dios ha soñado para él.

Fue así como Bruno, con otros seis compañeros, en el año 1084, pidieron permiso al arzobispo correspondiente, y este, por inspiración divina, les concedió un valle, en la diócesis, de difícil acceso, en los Alpes franceses. Allí vivían en extrema pobreza. Una pequeña construcción de piedra era la Iglesia. Sus celdas, individuales, eran de paja. Vivían en silencio perpetuo, sin comer carnes, ni tomar alcohol, manteniéndose de trabajos manuales. Así nació lo que se convertiría en la Orden Cartusiana, de los monjes cartujos.

Un antiguo alumno de Bruno fue elegido papa, Urbano II. Le solicitó al monje que fuera a Roma a servirle como consejero. Él sintió que debía obedecer y fue, con dolor, al pedido. Aguantó dos meses en Roma. Luego logró que el papa lo traslade. Un bienhechor le regaló un bello bosque al sur de Italia, en un lugar llamado Santa María de la Torre, donde se formó una nueva comunidad. Allí falleció en el año 1101.

Bruno no tuvo un proceso de canonización normal. Pues los cartujos rehúyen de todas las manifestaciones públicas. Sin embargo, en el año 1514 estos monjes obtuvieron del papa León X permiso para celebrar la fiesta de su fundador; luego se fue extendiendo por la Iglesia. Fue canonizado por el papa Gregorio XV en 1623. San Juan Pablo II dijo de él: “Bruno es una luz en la colina para toda la Iglesia”. Benedicto XVI afirmó: “El monje, dejándolo todo corre el riesgo de exponerse a la soledad y al silencio para vivir de lo esencial, y precisamente viviendo de lo esencial encuentra también una profunda comunión con sus hermanos, con cada persona”. Con esta interpretación queda integrada la doble dimensión que sintetiza todos los mandamientos: “el amor a Dios y al prójimo”.

Afortunadamente, la primera lectura de este día, del profeta Jonás, nos habla de una huida. Una huida diferente a la de san Bruno. Porque al marcharse al desierto, Bruno estaba obedeciendo la voz de Dios. De no ser así, su nombre no estaría siendo celebrado en toda la Iglesia hoy día, porque su vida fue fecunda en esta tierra. La huida de Jonás, fue para no hacer la voluntad de Dios. De ahí que mandándolo a Nínive, embarcó para Tarsis. Jonás estaba resistiendo con fuerza. Es el profeta más malcriado y refunfuñón de la Sagrada Escritura.

¡Qué difícil es navegar sin tener el viento a favor! Es lo que le pasó a Jonás. Cuando Dios no quiere algo todo se complica, sin mostrar signos de esperanza. ¿Cómo escapar de Aquel, a quien el mismo Jonás define como el Creador del cielo y la tierra? A pesar de su terquedad, su misión comenzó a dar frutos. Fruto fue la conversión de los marineros, en la embarcación rumbo a Tarsis. Cuando el mar se tornó violento, y estos descubrieron que Jonás era el responsable, lo lanzaron al agua, por recomendación del mismo profeta. La sorpresa fue que el mar se calmó y los marineros comenzaron a creer en Dios.

Con lo sucedido, se salvaron los marineros. También Jonás fue rescatado por la providencia del pez que lo tragó. Ese pez, como si fuese un relato de novela, está queriendo hablar de la paciencia que tiene Dios con los procesos personales. Ese pez es la misericordia, es la esperanza, es la insistencia de Dios para que permanezcamos fieles a su voluntad. Es Dios que no nos suelta, que nos abarca por detrás y por delante. Allí, en el vientre del pez, Jonás recita el salmo que nos acompaña en la liturgia de hoy. Con el profeta podemos decir: “Señor, sacaste mi vida de la fosa”.

El evangelio del día también nos habla de huidas, diferentes a la de san Bruno. Bruno huía de su propio capricho, de la superficialidad de las cosas. Ahora, Jesús denuncia la huida de quien evita encontrar al que está caído. Es la huida al compromiso, desde la indiferencia. En el relato del buen samaritano, se denuncian actitudes, las del sacerdote y la del levita. Se realza el buen gesto de quien supo detener su agenda ante el dolor de quien estaba en el suelo, sin valerse por sí mismo. El relato fomenta la cultura del cuidado, del amor y el respeto al prójimo. Siendo que el amor improvisa, se cura con lo que uno es y tiene, sin excusa ni demora.

Preguntas que llevan al silencio: ¿Qué entiendes por silencio? ¿Por qué hay silencios que conducen a la paz? ¿Cómo escuchar la voz de Dios, descubrir su voluntad, si falta el silencio? ¿Por qué hay personas que huyen de su propio silencio interior? ¿Sabes lo que es conocerse interiormente como si uno nunca hubiese vivido consigo mismo? ¿Quién tiene la verdad sobre ti? ¿Sabes que la oración es la llave que conduce al conocimiento personal? ¿Cuál es la diferencia entre las palabras que nacen del ruido y las palabras que nacen del silencio? ¿Cómo conservar el silencio fecundo en medio de las andanzas pastorales? ¿Cuál es la diferencia entre “huir del mundo vacío” y “huir del mundo para evadir el compromiso”? ¿Cuáles son los rasgos de una persona que huye de hacer la voluntad de Dios? San Bruno, ruega por nosotros.

¡Seamos santos!

Hna. Ángela Cabrera
Discípula Misionera por la Santidad


Hna. Ángela Cabrera.

Discípula Misionera por la Santidad

Espacio de reflexión de la Parroquia de los Santos Ángeles Custodios, que invita a realizar una pausa diaria en nuestras actividades cotidianas para dedicarlas a la oración del Evangelio, a través de la meditación y reflexión de la hermana Ángela Cabrera, Discípula Misionera por la Santidad.

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Publicado por PASTORAL DIGITAL PSAC

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