MEDITACIÓN DE LAS LECTURAS: 9/10/25
(Mal 3,13-20ª; Sal 1; Lc 11,5-13)
XXVII Jueves del Tiempo Ordinario..
EN LA ORACIÓN: PEDIR, BUSCAR, LLAMAR
Hoy, jueves, semana 27a del Tiempo Ordinario, el evangelio nos habla de la oración de petición. Jesús, mediante una parábola, presenta la oración de petición con tres rasgos que se integran: “Pidan y se les dará, busquen y hallarán, llamen y se les abrirá”. Meditemos:
PEDIR CON CONFIANZA. En la parábola Jesús nos trae la imagen de un amigo que se acerca a la puerta del otro. No va a un extraño. Es alguien conocido, en quien tiene un referente. Para ir, no tomó en cuenta el horario. Fue a dicha puerta porque en esa casa, el amigo tenía lo que necesitaba. No llegó invadiendo a la fuerza, sino pacíficamente, con la confianza de que identificaran su voz, su nombre. Fue esperando ser escuchado, con una actitud humilde y mansa; con sus manos vacías.
Cuando nos acercamos a Dios, mediante la oración, sabemos que nos acercamos al Padre. La confianza, la transparencia, son indispensables. Dios tiene aquello que no tenemos a nuestro alcance. No se escandaliza de nuestra pobreza, de nuestras carencias. Somos sus criaturas y dependemos de Él. Sin embargo, solo cabe pedir al cielo las cosas que hay en el cielo. Con este criterio nuestra súplica se concretará, pues Jesús asegura: “Pidan y se les dará”.
BUSCAR CON ESPERANZA. La persona verdaderamente orante no busca cualquier cosa ni con cualquier actitud. En el relato, el amigo busca “pan”. Resulta que dicho pan no es para él mismo. No dice que es para sus propios hijos. Sencillamente es para una persona amiga que le ha llegado sorpresivamente, y él no tiene nada que ofrecerle. El hambre del estómago ajeno lo ha hecho caminar, vencer la vergüenza. Fue donde había, y no estaba en sus planes retornar vacío.
Ante la búsqueda hay impedimentos para alcanzar el objetivo. En el pasaje, las puertas del amigo, donde había pan, estaban cerradas. Era de noche. Estaban dormidos. Pero la esperanza es mayor que los obstáculos. Buscar lo verdadero en la puerta verdadera garantiza el alcance de la meta. En el Padre nuestro las peticiones tienen una jerarquía, un orden de importancia. Se busca, primero, el Reino de Dios, hacer su voluntad. Luego vienen las necesidades materiales necesarias para disponerlas en función de dicho Reino. Así como las actitudes de vida básicas para relacionarse con Dios y con los demás.
Cuando buscamos lo auténtico, entramos en comunión con los mismos intereses de Cristo. Por tal motivo, Pedir al Padre con el corazón de Cristo, lleva a la esperanza. Porque el Padre no le niega nada al Hijo. Contrariamente, la oración sería ineficaz, cuando está marcada por el egoísmo, la centralidad en uno mismo, desvinculando la súplica del bien comunitario. Una oración con estos rasgos sería un refugio individualista que no integra a los demás. Cuando buscamos lo mismo que Dios desea regalarnos testimoniamos el milagro: “Busquen y hallarán”.
LLAMAR CON INSISTENCIA. En el texto, el amigo insistió tocando a la puerta hasta conseguir aquello que necesitaba el otro. Quien tenía provisiones en casa sabía que su caridad, con el amigo inoportuno, le ayudaba a la santidad de este. Fomentaba la solidaridad, la compasión, el compartir la vida y la alegría. Dios sabe dar cosas buenas a sus hijos e hijas. Cuando lo bueno que pedimos no llega de inmediato, la tentación es la desesperación. La parábola nos invita a la paciencia y a la persistencia. De esta manera contaremos que: “al que llama se le abre”. “Nada grande se logra sin perseverancia”.
En suma, para orar es necesario querer orar y aprender a hacerlo. La oración y la vida cristiana son inseparables. Dijo san Juan Crisóstomo: “Es posible, incluso en el mercado o en un paseo, hacer una frecuente y fervorosa oración. Sentados en tienda, comprando o vendiendo, o incluso haciendo la cocina”. Pero recordemos que hay sorbos de agua que no se toman en movimiento. Luego de esta parada, la hidratación de la fe permite que las obras apostólicas irradien el corazón de Cristo.
Preguntas que llevan al silencio: ¿Qué estoy pidiendo a Dios? ¿Tengo claro el por qué pido lo que pido? ¿Las cosas que pido son coherentes con la vida en el cielo? ¿Solo pido para mí y los míos, o integro las necesidades de los demás? ¿Hago oración por personas que no conozco? ¿Acudo al Señor solo para pedirle cosas? ¿Me detengo a ver lo que el Señor me está pidiendo? ¿Me alegro cuando el Señor responde mis peticiones? ¿Soy capaz de alegrar al Señor dando respuesta a sus peticiones para mí? ¿Qué estoy buscando? ¿Cuál es la jerarquía de importancia de las cosas que busco? ¿Cómo me esfuerzo por encontrar lo que busco? ¿Qué busca Dios en mí? ¿Escucho su voz cuando me busca? ¿Me ocupo de cultivar alguna virtud que atraiga la presencia del Espíritu Santo? ¿Cuándo Dios me busca con qué se marcha? ¿Lo que encuentra en mí le hace quedarse, permanecer para siempre? ¿A qué puerta estoy llamando? ¿Por qué se me han cerrado algunas puertas? ¿En qué puerta Dios me está esperando? Santos y santas de Dios, rueguen por nosotros.
¡Seamos santos!
Hna. Ángela Cabrera
Discípula Misionera por la Santidad

Hna. Ángela Cabrera.
Discípula Misionera por la Santidad
Espacio de reflexión de la Parroquia de los Santos Ángeles Custodios, que invita a realizar una pausa diaria en nuestras actividades cotidianas para dedicarlas a la oración del Evangelio, a través de la meditación y reflexión de la hermana Ángela Cabrera, Discípula Misionera por la Santidad.
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