MEDITACIÓN DE LAS LECTURAS: 19/10/25

Este Domingo XXIX del Tiempo Ordinario, el hilo conductor de los textos bíblicos recae en la oración. La primera lectura, tomada del libro del Éxodo, narra la primera batalla de los israelitas al salir de Egipto. Los enemigos, representados en la persona de Amalec, los atacaron en Rafidín. En este contexto viene la enseñanza. Moisés orienta a Josué sobre cómo enfrentar la situación. Josué obedece.

Moisés se retiró a la cima del monte para mantenerse en oración durante la guerra. Mientras Moisés tenía las manos levantadas, los israelitas se tornaban más fuertes, más valientes y ganaban. Cuando Moisés, por cansancio, bajaba las manos, su pueblo perdía. Fue así como miembros de la comunidad asistieron a Moisés, colocándole una piedra para sentarse y sosteniéndolo en ambas manos para conseguir la victoria.

Esta primera lectura tiene mucho que decirnos. Cada uno de nosotros puede identificar las batallas que enfrenta. Moisés nos enseña que no es con estrategias humanas ni con habilidades personales como se gana la guerra. Los combates se superan con la humildad de invocar la presencia de Dios, su asistencia.

Ante la conciencia de lo que somos, seres humanos limitados y necesitados, solo resta abrir el corazón y suplicarle misericordia. El Señor escucha las súplicas sinceras. Tú y yo nos hacemos fuertes en el Señor, para el bien, mediante la oración y el respaldo de la comunidad. Moisés no estaba solo en el monte, con Dios, en el momento de la batalla. Estaba siendo respaldado por la intercesión de la comunidad, que le sostenía las manos. Para san Juan Pablo II, “la oración es fuerza espiritual que permite vencer a los enemigos de la salvación”.

El Evangelio nos aclara que la oración ha de ser constante y sin desánimo. El Señor, en este sentido, narra una parábola: la del juez que no tenía fe ni le importaban las personas. Justamente a él acudió una viuda buscando justicia. Por algún tiempo se negó, pero luego, al serle tan fastidiosa, le concedió lo que buscaba para quitarla de su entorno.

Jesús nos quiere enseñar que, si ese juez injusto supo administrar justicia, si él, que no le importaban las personas, fue capaz de consolar a una viuda con su sentencia, ¿qué no hará Dios, que es bueno, justo, misericordioso y sí le importa la humanidad que Él mismo ha creado? De ahí las dos preguntas que van cerrando la narrativa: “¿No hará Dios justicia a sus elegidos que le gritan día y noche? ¿O les dará largas?”.

La referencia a los “elegidos” es importante, porque quien pertenece al Señor y conserva dicha conciencia no suplica por cualquier cosa. Los elegidos piden a Dios aquello que necesitan para llevar a cabo la misión encomendada. Por eso, el Señor no demora en providenciar, en dar respuesta. Para que esto sea posible, es necesaria la fe. De ahí la tercera pregunta que cierra el pasaje: “Cuando venga el Hijo del hombre, ¿encontrará fe en la tierra?”. Sin la oración, la fe no se mantiene; es preciso custodiarla y alimentarla.

La segunda lectura, de Pablo a Timoteo, nos da la clave para identificar una fuente de oración: la Sagrada Escritura. Por eso, el apóstol dice a su discípulo que permanezca en lo que se le ha confiado. Le sugiere que recupere lo aprendido desde su infancia. De la misma manera que la oración es constante, así la proclamación de la Palabra ha de ser perseverante, insistente, continua.

Preguntas que llevan al silencio: ¿Cómo está tu obediencia? ¿Cómo está tu fe? ¿Cómo está tu oración? ¿Tú solo “levantas las manos” en las batallas? ¿Cómo enfrentas los combates existenciales? ¿En qué situaciones concretas identificas que se debilita tu fe? ¿Qué actitud asumes al momento de sentir que la fe vacila? ¿Por qué Dios no niega nada a sus elegidos?

¿Tú sabías que quien pide lo que a Dios le agrada ya tiene la oración respondida? ¿Por qué llega la tentación de desanimarse en la oración? ¿Tú sabías que hay que perseverar en la oración sin importar los desánimos? ¿Tú sabías que hacerle caso a la pereza para la oración es agradar al enemigo? ¿Qué misterio encierra la oración comunitaria? ¿Sabías que alabar en los momentos difíciles es reconocer que Dios es más fuerte que las piedras del camino? ¿Quiénes son, en este momento, los que te están sosteniendo las manos?

Señor, como dice el salmista, el auxilio me viene de ti. En mi pobreza, en mi pequeñez, nada soy. Pero tú me asistes, Señor, con tu fuerza; me refugio en ti y nada temo. Tú eres mi guardián. Estás vivo, presente. No permites que resbalen mis pies, para que a tu Palabra no le falten predicadores ni predicadoras. Juntos, con la comunidad de hermanos, enfrentamos los vientos contrarios a tu Reino. Hago opción renovada, Señor, de hablar contigo y de ti, día y noche. Porque mi custodio, que eres tú, no duerme ni reposa.

¡Seamos santos!

Hna. Ángela Cabrera
Discípula Misionera por la Santidad


Hna. Ángela Cabrera.

Discípula Misionera por la Santidad

Espacio de reflexión de la Parroquia de los Santos Ángeles Custodios, que invita a realizar una pausa diaria en nuestras actividades cotidianas para dedicarlas a la oración del Evangelio, a través de la meditación y reflexión de la hermana Ángela Cabrera, Discípula Misionera por la Santidad.

Contenido publicado originalmente en los canales de las Parroquia De Los Santos Ángeles Custodios, PSAC, por la Pastoral Digital, bajo en link: http://www.parroquiaangelescustodios.org – Puede copiar esta información en su Blog citando siempre la la referencia a esta fuente consultada. Para compartir en sus redes sociales, utilice los botones compartir. Conozca términos legales – Pastoral Digital PSAC

 

Publicado por PASTORAL DIGITAL PSAC

La Pastoral Digital PSAC es una acción programada y orgánica de nuestra parroquia De los Santos Ángeles Custodios, que tiene como finalidad contribuir a su misión evangelizadora a través de los medios digitales.

Deja un comentario