MEDITACIÓN DE LAS LECTURAS: 30/10/25
(Rom 8,31b-39; Sal 108; Lc 13,31-35
XXX Jueves del Tiempo Ordinario.
ENSEÑANZAS DE JESÚS PARA LA MISIÓN
Hoy, jueves de la 30ª semana del Tiempo Ordinario, el Evangelio sitúa a Jesús de camino hacia Jerusalén, pasando por diversos pueblos y llevando la Buena Nueva. En el trayecto, se le acercaron unos fariseos y le dijeron: “Márchate de aquí, porque Herodes quiere matarte”. Pero Él les contestó: “Vayan a decirle a ese zorro: hoy y mañana seguiré curando y expulsando demonios, y al tercer día llegaré a mi término”.
El Señor nos enseña a ser perseverantes en la misión, a tener voluntad firme y determinación en los objetivos propuestos. Solo así es posible superar las piedras y los obstáculos del camino. Herodes, figura políticamente influyente, intentó frenar la misión. Pero Jesús lo llamó “zorro”, es decir, astuto y maquinador, poniéndolo en su lugar. No era Herodes quien determinaba el tiempo de la tarea divina, sino el mismo Jesús, en obediencia al Padre.
Cuando hay vida de oración, de comunión con Dios, como la tuvo Jesús con el Padre, se reconoce con claridad a quién se debe respetar, por ser la voz verdaderamente autorizada. Por eso reafirmó: “Hoy, mañana y pasado tengo que caminar, porque no cabe que un profeta muera fuera de Jerusalén”. Con esta declaración, el Señor nos enseña que todo pronunciamiento y toda obra en favor de su Reino conllevan persecución. La voz profética siempre encuentra amenaza y resistencia, porque no se somete a nada ni a nadie. Un corazón enamorado de Dios no se deja intimidar: solo responde y se mueve por los intereses del Señor.
Jesús se lamentó ante Jerusalén, la ciudad que mata a los profetas y apedrea a los mensajeros enviados. Es la ciudad que prefiere eliminar la profecía antes que convertirse. La Palabra de Dios incomoda a quien no está dispuesto a abrir el corazón. Sin embargo, a pesar del rechazo a la obra divina, el Señor no pierde la ternura ni la misericordia. No deja de mirar con compasión a quienes caminan hacia su propia destrucción. Por eso exclama: “¡Cuántas veces he querido reunir a tus hijos, como la gallina reúne a sus pollitos bajo las alas, y no han querido!”.
También aquí el Señor nos instruye como mensajeros y mensajeras. A nosotros nos corresponde sembrar, pero no está en nuestras manos decidir si los demás acogen o rechazan la semilla de la Palabra. El Señor, aunque se lamenta, respeta la libertad de cada persona. Sin embargo, advierte con claridad la consecuencia de esa postura: “Su casa se les quedará vacía”. Probablemente se refiere al templo, que sin la Palabra viva y renovadora del Señor no tendría cómo sostenerse.
El pasaje del Evangelio concluye con un mensaje de esperanza: “No me volverán a ver hasta el día en que exclamen: ‘Bendito el que viene en nombre del Señor’”. Esta aclamación se espera de quienes recapaciten y se conviertan. Aun en la ausencia visible del Señor, con la promesa de su retorno, su mensaje puede seguir resonando en el corazón y dar inicio a una vida nueva en Él. El Señor ofreció la oportunidad, y la sigue ofreciendo, porque quiere que todos alcancemos la salvación.
Las palabras del apóstol Pablo a los Romanos nos llenan de inspiración. Cuando el corazón se enciende por Cristo, podemos proclamar con plena convicción: “Si Dios está con nosotros, ¿quién estará contra nosotros?”. Porque Él es el Dueño de la vida, una vida que no termina en esta tierra, sino que se prolonga hasta la eternidad. Por eso, con fe, repetimos con el apóstol: “¿Quién podrá apartarnos del amor de Cristo?”. Estar unidos al Señor significa atravesar con Él todas las circunstancias de la existencia. Cristo es lo único que nadie ni nada podrá arrebatar cuando se le ama de verdad.
Preguntas que llevan al silencio: ¿Alguien influye en tus decisiones? ¿A quién estás obedeciendo? ¿Percibes cuándo hay manipulaciones en los mensajes que te dirigen? ¿Cómo las desenmascaras? ¿Tus palabras comunican la verdad de Dios? ¿Esas verdades incomodan? ¿Encuentran resistencia en algunas personas? ¿Sabías que cuando buscas agradar a todos se apaga la profecía? ¿Qué te sostiene en tus convencimientos? ¿A los intereses de quién responden tales convencimientos?
¿Identificas a los “zorros” que intentan truncar el camino que Dios ha elegido para ti? ¿Cómo reaccionas ante ellos? ¿En qué se ampara tu autoridad para frenarlos? ¿Has caído alguna vez en la tentación de ser “zorro” para alguien? ¿Te has enmendado de esa actitud? ¿Por qué la verdad de Dios no encuentra barrera que la detenga? En tu comunidad, ¿se escuchan las profecías o se silencian? ¿Te esfuerzas por reunir a los hijos e hijas del Señor, como la gallina reúne a sus polluelos bajo las alas? Y tú, en el camino del Señor, ¿te comportas como “gallina” que congrega, o como “polluelo” que necesita ser buscado?
Señor: quiero ser como esa gallina que busca incansablemente a “tus polluelos”. Anhelo profundamente trabajar para Ti. Concédeme un poco de tu fuerza, para mantenerme firme ante los vientos contrarios. Que sea tu voluntad la que trace la ruta, señale el tiempo y dé sentido al mensaje. Que no me importe perder esta vida por serte fiel, pues sé que ni la muerte podrá apartarme de Ti. Santos y santas de Dios, intercedan por nosotros.
¡Seamos santos!
Hna. Ángela Cabrera
Discípula Misionera por la Santidad

Hna. Ángela Cabrera.
Discípula Misionera por la Santidad
Espacio de reflexión de la Parroquia de los Santos Ángeles Custodios, que invita a realizar una pausa diaria en nuestras actividades cotidianas para dedicarlas a la oración del Evangelio, a través de la meditación y reflexión de la hermana Ángela Cabrera, Discípula Misionera por la Santidad.
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