MEDITACIÓN DE LAS LECTURAS: 31/10/25
(Rom 9,9-15; Sal 147; Lc 14,1-6)
XXX Viernes del Tiempo Ordinario.
PASAR HACIENDO EL BIEN
Hoy, viernes penitencial de la 30ª semana del Tiempo Ordinario, el Evangelio nos narra que, un sábado, Jesús entró en casa de uno de los principales fariseos para comer, y ellos lo estaban espiando. Detengámonos en esta escena. Jesús sabía lo que suponía entrar en ese lugar, con esas personas. Sin embargo, también allí debía llevar luz. El Señor, con la autoridad del Padre y la fuerza del Espíritu Santo, llegó con su identidad, discernimiento, propósito y misión, con la libertad propia de quien solo busca hacer el bien.
Jesús se encontró delante de un hombre enfermo de hidropesía; en otras palabras, padecía un edema, un acúmulo anormal de líquido que posiblemente hacía referencia a algún mal mayor en su cuerpo. Además, en aquel contexto, esta enfermedad se vinculaba al pecado. Por ello, el enfermo sufría múltiples dolores a la vez: físico, psicológico y social, a causa del rechazo. El pasaje no dice cómo apareció allí este hombre. Quizás se trataba de una trampa, una emboscada, motivada por los comentarios acerca de las curaciones que Jesús realizaba en sábado.
Tan solo con entrar Jesús en aquella casa y encontrarse con este hombre, ya se hacía evidente la artimaña. El Señor preguntó directamente a los líderes religiosos, conocedores y maestros de la Ley: “¿Es lícito curar en sábado, o no?”. Ellos se quedaron callados. Calla quien teme contradecirse. Los fariseos sabían bien quién era el que les preguntaba.
Cualquier respuesta que los fariseos hubieran dado a Jesús los habría dejado en evidencia ante todos. El orgullo no les permitió abrir la boca. Pero el Señor, actuando con plena convicción, no necesitó la aprobación de nadie. Sencillamente actuó. No le importó si aquello era una trampa; solo le interesaba hacer el bien. Y aquel pobre enfermo salió ganando, aunque lo hubieran utilizado como carnada para hacer caer a Jesús.
La compasión y la dignidad del ser humano no tienen horario ni calendario. La misericordia del Señor acontece en todo momento. Por eso, Jesús, al tocar al enfermo, lo curó y lo despidió. Es un detalle importante: Jesús lo despidió. Lo rescató de la incomodidad, de las miradas curiosas, de la exposición. Lo liberó, al mismo tiempo, de la confrontación que se abriría con los fariseos. Aquel hombre doliente, al recibir la sanación, no tuvo siquiera la oportunidad de agradecer públicamente. Fue testigo, en su propia vida, de cómo el Señor pasaba haciendo el bien por los caminos. Obedeció y se marchó con salud, libertad y dignidad.
Estando Jesús a solas con los fariseos, les dirigió la enseñanza: “Si a uno de ustedes se le cae al pozo el hijo o el buey, ¿no lo saca enseguida, aunque sea sábado?”. Una vez más, los fariseos se quedaron sin respuesta.
La veracidad con la que Jesús se sitúa en el Evangelio se refleja también en la actitud del apóstol Pablo en su carta a los Romanos. Él se expresa con transparencia, desde una conciencia iluminada por el Espíritu Santo. Manifiesta su dolor y su preocupación por los hermanos israelitas, pues, habiendo recibido privilegios y tantas gracias, muchos no se decidieron por Cristo ni abrazaron la fe en Él. Estos sentimientos de Pablo siguen evangelizando hoy: no se conforma con su propia fe, sino que desea ardientemente que, además de los extranjeros, también sus hermanos según la carne se conviertan de corazón.
Preguntas que llevan al silencio: ¿Qué has aprendido de la actitud de Jesús? ¿Notaste cómo mantuvo su libertad interior y su convencimiento, aun delante de personas influyentes y de opinión contraria? ¿Te preparas con anticipación antes de sentarte a la mesa con quienes tienen valores distintos? ¿Con qué grupo te identificas: con los que observan para acusar a quien hace el bien en sábado, con el enfermo que es utilizado por los fariseos, o con Jesús, que busca rescatar a todos?
¿Qué postura asumes ante las necesidades de los demás? ¿Buscas fundamentos para hacer el bien o argumentos para detener el proceso de liberación? ¿Cómo nos enseña Jesús el valor de la dignidad humana? ¿Eres también defensor o defensora de los más pobres? ¿Tu palabra y tu actitud rescatan al desvalido? ¿Acumulas argumentos para hacer el bien o lo realizas con sencillez? ¿Se te ha pasado alguna vez la oportunidad de practicar la caridad por estar calculando demasiado? ¿De qué manera ilumina tu vida la enseñanza de Jesús?
Señor, gracias por permitirme caminar contigo. Camino contigo cuando guardo tu Evangelio en mi corazón, cuando dejo que tus enseñanzas sean faroles para mis pasos. Dame, Señor, el discernimiento necesario para responder, según tu voluntad, a las diversas realidades cotidianas. Que no sea una persona rebelde, de aquellas que actúan solo para provocar. Haz que, en ti, pueda ser una persona compasiva, movida por la libertad de amar y servir.
¡Seamos santos!
Hna. Ángela Cabrera
Discípula Misionera por la Santidad

Hna. Ángela Cabrera.
Discípula Misionera por la Santidad
Espacio de reflexión de la Parroquia de los Santos Ángeles Custodios, que invita a realizar una pausa diaria en nuestras actividades cotidianas para dedicarlas a la oración del Evangelio, a través de la meditación y reflexión de la hermana Ángela Cabrera, Discípula Misionera por la Santidad.
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