MEDITACIÓN DE LAS LECTURAS: 14/11/25

Hoy, viernes de la XXXII semana del Tiempo Ordinario, el evangelio nos habla y describe cómo será la llegada del fin de los tiempos. Como punto de partida, el Señor recuerda los días de Noé y los días de Lot. Pertenecían a pueblos que vivían a su manera, al margen de Dios. Enceguecidos y desenfocados, dichas poblaciones comían, bebían, compraban, vendían, se casaban… En fin, estaban sumergidos en su vida cotidiana, pero sin percatarse del sentido profundo de la existencia. Desprevenidos, les llegó la destrucción. Con todo, una pequeña comunidad fiel fue rescatada y salvada.

Lo mismo sucederá cuando se manifieste el Hijo del hombre. El camino de gracia y conversión no se improvisa. Quien no haya sembrado no tendrá nada para cosechar. Por eso, las imágenes que el texto utiliza: si uno está en la azotea y tiene sus cosas en casa, que no baje por ellas; si uno está en el campo, que no vuelva. En el juicio no necesitarás nada material; bastará tu persona, totalmente desarmada. En ese justo momento se comprenderá que el único sostén y apoyo verdadero es la bondad y la misericordia de Dios.

La referencia a la mujer de Lot que, mientras iban de camino, miró atrás y se convirtió en estatua de sal, nos recuerda que no hemos de tener añoranzas ni apegos a las cosas caducas de esta vida. Aferrarse a las posesiones roba espacio a la fe. El camino del Señor exige confianza, abandono al misterio y seguridad en su promesa. Hay muchas cosas en la vida que tientan con detener la mirada en el futuro y estancan la atención en el presente sin Dios. El alma de la persona con estas características también se tulle.

El evangelio continúa afirmando: “El que pretenda guardarse su vida, la perderá; y el que la pierda, la recobrará”. Es inútil que la persona ambicione asegurar la vida, como si esta fuera un recurso material. La vida del ser humano es un don que ha recibido para custodiar y orientar correctamente. Es inútil el intento de asegurarla, porque en esta tierra el peregrinar humano es transitorio. En este sentido, la vida depende de Aquel que la creó. Sabiduría es saberlo y tomar decisiones honestas; no reconocerlo es ignorancia y necedad. Por tanto, lo más prudente, en valor cristiano, es dar la vida en gratitud a Aquel que la creó. Porque en la vida y en la muerte estarán, criatura y Creador, siempre unidos. Es la forma de ganarla para siempre.

Cuando el pasaje del evangelio dice: “Estarán dos en una cama: a uno se lo llevarán y al otro lo dejarán; estarán dos moliendo juntas: a una se la llevarán y a la otra la dejarán”, estas imágenes recuerdan que el encuentro definitivo con el Señor es personalizado, auténtico y particular. Aunque dos personas compartan el mismo techo, la misma tarea o la misma misión, no significa que hayan tenido la misma realidad interior en lo que atañe al corazón y a la conversión. Los que son llevados son quienes han permanecido en gracia, y los que son dejados son aquellos que necesitan pasar por el tribunal de la misericordia.

El texto cierra con un versículo que ha sido sometido a varias interpretaciones. Le preguntan a Jesús: “¿Dónde, Señor?”. Es decir, los oyentes quieren saber dónde sucederá esto. Pero Él no responde con un lugar específico. No habla de geografía. Sencillamente asegura: “Donde se reúnen los buitres, allí está el cuerpo”. Por el hilo conductor de la reflexión puede considerarse que donde está el pecado, la maldad y las maquinaciones, allí llegará una autoridad mayor a poner orden. El Señor llega para sanar, purgar, corregir, enderezar, rescatar y salvar.

El mensaje central del día es que todos y todas estemos preparados, vigilantes y atentos, sin desenfocarnos, especialmente en este momento de la historia. La corriente arrastra y lleva; hay que agarrarse fuerte de Cristo, ir de la mano con la Santísima Virgen María para permanecer firmes en la fe y la esperanza. Que no nos sorprenda el fin estando nosotros desprevenidos. El fin también se vislumbra cada vez que partimos de este mundo, sin saber cómo ni cuándo.

Le preguntaron a Santo Domingo Savio: “¿Qué harías si supieras que el mundo se acaba?”. El jovencito respondió: “Seguiría jugando”. Mientras otros dijeron: “Yo iría a confesarme… me iría a perdonar y a pedir perdón…”, esa alma inocente sostuvo que seguiría jugando, porque cada instante de su vida lo había vivido como si fuera el último. Estaba preparado para partir y no temía a la muerte.

Preguntas que llevan al silencio: ¿Tú estás preparado, preparada para morir? ¿Para cuándo estás dejando esta preparación? ¿Qué significa esta preparación? ¿Y qué responderías tú a esa pregunta hecha a Domingo Savio? ¿Seguirías en tu vida cotidiana? ¿Con qué niveles de sinceridad, veracidad y transparencia estás llevando la vida? ¿Has renunciado definitivamente a toda malicia, maldad y pecado? ¿Te esforzarías por vivir en gracia por amor a Cristo o por miedo al juicio?

Señor, como nos enseña la sabiduría, no permitas que mi corazón sea ambicioso ni que mis ojos se deleiten en vanidades pasajeras. Arranca de raíz cualquier dispersión que amenace la centralidad que deseo tener en ti. Tú, que eres autor de la belleza, no admitas que me quede estática contemplando las criaturas sin que estas me lleven a Ti, su Creador. Deseo saborear tu ser en esta existencia y vivir naturalmente para ti, para servirte en los más necesitados. Si el cielo proclama tu gloria, Señor, yo también quiero proclamar tu mensaje. Que pueda predicar con el micrófono y que pueda predicar sin hablar, en todo momento. No me escondas tu rostro, Señor, donde mi alma se alimenta y se sostiene. Yo también quisiera seguir predicando si me dicen que ha llegado la hora.

¡Seamos santos!

Hna. Ángela Cabrera
Discípula Misionera por la Santidad


Hna. Ángela Cabrera.

Discípula Misionera por la Santidad

Espacio de reflexión de la Parroquia de los Santos Ángeles Custodios, que invita a realizar una pausa diaria en nuestras actividades cotidianas para dedicarlas a la oración del Evangelio, a través de la meditación y reflexión de la hermana Ángela Cabrera, Discípula Misionera por la Santidad.

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Publicado por PASTORAL DIGITAL PSAC

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