MEDITACIÓN DE LAS LECTURAS: 16/11/25
(Mal 3,19-20; Sal 97;2Tes 3,7-12; Lc 21,5-19)
XXXIII Domingo del Tiempo Ordinario
TRES ORIENTACIONES
SOBRE EL FINAL DE LOS TIEMPOS
Este Domingo XXXIII del Tiempo Ordinario, la Iglesia celebra la Jornada Mundial de los Pobres. Se invita a todos los fieles a la caridad con los pobres materiales, espirituales y existenciales.
A su vez, el conjunto de las lecturas nos habla del final de los tiempos. La liturgia nos ayuda a reflexionar, en esta etapa casi al cierre del presente ciclo litúrgico, para introducirnos en el Adviento. Nos motiva a prepararnos, no solo para el fin del Tiempo Ordinario, sino para el verdadero fin de la historia, que culmina en el Reino de Dios.
El Evangelio recoge tres orientaciones que el Señor ofrece a sus discípulos. En ellas nos apoyaremos para esta meditación.
“Que nadie los engañe” (vv. 5-11). Algunos estaban ponderando la belleza del templo, su majestuosidad, su construcción, la calidad de sus piedras y de los exvotos. Hasta este detalle tuvo presente el Señor para advertirles que no se dejaran engañar: “Llegará un día en que no quedará piedra sobre piedra”. Ante la tentación de deslumbrarse, no perciben que un día nada de eso permanecerá, pues todo lo material es pasajero. También la apariencia engaña. Impactados, los discípulos preguntan: “¿Cuándo va a ser esto? ¿Y cuál será la señal de que todo esto está para suceder?”.
El Señor, ante la inquietud, les advierte: “Que nadie los engañe”. Les anuncia que vendrán falsos profetas y falsas profecías, intentando interferir en los planes secretos de Dios. Pero el creyente solo ha de sostenerse y confiar en su Palabra. Lo dice con claridad: no corran tras líderes que infunden pánico o terror. Con estas palabras comprendemos que el cristiano y la cristiana han de ser personas de oración y discernimiento.
El pasaje describe signos que alertan sobre el final: guerras, revoluciones, divisiones entre naciones y gobiernos, terremotos, hambres y pestilencias. Sin embargo, el fin no llegará inmediatamente al constatar estos signos. Ellos evocan un acontecimiento mayor: alerta y preparación ante el final de los tiempos.
“Den testimonio de mí” (vv. 12-18). La clave de esta enseñanza no está en que nos afanemos por saber el día y la hora del fin, sino en que demos testimonio de Cristo y nos dediquemos a la construcción del Reino. Este compromiso, como se refleja en el pasaje, traerá persecuciones, oposiciones e incluso el martirio. Sin embargo, junto con estas contrariedades también llega el don de la fortaleza. El Señor permanece para siempre con quienes han creído en su nombre. Por tanto, Él acompaña la misión, se hace responsable y sostiene a los que ha llamado.
Mientras vamos de camino, en la misión y en el seguimiento, aconseja san Pablo, de manera sapiencial, en la segunda lectura, que todos debemos trabajar, como él mismo dio testimonio. Se trata de ganarse el pan y no vivir del cuento. En una frase se puede sintetizar su enseñanza: “El que no trabaje, que no coma”.
“Sean perseverantes” (v. 19). El Señor lo ha afirmado: “Con su perseverancia salvarán sus almas”. La perseverancia en Cristo consiste en esforzarse por permanecer en Él, con una voluntad firme, sin abandonar la meta, sin perder la paciencia y asistidos por el Espíritu Santo. Para santa Catalina de Siena, nada bueno se logra sin perseverancia. Según esta Doctora de la Iglesia, la virtud se adquiere mediante la oración humilde, continua y fiel, sin distraerse con las más sutiles tentaciones del enemigo.
La primera lectura del día, tomada del profeta Malaquías, también fundamenta el sentido de la perseverancia: los que sean fieles hasta el final brillarán con el Sol de justicia. En la doctrina de Catalina de Siena, Dios es ese Sol, de donde procede el Hijo y el Espíritu. Ese Sol no se ensucia con inmundicia alguna y no pierde su luz por las tinieblas. Quienes se esfuerzan por caminar en gracia y fidelidad participan, desde ahora, de las propiedades de ese Sol y del fuego de su caridad.
Preguntas que llevan al silencio: ¿Te consideras una persona de discernimiento? ¿Cómo entiendes el discernimiento? ¿Sabes diferenciar lo bueno de lo malo, y aquello que tiene apariencia de bien pero no lo es? ¿Qué características poseen las palabras que te convencen? ¿A quién estás creyendo en este momento de tu vida? ¿Te dejas engañar con facilidad? ¿Qué se entiende por conciencia crítica? ¿Abres un margen al misterio y a la fe, o exiges tenerlo todo claro? ¿Tu vida testimonia a Jesús? ¿Qué estás haciendo por el Reino? ¿Cómo te sitúas ante las persecuciones? ¿Los vientos contrarios y los escándalos debilitan tu fe? ¿Cómo está tu perseverancia, tu paciencia y tu fidelidad?
Santos y santas de Dios: rueguen por nosotros.
Hna. Ángela Cabrera
Discípula Misionera por la Santidad

Hna. Ángela Cabrera.
Discípula Misionera por la Santidad
Espacio de reflexión de la Parroquia de los Santos Ángeles Custodios, que invita a realizar una pausa diaria en nuestras actividades cotidianas para dedicarlas a la oración del Evangelio, a través de la meditación y reflexión de la hermana Ángela Cabrera, Discípula Misionera por la Santidad.
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