MEDITACIÓN DE LAS LECTURAS: 24/11/25
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XXXIV Lunes del Tiempo Ordinario
DARLO TODO POR JESÚS
Hoy, lunes de la semana XXXIV del Tiempo Ordinario, la Iglesia celebra la memoria de san Andrés Dung-Lac y de 116 compañeros mártires. Esta memoria, al final del Año Litúrgico, nos confirma la necesidad de entregarlo todo al Señor.
Los mártires de este día representan uno de los grupos más numerosos canonizados en la Iglesia Católica. Fueron asesinados entre 1745 y 1862 durante la persecución anticristiana en Vietnam. Ser fiel a Cristo, en aquel contexto, significaba aceptar torturas y la misma muerte terrenal. Entre ellos se contaban 8 obispos, 50 sacerdotes y 59 laicos comprometidos. El testimonio de estos mártires fue semilla fecunda para el crecimiento de nuevos cristianos.
El patrón principal del grupo, san Andrés Dung-Lac -nombre que significa “gloria resplandeciente”-, nació de padres no creyentes. En su infancia fue vendido como esclavo, pero conoció el cristianismo gracias a algunos catequistas. Fue bautizado en 1823 y se preparó para el sacerdocio, recibiendo la ordenación en 1828. Aunque fue arrestado varias veces en el ejercicio de su ministerio pastoral, finalmente fue decapitado el 21 de diciembre de 1839, a los 44 años de edad.
Los compañeros mártires soportaron muertes variadas, pero terriblemente crueles. Resistieron el suplicio sostenidos por las enseñanzas del Señor: “A todo aquel que me niegue delante de los hombres, yo también lo negaré delante de mi Padre que está en los cielos (Mt 10,33)”. Luego de haber sido beatificados en grupos, el papa Juan Pablo II los canonizó colectivamente en 1988. Fue, en ese momento, la canonización más grande de la historia.
Estos acontecimientos nos confrontan con nuestra fe hoy, con nuestra manera de vivir el compromiso con Jesús. Que estos mártires nos inspiren a tomarnos al Señor en serio y a vivir nuestra vocación con autenticidad, entregándolo todo por Jesús.
De esto nos hablan las lecturas del día. En la primera, tomada del libro de Daniel, se nos presenta el ejemplo de cuatro jóvenes: Daniel, Ananías, Misael y Azarías. Ellos fueron escogidos entre los israelitas para servir al rey invasor, Nabucodonosor. Debían someterse a formación y alimentación conforme a criterios paganos. Providencialmente, lograron mantenerse íntegros en su interior, sin aceptar banquetes ajenos a sus principios. Alimentándose según sus costumbres y su fe, alcanzaron la bendición de Dios.
Más allá de la buena apariencia, aquellos jóvenes fueron dotados de gran conocimiento y lucidez. Porque nuestro Señor nunca se deja ganar en generosidad. Ellos lo entregaron todo a Dios, y Dios les concedió lo bueno, lo santo y lo puro que Él tenía para dar. Dios también se da por entero. Él no es mezquino con nadie, y menos con quienes lo aman, lo respetan y lo sirven.
En el evangelio, una mujer viuda y pobre recibe el elogio de Jesús. La edad no es impedimento para la acción divina. Ella estaba en el templo. Para muchos pasó desapercibida, pero no para el Señor, que se dejó atraer por su valioso y hermoso gesto.
Mientras muchos ricos, en el templo, ofrecían donativos que les sobraban -sin que implique sacrificio ni confianza-, la viuda entregó sus únicas dos monedas. Eran las de menor valor en la economía de la época. “De su pobreza, ofreció todo lo que tenía para vivir”. Ahí está la diferencia abismal en lo referente al valor de lo ofrecido. El valor no se mide por la cantidad, sino por el sentido, la fe, la bondad del corazón, el desprendimiento desinteresado y la pureza de intención. Estas actitudes, en su conjunto, atraen la mirada del Señor, y en ellas se recrea. Con su mirada, Jesús le sonríe. Una viuda, en aquella sociedad judía que dependía de la caridad de los demás, intentó vivir la caridad con Dios.
Preguntas que llevan al silencio: ¿Cómo estás viviendo tu fe? ¿Qué estás dando al Señor de ti? ¿Te estás entregando en porcentajes? ¿Sabías que lo que das al Señor es porque Él ya te lo ha regalado primero? ¿Estás dando de lo que tienes para vivir? ¿Qué significa dar de aquello que nos sobra? ¿Por qué dar poco significa amar poco? ¿Qué habita, o quién habita, en el corazón de la persona que, sin regatear, se da por entero? ¿Sabías que Dios espera que despojes todo lo innecesario de tu corazón para poder habitarlo? ¿Qué dirá Jesús de la entrega de tu vida al servicio de los más necesitados?
Señor, como el salmo del día, yo también quiero recitar en oración que tú eres bendito y que tu nombre es glorioso. A ti la gloria y la alabanza por los siglos. ¿Qué pudiera negarte, Señor, si todo lo bueno que tengo ha venido por pura misericordia tuya? Deseo abrir no solo las manos, sino también el corazón y la voluntad, para que se una a la tuya. Tú, que eres fuente de toda generosidad, enséñame a entregar todo lo que tengo para vivir. Que, conforme se vayan consumiendo mis días, otros puedan beber del agua que tú dejas correr para regar, con amor, el valle de la fe.
Nos unimos en oración por los hermanos y las hermanas martirizados en Nigeria..
¡Seamos santos!
Hna. Ángela Cabrera
Discípula Misionera por la Santidad

Hna. Ángela Cabrera.
Discípula Misionera por la Santidad
Espacio de reflexión de la Parroquia de los Santos Ángeles Custodios, que invita a realizar una pausa diaria en nuestras actividades cotidianas para dedicarlas a la oración del Evangelio, a través de la meditación y reflexión de la hermana Ángela Cabrera, Discípula Misionera por la Santidad.
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