MEDITACIÓN DE LAS LECTURAS: 27/11/25
(Dn 6,11-27;Sal/Dn 3,68-74; Lc 21,20-28)
XXXIV Jueves del Tiempo Ordinario
DIOS PERMANECE PARA SIEMPRE
Hoy, jueves de la semana XXXIV del Tiempo Ordinario, última semana del Año Litúrgico, las lecturas conservan un tono que nos remite a los tiempos futuros, a la intervención del Señor en la historia. Nos recuerdan, una vez más, a quién debemos servir con fidelidad mientras aguardamos su venida.
La primera lectura, tomada del libro de Daniel y expresada en lenguaje apocalíptico, nos exhorta a permanecer firmes en la fe, en los valores espirituales y en las enseñanzas recibidas. Este joven, aun estando en el exilio en Babilonia, no se dejó seducir por propuestas engañosas, aunque se presentaran revestidas de prestigio y poder.
En el relato, el rey Darío había promulgado un decreto que prohibía la oración durante treinta días. Sin embargo, Daniel llevaba en su corazón la certeza de que se debe obedecer a Dios antes que a los hombres. Por ello, continuó orando al Señor según sus costumbres judías. Al ser denunciado, el rey, aunque con pesar, cumplió su palabra. Daniel fue condenado y arrojado al pozo de los leones.
Hoy son muchos los “pozos de leones” que amenazan con devorar la fe de nuestra gente. Las más vulnerables son aquellas vacilantes, que no se han fortalecido con la oración, la perseverancia y la vida sacramental en una comunidad comprometida. Estos pozos engullen, de un solo bocado, la fe, como si fuera un alimento ligero, relleno de consumismo, vanidad y apariencia. La fe agoniza cuando se debate entre la fidelidad a sus convicciones y el deseo de agradar a los demás, especialmente a quienes aparentan ofrecer algún beneficio. El afán por seguir la moda y olvidar las propias raíces provoca una verdadera agonía espiritual. Cuando alguien así se aproxima al “pozo del león”, sencillamente cae, sin saber de qué sostenerse.
En el relato bíblico, cuando Daniel fue arrojado al pozo, el Señor, en su misericordia, envió a sus ángeles para protegerlo. Esta imagen nos habla de la respuesta de Dios al corazón humano que permanece fiel a Él. Daniel nos recuerda, a ti y a mí, que no debemos bailar “la música” impuesta ni seguir “la moda sin sentido” que no queremos, por temor a ser diferentes. Se requiere valentía, porque Dios mismo defiende, de una u otra manera, al inocente. Él no defrauda la confianza ni la esperanza. Nadie piense que pierde al agradar a Dios en todo momento. El mismo rey que había ordenado echarlo al pozo fue el primero en reconocer quién era Dios y quién era Daniel, su servidor.
Ante el testimonio de Daniel, el rey terminó ordenando: “…mando que en mi imperio todos respeten y teman al Dios de Daniel. Él es el Dios vivo que permanece siempre. Su Reino no será destruido… Él salva y libra… Salvó a Daniel de los leones”.
En el Evangelio, Jesús aparece enseñando sobre el final de los tiempos y la futura destrucción de Jerusalén, incluso de su templo. Una vez más se nos invita a tomar conciencia frente a las distracciones, porque todo lo que parece sólidamente fortificado, todo lo que ha sido levantado con manos humanas, pasará. Pasará la prepotencia, la arrogancia; permanecerá el Señor, y con Él todos aquellos que depositen su confianza en su Palabra.
Cada día el Evangelio es proclamado, y no se puede endulzar la profecía ni acostumbrarse a escucharla con indiferencia. Es necesario abrir los oídos del corazón, porque solo así se acoge la Palabra con la seriedad que merece. En el pasaje, incluso los elementos de la naturaleza se conmueven ante la voz del Señor, pues su sentencia, pronunciada con autoridad divina, no se limita a Jerusalén, sino que alcanza a todos los vivientes de la tierra. El único lugar seguro, que no puede improvisarse como refugio a última hora, es el corazón misericordioso de Dios. Él aguarda por ti ahora mismo.
Preguntas que llevan al silencio: De la misma manera en que se cierra este Año Litúrgico, ¿tú sabes cerrar capítulos en tu vida? ¿Tú sabes abrir, en tu historia personal, nuevos relatos, nuevos caminos? ¿Quién está dirigiendo tu vida? ¿La voluntad de quién estás haciendo? ¿Qué has aprendido de Daniel en las lecturas de estos días? ¿Qué significa para ti ser fiel a Dios? ¿Tus principios creyentes se han visto amenazados? ¿Dónde identificas las amenazas a tu fe? ¿Te has visto en riesgo de caer en el “pozo de los leones”? ¿Con quién cuentas para que te dé una mano y te rescate del pozo del fracaso? ¿Cuál es tu refugio seguro?
Señor, sabiendo que todo pasa, no quiero apartar de Ti mi base ni mi soporte. Necesito asentar mi vida en tu divina misericordia. Mantén mis ojos fijos, centrados y anclados en tu presencia. Cuando Tú revelas el tesoro verdadero, las distracciones se desvanecen de inmediato. Todo es vanidad si Tú no estás presente. Entrego mi ser, el mismo que Tú me diste, a tu santísima voluntad. Que, mientras transcurren los días, me abrace siempre la fidelidad. No busco nada fuera de Ti, porque Tú eres, Señor y Rey, el fundamento que sostiene mi perseverancia, el aliento que me impulsa a levantar la cabeza. Contigo se acerca nuestra liberación, y en Ti se renueva la esperanza.
¡Seamos santos!
Hna. Ángela Cabrera
Discípula Misionera por la Santidad

Hna. Ángela Cabrera.
Discípula Misionera por la Santidad
Espacio de reflexión de la Parroquia de los Santos Ángeles Custodios, que invita a realizar una pausa diaria en nuestras actividades cotidianas para dedicarlas a la oración del Evangelio, a través de la meditación y reflexión de la hermana Ángela Cabrera, Discípula Misionera por la Santidad.
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