MEDITACIÓN DE LAS LECTURAS: 04/12/25
(Is 26,1-6; Sal 117;Mt 7,21.24-27)
Primer jueves de Adviento
SAN JUAN DAMASCENO
Hoy, primer jueves de Adviento, celebramos la memoria obligatoria de san Juan Damasceno, presbítero y doctor de la Iglesia. Nació en Damasco hacia el año 676, en el seno de una familia siria o árabe. Se formó en filosofía y teología en Constantinopla, bajo la guía de un monje llamado Cosmo, llevado como esclavo a Siria. De aquella relación profunda brotó, con el paso de los años, la decisión de abandonar la vida cortesana e iniciarse en la vida monástica, con el deseo ardiente de vivir el Evangelio en su radicalidad. Para ello se despojó de todo, abrazando a Aquel que es el Todo: repartió sus bienes entre los pobres, concedió libertad a sus siervos y emprendió numerosas peregrinaciones a pie por la tierra santa de Palestina, patria de Jesús.
Junto a su hermano abrazó la vida monástica. Fue ordenado presbítero y recibió el encargo de predicar en la Basílica del Santo Sepulcro de Jerusalén. Allí transcurrió la mayor parte de su existencia, entregado a la oración, a la meditación de la Sagrada Escritura y a las obras de caridad. Su amor por Cristo fue creciendo sin cesar, hasta madurar en una fe luminosa que inspiraba y fortalecía a quienes lo escuchaban y acompañaban.
En tiempos de san Juan Damasceno, la veneración de las imágenes sagradas no estaba aún muy difundida entre los cristianos. Pesaba la manera en como la tradición del Antiguo Testamento, que prohibía hacerse imágenes de Dios, era interpretada literalmente: “No harás escultura ni imagen alguna de lo que hay arriba en el cielo, o aquí abajo en la tierra…” (Ex 20,4). A ello se sumaba la prohibición del emperador bizantino León Isauro contra el culto de las imágenes. En este contexto, Juan, por encargo del papa Gregorio III, asumió la misión de fundamentar su verdadero sentido espiritual.
La inspiración principal de Juan Damasceno fue ofrecer formación a los fieles, enseñándoles a contemplar las imágenes desde la fe y a interpretarlas a la luz de la Sagrada Escritura. El núcleo de su argumento era luminoso: “Si el Hijo de Dios se había manifestado como hombre y si de invisible se había hecho visible, de carne y hueso, entonces Jesús era la imagen divina que representaba y hacía presente corporal y visiblemente al mismo Dios invisible” (Col 1,15).
San Juan Damasceno distinguió con claridad entre la adoración -reservada únicamente a la Santísima Trinidad- y la veneración, que puede expresarse a través de una imagen como medio para dirigirse al representado. Sus tres discursos contra los que calumniaban las santas imágenes contienen frases luminosas que han quedado como referencia en la tradición de la Iglesia:
“No adoro la materia, sino al Creador de la materia.” “Quienes nos acusan de idolatría no comprenden que veneramos las imágenes no como dioses, sino como recordatorios vivos de la salvación encarnada. Así como se besa la carta de un amigo ausente, así honramos la imagen del Amigo celestial.” “Las imágenes sagradas son ventanas abiertas al cielo que nos conducen a Dios.” “Las imágenes son libros para los sencillos, que en ellas aprenden lo que no pueden leer en los escritos.” “La imagen es memorial y representación de lo que ha acontecido y de lo que ha de venir.” “Las imágenes son predicación silenciosa y constante, que instruye sin palabras.”
Por la hondura de su teología y por las riquezas que ofreció a la Iglesia de Oriente, el papa León XIII lo declaró Doctor de la Iglesia en el año 1890.
El conjunto de las lecturas de este día nos introduce en las profundidades de la fe mediante imágenes literarias. El profeta Isaías nos habla del sueño de Dios para toda la humanidad y la creación, presentándolo como “la Roca perpetua”. El Salmo nos revela “la puerta del Señor”, por la cual entrarán los vencedores.
El Evangelio, por su parte, nos ofrece la imagen de la persona sabia: aquella que “edifica su casa sobre roca”. Dios es la Roca. Por eso, ni vientos ni tempestades pueden hundirla o derrumbarla. En cambio, la persona necia es la que “construye sobre arena”, lo cual remite a la pereza, a la dejadez y a la opción por la comodidad. Sin embargo, en tiempos de tormenta, esa elección desemboca en el hundimiento total. Estas imágenes literarias enriquecen nuestra fe e iluminan los sentidos, abriendo caminos de comprensión y de esperanza.
Preguntas que llevan al silencio: ¿En qué sentido te ayuda una imagen sagrada en tu vida de oración? ¿Por qué dichas imágenes pueden relacionarse con un catecismo o con una catequesis? ¿Conoces el sentido de la imagen de la Corona de Adviento? ¿Cómo interpretas cada uno de los elementos que la componen? ¿Sabías que el Señor mira la pureza del corazón y respeta la manera más eficaz con la cual la persona se dirige a Él? ¿En quién piensa la persona que ora frente a una imagen? ¿En quién piensa quien critica al que hace oración frente a una imagen? ¿Por qué la imagen de la Virgen María hace que la tengas más presente y que cuentes con ella como Madre y Protectora?
Virgen María: cuando pienso en ti recuerdo el sufrimiento de una madre buena. Pero también me evocas la dulzura y el consuelo que recibes de los hijos e hijas que te respetan, te admiran y te veneran como Madre del Salvador y Madre nuestra. Contemplarte en una imagen custodia la estrecha relación que hemos cultivado. Mis ojos se detienen ante una tu pintura sagrada y, de inmediato, un rayo de paz ilumina mi corazón. Tu presencia me inspira confianza y abandono en el Señor. Me hace tanto bien tu rostro sereno, marcado por el silencio contemplativo y el recogimiento interior. Me conduces al centro y te siento cercana. ¡Cuánto bien me haces, Madre querida, pozo de santidad y de gracia! Me confío a tus cuidados, porque contigo el camino hacia Jesús no conoce extravío. Tu nombre y tu persona están santamente grabados en mi memoria y en mi corazón..
¡Seamos santos!
Ángela Cabrera
Discípula Misionera por la Santidad

Hna. Ángela Cabrera.
Discípula Misionera por la Santidad
Espacio de reflexión de la Parroquia de los Santos Ángeles Custodios, que invita a realizar una pausa diaria en nuestras actividades cotidianas para dedicarlas a la oración del Evangelio, a través de la meditación y reflexión de la hermana Ángela Cabrera, Discípula Misionera por la Santidad.
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