MEDITACIÓN DE LAS LECTURAS: 12/12/25
(Is 35,1-6ª.10;Sal 145; St 5,7-10; Mt 11,2-11)
Tercer Domingo de Adviento
¡ESPERAMOS ALEGRES TU VENIDA!
Este Tercer Domingo de Adviento, es conocido como “el Domingo de Gaudete”, que significa “¡alégrense!”, “¡regocíjense!”. El nombre proviene de la primera oración de la Misa de este domingo que, a su vez, se encuentra en Filipenses 4,4-5. Aquí Pablo dice a los cristianos de todos los tiempos: “Alégrense siempre en el Señor; se lo repito, alégrense. El Señor está cerca”.
Este Domingo nos invita a una parada necesaria en medio de la espera, para recuperar el sentido y el fundamento de la alegría. Solo faltan dos semanas para la Navidad. Esta conciencia despeja toda tristeza o posibles amarguras, porque el Salvador viene en camino. Por esto, vamos a ver que el sacerdote no usa el color morado, penitente, sino el rosa; además se podrán colocar algunas flores para decorar el templo. Estas flores, a su vez, nos evocan las virtudes que han de brotar desde nuestro jardín interior, si nos preparamos bien para la venida del Señor.
Nos recordó el papa Francisco en Evangelii Gaudium 1: “La alegría del Evangelio llena el corazón y la vida entera de los que se encuentran con Jesús. Quienes se dejan salvar por Él son liberados del pecado, de la tristeza, del vacío interior, del aislamiento. Con Jesucristo siempre nace y renace la alegría”.
El conjunto de las lecturas de hoy, nos hablan y puntualizan los motivos de esta alegría:
En Isaías la profecía es casi realidad. Hasta la creación se alegra y florece porque testimonia la gloria y la belleza del Señor. Los débiles se fortalecen, se robustecen las rodillas vacilantes. Se evidencian sanaciones y liberación: los ciegos ven, los sordos oyen, los cojos saltan, los mudos hablan… porque a todos y a todas alcanzará la misericordia del Señor. La pena y la aflicción se alejan, mientras llegan los cantos y la alegría perpetua.
La segunda lectura, tomada del apóstol Santiago, también nos fundamenta los motivos de la alegría. Una imagen llena de esperanza es la del labrador que aguarda el fruto de la tierra. De igual manera, la comunidad de creyentes, ha de esperar con la virtud de la paciencia esta venida. La pertenencia a una comunidad es vital para fortalecer el corazón y superar el vicio de la queja.
El Evangelio nos presenta a Juan, encarcelado. Manda a preguntar a Jesús: “¿Eres tú el que has de venir o tenemos que esperar a otro?”. La respuesta del Señor nos muestra los signos de su presencia entre nosotros. Como lo anunció Isaías, y mucho más: “los ciegos ven, los inválidos andan; los leprosos quedan limpios y los sordos oyen; los muertos resucitan, y a los pobres se les anuncia la Buena Nueva”.
Dichosa la persona que no se sienta defraudada con la propuesta salvadora de nuestro Señor. Feliz quien se alegre por lo que Él se alegra, quien asuma su causa, porque habrá encontrado la verdadera razón de existir. Una persona dichosa, a criterio de Jesús, es Juan el Bautista, más que un profeta. Su vida nos inspira a llevar esperanza a los demás; invita a una nueva manera de vivir, para recibir al Señor que llega.
El Salmo 145 también está en sintonía con la espiritualidad de este Tercer Domingo de Adviento. El orante se alegra porque el “Señor mantiene su fidelidad perpetuamente”. Sus palabras no caen al vacío. Con Él viene la justicia, la salvación. Es un gozo contemplar a Dios actuando a favor de los más necesitados y rompiendo las cadenas de esclavitud.
Preguntas que llevan al silencio: ¿Dónde nace tu alegría; de qué esta depende? ¿Cuáles son las falsas alegrías que intenta vender el mundo consumista de hoy? ¿Sé atravesar pacientemente procesos de tristeza sin perder la honda alegría?¿Cómo mantener el corazón en regocijo?¿Por qué no puede haber felicidad al margen del Señor? ¿De qué manera florece tu alma cuando le das vitaminas espirituales? ¿Qué está amenazando tu alegría? ¿El proceso de conversión en este Adviento, te causa tristeza o alegría?¿Tu vida inspira alegría en los demás? ¿Tú puedes señalar a los demás el camino de la perfecta alegría? ¿Por qué la alegría tiene fuerza evangelizadora?
Señor, he rodado mucho, he alcanzado metas, he cruzado puentes… solo pude decir que llegué, cuando me encontré contigo. Todo ha sido pobreza sin ti. Ahora, Señor, eres innegociable. Se asentó mi corazón en tu presencia. Quisiera, Señor, ser voz sin voz, que anuncie y señale, en la humildad de cada día, dónde está la naciente de la alegría perfecta. Que contigo, Señor, llegue la paz y la alegría para el mundo entero.
¡Seamos santos!
Ángela Cabrera
Discípula Misionera por la Santidad

Hna. Ángela Cabrera.
Discípula Misionera por la Santidad
Espacio de reflexión de la Parroquia de los Santos Ángeles Custodios, que invita a realizar una pausa diaria en nuestras actividades cotidianas para dedicarlas a la oración del Evangelio, a través de la meditación y reflexión de la hermana Ángela Cabrera, Discípula Misionera por la Santidad.
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