MEDITACIÓN DE LAS LECTURAS: 15/12/25
(Nm 24,2-7.15-17ª;Sal 24; Mt 21,23-27)
Lunes de la tercera semana de Adviento
¡OJOS ABIERTOS!
Hoy, lunes de la tercera semana de Adviento, las lecturas nos invitan a centrar aún más la mirada en la venida del Señor. Nos llaman a mantener los ojos abiertos.
La primera lectura, tomada del libro de los Números, nos presenta al vidente Balaán: un extranjero contratado para maldecir al pueblo de Dios, Israel. Sin embargo, al ser tocado por el Espíritu Santo, comenzó a profetizar. Revestido de la gracia divina, miró con ojos nuevos. Ya no se limitaba a una visión puramente humana, sino trascendente. Así descubrió la hermosura del pueblo de Dios y de su entorno natural. En la espiritualidad bíblica, lo bello es todo aquello que remite al Creador. Percibió la huella del Señor reposando sobre Israel. Se deleitó en la fraternidad de sus pequeñas comunidades, en el colorido de sus jardines y en sus corrientes de agua.
La visión de Balaán se armonizó con sus oídos, de modo que también pudieron abrirse. No solo veía, sino que escuchaba las palabras del Señor. De lo recibido ofrecía a los demás. Esto evoca la enseñanza de santo Tomás de Aquino: “Contemplar y dar lo contemplado”.
En ese estado contemplativo, a Balaán le fueron revelados los planes del Señor; no para deleitarse en tales conocimientos, sino para comunicarlos y conducir a los demás hacia la vida verdadera. Su obediencia a la inspiración divina mostró que no es con magia ni hechicería como se alcanza la mirada perfecta, sino con la gracia que llena de esperanza, anima a caminar y consuela los esfuerzos.
Balaán nos enseña, en este Adviento y siempre, a buscar lo que se esconde detrás de las apariencias para encontrar la verdad. Quien descubre al Dios verdadero no se deja seducir por las dulzuras engañosas del consumismo. Para ello se requiere la vida de oración y adoración, la actitud necesaria para que se despierten los ojos del corazón.
Tú y yo, en la medida en que nos vayamos purificando, recibiremos la gracia de identificar al Mesías cada vez más cercano, que ya nos envía signos de su llegada. La participación en la Eucaristía y en los demás sacramentos es vitamina eficaz para ver sin engaños. Quien aprende a mirar en esta dimensión también aprende a discernir y a tomar decisiones.
El Evangelio nos muestra a Jesús enseñando en el templo, cuando se le acercaron los sumos sacerdotes y los ancianos del pueblo. La motivación de este acercamiento estaba marcada por una mirada sin fe. Solo veían a un hombre enseñando, pero su incredulidad les impedía interpretar y asimilar el contenido. De ahí nació la pregunta que le dirigieron: “¿Con qué autoridad haces esto?”.
El Señor, Hijo de Dios, de ojos perfectos, desenmascaró la trampa escondida en el interior de sus contrarios. Les respondió con otra pregunta: “El bautismo de Juan, ¿de dónde venía, del cielo o de los hombres?”. La sabiduría del Señor venció. Ellos no pudieron responder, porque cualquiera de sus respuestas los llevaría a contradecirse. Así, el Señor reafirmó su autoridad, sin necesidad de explicar con qué autoridad hacía esto.
En la vida, algunos son tentados a asumir una mirada sospechosa, dudando de los demás y juzgándolos desde la propia miopía espiritual. Pero al superar esa tentación, se alcanza una mirada distinta: la que descubre lo bueno en el otro, lo reconoce y lo da a conocer.
Preguntas que llevan al silencio: ¿Cómo influye la oración en la manera de mirar? ¿Cómo estás interpretando los acontecimientos cotidianos? ¿Tú estás mirando como Dios mira o como mira la gente? ¿Te condiciona la apariencia de las personas? ¿Tu mirada sabe atravesar la cáscara de la apariencia para encontrar la verdad? ¿Qué significa embellecer tu vida para recibir al Mesías? ¿Por qué limpiando tu casa, puedes también ir limpiando tu jardín interior, el mismo corazón? ¿Reconoces la autoridad de Jesús en tu vida? ¿Cómo asimilas las enseñanzas del Señor en cada pasaje que trae el Evangelio? ¿Cómo comprendes la bienaventuranza: “los limpios de corazón verán a Dios”?
Señor, en este mundo donde tanto influye la apariencia, donde los ojos superficiales se detienen en el cascarón de las cosas, hoy te pido tu mirada. Que no me gobierne la dispersión visual. Que lo que observo someramente no tenga fuerza para condicionar mis decisiones. No quiero entrar en la dinámica del descarte. Por eso, Señor, pido tu mirada. Así como rescataste lo mejor de mí, oculto a los ojos humanos, concédeme la gracia de ir por la vida escarbando valores con la mirada. Valores que, a veces, permanecen ocultos incluso a la misma persona que los porta. Quiero tener tus ojos, esos ojos divinos que apuestan e invierten en el corazón que eliges para tu servicio.
¡Seamos santos!
Ángela Cabrera
Discípula Misionera por la Santidad

Hna. Ángela Cabrera.
Discípula Misionera por la Santidad
Espacio de reflexión de la Parroquia de los Santos Ángeles Custodios, que invita a realizar una pausa diaria en nuestras actividades cotidianas para dedicarlas a la oración del Evangelio, a través de la meditación y reflexión de la hermana Ángela Cabrera, Discípula Misionera por la Santidad.
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