MEDITACIÓN DE LAS LECTURAS: 17/12/25
(Sof 3,1-2.9-13;Sal 33; Mt 21,28-32)
Miércoles de la tercera semana de Adviento
BENDITO PUEBLO HUMILDE
Hoy, martes de la tercera semana de Adviento, las lecturas nos llaman a una conversión auténtica, en preparación para la venida del Señor. El profeta Sofonías denuncia un sector social marcado por la rebeldía, la opresión y la desobediencia; un pueblo que no escarmienta ni acepta la instrucción, alejándose de Dios. Sin embargo, en medio de esa misma sociedad, donde el Espíritu del Señor permanece, la profecía anuncia un pequeño resto fiel que cree y se mantiene firme en Él. Nunca falta, aun en circunstancias difíciles, quien conserve la alabanza a Dios y sea fermento de su amor y misericordia.
Sofonías contempla también el obrar de Dios en corazones endurecidos. Quien se deje transformar se librará de la vergüenza y del horror de haber ofendido al Señor. El arrepentimiento es vitamina de eternidad: abre el alma para que Él arranque las soberbias y conceda su gracia. Quienes recapaciten, se enmienden y cambien de actitud, podrán formar parte del pueblo humilde, donde Dios derrama su bendición.
El sueño de Dios, expresado por Sofonías, es que su pueblo viva sin maldades, sobornos ni corrupción. El Señor no tolera las mentiras, ni siquiera las más pequeñas. Purificar los labios de medias verdades y falsedades es tarea urgente en este tiempo de Adviento y siempre. ¡El Señor purifica! Y esto no es solo una frase, sino una realidad. Bienaventurado quien escucha y pone en práctica lo que el Espíritu Santo le hace comprender.
En el Evangelio se nos presenta la parábola que Jesús dirige a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo. Un hombre tenía dos hijos: al primero le pidió que fuera a trabajar, y éste respondió: “no quiero”, pero luego recapacitó y fue. Al segundo le dio la misma orden, y éste contestó: “voy, Señor”, pero no cumplió. Entonces el Señor preguntó: “¿Quién de los dos hizo la voluntad del padre?”. Ellos respondieron: “el primero”.
Con esta enseñanza, Jesús asegura que los pecadores, cuando se arrepienten, llevarán la delantera en el camino del Reino. Son como aquel hijo que inicialmente se negó, pero la luz de la conciencia lo llevó a obedecer, conquistando así el corazón del Padre. Esta es la actitud que se espera de nosotros en este tiempo de Adviento, recordando siempre que “no hay santo sin pasado ni pecador sin futuro”.
En cambio, quienes como los sumos sacerdotes y ancianos se consideran perfectos en lo religioso, permanecen en el engaño. Con palabras dicen sí, pero con sus obras dicen no. Se estancan y no avanzan. Nada más triste que aparentar estar adelantado en la vida espiritual y, en realidad, estar en retraso. Para sanar esta tendencia, las lecturas nos invitan a vivir en humildad y obediencia.
En la Liturgia de las Horas, de manera providencial, el Oficio de Lectura nos ofrece un pasaje del libro Imitación de Cristo, centrado en la virtud de la humildad. Detengámonos a saborear un resumen de estas enseñanzas:
“No te preocupes por quién está contigo o contra ti, sino por vivir unido a Dios con conciencia tranquila, pues Él defiende y libra de toda angustia. La humildad es camino de paz: aceptar correcciones, reconocer defectos y soportar injurias con confianza en Dios atrae su gracia y consuelo. El humilde es elevado por Dios y permanece sereno. La verdadera paz comienza en uno mismo y se transmite a los demás; quien ama la paz convierte todo en bien, mientras el inquieto se atormenta y perturba a otros. Cumple primero tus obligaciones, sé justo al juzgar, acusa tus propias faltas y disculpa las ajenas. Si deseas que te soporten, aprende a soportarte tú mismo”.
Preguntas que llevan al silencio: ¿Qué te ha parecido el valor de la humildad que nos presentan las lecturas? ¿Has buscado profundizar en el sentido y en los frutos de la humildad? ¿Cuáles son los verdaderos enemigos de la humildad? ¿Qué sucede en mí si me ocupo demasiado de la liturgia y descuido el amar y servir? Si Dios nos dice que nos espera en el valle de la humildad, ¿qué estamos aguardando para ir a su encuentro? ¿Cómo iremos renunciando a toda vanidad, alarde de condición y pretensiones?
Señor, el salmista me muestra el camino de la humildad. Comprendo que, si te bendigo en todo momento, no habrá espacio para ensalzarme a mí mismo. Si mi alegría está en ti al contemplarte, no fijaré la mirada en mi propio ombligo, buscando intereses o beneficios propios. Sentir que me escuchas, Señor, es el mayor regalo: signo de que avanzo según tu querer. El orante lo proclama: “Si el humilde invoca al Señor, Él lo escucha”. Tú das la cara por mí; no necesito salir en mi defensa, pues hacerlo sería perder el tiempo. Gracias, Señor, porque siempre nos concedes la oportunidad de comenzar de nuevo y permanecer contigo..
¡Seamos santos!
Ángela Cabrera
Discípula Misionera por la Santidad

Hna. Ángela Cabrera.
Discípula Misionera por la Santidad
Espacio de reflexión de la Parroquia de los Santos Ángeles Custodios, que invita a realizar una pausa diaria en nuestras actividades cotidianas para dedicarlas a la oración del Evangelio, a través de la meditación y reflexión de la hermana Ángela Cabrera, Discípula Misionera por la Santidad.
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