MEDITACIÓN DE LAS LECTURAS: 18/12/25
(Jr 23,5-8; Sal 71; Mt 1,18-24)
Jueves de la tercera semana de Adviento
LA PRUDENCIA DE JOSÉ
Hoy, jueves de la tercera semana de Adviento, resuenan en nosotros las venidas de Jesús: ya vino en la encarnación. Viene en cada Eucaristía. Vendrá en la Navidad y al final de los tiempos.
Jeremías, en la primera lectura, anuncia el surgimiento de “un vástago”, “una rama”, “un hijo legítimo” que hará florecer el derecho y la justicia. El profeta, en medio de la crisis, hace renacer la esperanza. Este acontecimiento salvador superará toda experiencia pasada de liberación, incluso la salida del pueblo de Dios de la esclavitud en Egipto.
Ayer, el pasaje de Mateo nos presentó la genealogía, el árbol familiar de Jesús. Hoy, el evangelista nos habla de su origen virginal, obra del Espíritu Santo; misterio que nos sobrepasa. Sin embargo, contemplamos cómo María y José se convierten en escuela de aceptación de Jesús y de obediencia mediante una fe firme e incondicional al Padre.
La Virgen María estaba “desposada con José”, es decir, legalmente comprometida en matrimonio, públicamente, según la costumbre judía de la época. Era un compromiso mayor que un noviazgo. Era, por así decir, la primera fase del matrimonio, que incluía testigos y el pago de la dote. Esta responsabilidad duraba un año, tiempo de preparación para la boda. De hecho, la mujer era considerada esposa, pero sin tener intimidad alguna. Cualquier infidelidad, en dicha relación, era tenida por adulterio.
María y José tenían claridad de todo esto, pues eran hijos de su cultura. Sin embargo, ante la voz de Dios que llegó a la Virgen, ella se dispuso a acoger la voluntad del Señor. En ningún momento, durante la visita del ángel, mencionó a José ni se recordó de él. La autoridad de quien llamaba, Dios, no admitía excusas. María no se detuvo a pensar cómo se resolvería el conflicto, tampoco se preocupó por el qué dirán. Sencillamente, aceptó, en su libertad, ser la esclava del Señor.
Impresiona la manera en que los designios de Dios se fueron abriendo camino. El Señor escogió la persona justa para acompañar a la Virgen María en la misión. En José no se improvisaron las virtudes de la prudencia ni de la justicia; ya le acompañaban y eran necesarias. José no hizo escándalo al enterarse. Todo indica que él fue el primero en saberlo, pues María le habría compartido directamente lo sucedido. Por eso se entiende su actitud: querer retirarse o separarse de ella en silencio, en secreto.
¡Cuánta paciencia la de José! ¿De qué “madera” estaba hecho? Se percibe que, antes de tomar la decisión de repudiar a María, se dio un tiempo de discernimiento doloroso. Con José aprendemos que, cuando la persona es de Dios y se equivoca en sus decisiones intentando hacer el bien, el Señor se hace responsable. Dios no reparte misiones sin involucrarse, sino que busca solución a los planes que Él mismo permite y que luego desajusta.
Por eso, el ángel se le aparece a José en sueños. Y él, claramente, pudo comprender en dicha revelación el plan divino. De sentirse engañado y traicionado, pasó a estar agradecido, manso y obediente. Porque el mismo Dios lo introdujo en un papel providencial dentro del misterio de la salvación. En medio del silencio josefino, le habló el Señor y todo comenzó a recobrar sentido. La luz de lo alto le permitió comprender las Sagradas Escrituras. De ese acontecimiento hablaron los profetas. En adelante, José permaneció firme, custodiando al Niño y a la Virgen, sin romper su silencio ni perder la paz.
El Salmo 71 expresa el deseo de los sencillos y humildes de que venga ese rey prometido. La comunidad sueña con la paz y la justicia sin fin. Porque no fuimos creados para sufrir en un mundo opresor, sino para amar y ser felices. En cada Adviento se renueva nuestra esperanza y se afianza nuestro compromiso de hacer realidad este sueño común.
Preguntas que llevan al silencio: ¿Qué te ha parecido la prudencia de José? ¿Por qué José no tomó la decisión con la cabeza caliente? ¿Por qué, cuando toma la decisión de dejar a María, prefirió hacerlo sin difamarla? ¿Qué lección de vida tenemos con este ejemplo? ¿Sabías que la prudencia, la discreción, permite retornar del equívoco? ¿Por qué la persona de oración se toma su tiempo y busca la manera de no herir a nadie? ¿Cómo describirías los sentimientos de José cuando el mismo ángel del Señor limpió la imagen de María? ¿Por qué quien intenta difamar a la Virgen María luego tiene que ir a limpiar su imagen? ¿Tú, como María y José, permites que Dios te cambie los planes personales? ¿Por qué los planes personales son miopes al lado de los proyectos del Señor contigo? ¿Tendría razón o sentido negarse a la propuesta de Dios? ¿De qué sirve salir huyendo sabiendo que dondequiera que vas el Señor te sale al encuentro?
Señor, en este Adviento te pido la gracia de la prudencia. Es virtud hermana de la sabiduría, que me permite discernir, considerar, pensar, visionar, y luego hablar y actuar. Esta gracia tan necesaria solo puede venir de ti. Concédeme algo de la prudencia de María y de José, para elegir lo más adecuado conforme a tu voluntad. Que en tu infinita misericordia pueda comprender por qué digo lo que digo y qué busco con lo que busco. Hazme capaz de esperarte, Señor, en la comunidad cristiana y en el compromiso prudente con los hermanos más necesitados.
¡Seamos santos!
Ángela Cabrera
Discípula Misionera por la Santidad

Hna. Ángela Cabrera.
Discípula Misionera por la Santidad
Espacio de reflexión de la Parroquia de los Santos Ángeles Custodios, que invita a realizar una pausa diaria en nuestras actividades cotidianas para dedicarlas a la oración del Evangelio, a través de la meditación y reflexión de la hermana Ángela Cabrera, Discípula Misionera por la Santidad.
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