MEDITACIÓN DE LAS LECTURAS: 19/12/25

El silencio es lo que inspira las dos anunciaciones que se nos presentan en las lecturas del día. En el libro de los Jueces se narra cómo el ángel del Señor se comunicó con la mujer de Manoj, estéril, y le anunció el hijo que iba a concebir. Dios realiza lo que es imposible al intelecto humano. Sus proezas y maravillas nos conducen al silencio.

El fruto de contemplar el modo de Dios y sus criterios es el silencio. Por medio del ángel anunció el nacimiento de Sansón, cuando su madre estaba en el campo. Allí, en un espacio cotidiano, reveló planes trascendentes. Ese nacimiento prefigura el de Juan Bautista. Dios, a su modo, fue integrando a niños en su proyecto de salvación, hasta la venida de su propio Hijo. El Señor no tiene prisa, sino prudencia y templanza. Sabe esperar y aguardar la madurez del proceso humano. La paciencia de Dios, en silencio, sana nuestras prisas y desesperaciones.

El Señor se revela donde quiere, a quien quiere y como quiere. Esto nos llama al silencio. Esta vez, el anuncio del ángel aconteció en el templo, dirigido a Zacarías, sacerdote. Él y su esposa Isabel vivían circunstancias adversas: eran de edad avanzada y ella estéril.

Ante el planteamiento del ángel Gabriel, Zacarías se atrevió a preguntar: “¿Cómo estaré seguro de eso?”. Sus palabras no fueron oportunas en aquel momento. En el corazón del templo, este hombre no tenía plena conciencia de las maravillas del Señor. Sin embargo, se le dio, con autoridad, la medicina del silencio. No se le castigó privándole de lo prometido; sencillamente, se le ofreció silencio. Esta anunciación prefigura, a su vez, la del ángel a la Virgen María.

El silencio era lo necesario para que Zacarías profundizara en la experiencia de Dios, viajara a sus entrañas, se hundiera en su misterio y asumiera con radicalidad la misión encomendada. No miremos el silencio como un castigo, sino como una gran oportunidad para madurar espiritualmente.

Los muchos ruidos conducen a la superficialidad: distraen, interrumpen, desenfocan, extravían y dejan el corazón vacío. En cambio, en el silencio se alcanza la verdad que Dios desea mostrar, y aún más. El silencio permite la unión de las dos voluntades. En este caso, la voluntad de Zacarías peregrinó hacia la voluntad de Dios, hasta hacerse una sola. En el silencio, este hombre fue confirmando día a día la palabra que el Señor le revelara; así iba afianzando su fe.

El silencio hace madurar la fe. Cuando falta el silencio, amenaza la incredulidad. Al abrazarlo, la presencia divina se vuelve elocuente, y solo resuena en el interior aquello que Dios desea que sea rumiado. Zacarías, ante la gente, comenzó a hablar por señas; el Señor, a él, le habló con fuego interior. Entonces consideró: “Así me ha tratado el Señor cuando se ha dignado quitar mi afrenta ante los hombres”.

El Salmo 70 nos muestra el reflejo de una oración que nace del silencio. Solo quien ha podido silenciarse por fuera y por dentro alcanza tales conclusiones: “Que mi boca esté llena de tu alabanza y cante tu gloria”. La quietud y el recogimiento interior son la fuente de donde brotan palabras llenas de gracia y sabiduría. En el silencio, la persona orante confirma que solo Dios puede ser su roca de refugio, su espacio de salvación, esperanza y confianza.

Preguntas que llevan al silencio: ¿Tú sabes hacer silencio? ¿Te has vuelto silencio?¿Por qué el mucho hablar se convirtió en un vicio? ¿Por qué, si no se hace silencio, no se encuentran cosas valiosas que decir? ¿Sabías que el silencio cristiano tiene por objetivo escuchar la voz de Dios? ¿Sabías que Dios habla bajito? ¿Qué refleja el hablar escandaloso? ¿Por qué hay quienes no toleran el silencio? ¿Qué te parece, como tarea de Adviento, cultivar el silencio fecundo? ¿Por qué el silencio corrige palabras vacías? ¿Cómo se refleja, en una persona, que su silencio sea contemplativo y no de aburrimiento o amargura? ¿Cómo describes las palabras que nacen del silencio?

Señor, en este tiempo de Adviento, silencio y oración me disponen a esperar tu venida. Deseo encontrar el origen de mis reacciones, de mis respuestas y de mis actitudes. Envía tu Espíritu para que no tema bucear en las honduras de mi ser. Y una vez sumergidos allí, Señor, vamos a remover todo lo que sea necesario. No quiero andar dudando de tu proceder, sino aprender, como Zacarías, a madurar, en silencio, la fe. Que mi felicidad sea ser testigo de tu amor, llevarte en el corazón y reflejar tu Reino en todas las circunstancias, mientras aguardo con esperanza tu venida.

¡Seamos santos!

Ángela Cabrera
Discípula Misionera por la Santidad


Hna. Ángela Cabrera.

Discípula Misionera por la Santidad

Espacio de reflexión de la Parroquia de los Santos Ángeles Custodios, que invita a realizar una pausa diaria en nuestras actividades cotidianas para dedicarlas a la oración del Evangelio, a través de la meditación y reflexión de la hermana Ángela Cabrera, Discípula Misionera por la Santidad.

Contenido publicado originalmente en los canales de las Parroquia De Los Santos Ángeles Custodios, PSAC, por la Pastoral Digital, bajo en link: http://www.parroquiaangelescustodios.org – Puede copiar esta información en su Blog citando siempre la la referencia a esta fuente consultada. Para compartir en sus redes sociales, utilice los botones compartir. Conozca términos legales – Pastoral Digital PSAC

 

Publicado por PASTORAL DIGITAL PSAC

La Pastoral Digital PSAC es una acción programada y orgánica de nuestra parroquia De los Santos Ángeles Custodios, que tiene como finalidad contribuir a su misión evangelizadora a través de los medios digitales.

Deja un comentario