MEDITACIÓN DE LAS LECTURAS: 21/12/25
(Is 7,10-14; Sal 23;Rom 1,1-7; Mt 1,18-2)
Domingo de la cuarta semana de Adviento
DIOS SE ACERCA: PARA ESTAR CON NOSOTROS.
Este IV Domingo de Adviento las lecturas se centran en el Niño que ha de nacer. Vivimos en espíritu de espera: aguardamos la Encarnación del Hijo de Dios. En este horizonte, los textos nos ayudan a reconocer los signos de su presencia inmanente en medio de nosotros. La Sagrada Escritura es escuela de discernimiento; nos ofrece los criterios para identificar a Dios hoy, caminando con nosotros, cercano a nuestra realidad.
Podemos hacer nuestra la profecía de Isaías dirigida al rey Acaz. En medio del miedo y la amenaza, se le concede una señal para recuperar confianza y fortaleza: se le anuncia “la joven virgen”, encinta, que dará a luz un niño cuyo nombre será “Emanuel”, es decir, “Dios con nosotros”.
“Emanuel” es el signo por excelencia, anuncio del Mesías prometido. El Señor no está distante, ni distraído, ni desentendido. Está vivo, presente, operante, aunque a su modo: en lo pequeño, en lo frágil, en lo vulnerable. Se manifiesta con la fuerza de la paz, la inocencia, la no violencia, el anonimato. Porque lo fuerte de Dios es su presencia santa, reconciliadora y pacífica, sin alarde ni presunción.
El Evangelio nos muestra cómo Dios actúa en medio de su pueblo. Su acción se realiza por el Espíritu Santo. Es la Tercera Persona de la Santísima Trinidad quien, en la discreción y en el silencio, transforma y opera para que la voluntad de Dios se cumpla en la historia de la salvación. Él toca los corazones, madura la fe, abre la comprensión y conduce al misterio. Da conocimiento profundo, dinamiza la voluntad y la obediencia de quienes dócilmente se dejan guiar.
Es el Espíritu Santo quien obra en la persona de la Virgen María para que nazca de su vientre el Niño Dios. Impresiona la intimidad espiritual entre la Virgen y el Espíritu. Más aún, sorprende la sabiduría con que el mismo Espíritu actúa en José, para que él acoja lo imposible y asuma su misión en el acontecimiento. El Espíritu que desde el Génesis aleteaba sobre las aguas es el mismo que sigue conduciendo el dinamismo de la historia. No quedó limitado a la obra mariana, sino que continúa operando hoy en ti, en mí, en nosotros. Dios Espíritu está con nosotros.
La obediencia humilde de José también manifiesta la presencia operante del Espíritu. Es Él quien le concede leer por dentro, acoger a María y al Niño. Lo bendice con la gracia de la mansedumbre, con la flexibilidad de dejar sus propios planes y abrazar la voluntad de Dios.
El nombre “Jesús”, que significa “Dios salva”; nos abre a los intereses del Señor para habitar y permanecer en su pueblo. Con Él llega la sanación, la liberación, la santidad, la salvación integral. Cada signo de vida es anuncio de que Él está cercano, se hace cercano, ama el encuentro y lo prioriza.
El Salmo nos recuerda quién es ese Dios que viene: “Va a entrar el Señor, Él es el Rey de la gloria”. Nos ofrece, al mismo tiempo, los criterios para salir a su encuentro y permanecer en su presencia. Se nos pide inocencia, pureza de corazón, fidelidad y justicia.
La segunda lectura, tomada de la carta de Pablo a los Romanos, nos confirma que Dios es fiel a sus promesas. Quien espera en Él no queda defraudado ni decepcionado. La Encarnación no fue un relato infantil: lo que anunciaron los profetas desde antiguo, hoy lo hemos visto cumplido y lo testimoniamos.
Preguntas que llevan al silencio: ¿Has ido haciendo un itinerario espiritual en este Adviento? ¿Has recorrido ese camino con seriedad? ¿Has tomado conciencia de que estamos ya en la última semana de Adviento? ¿Qué te falta aún para prepararte interiormente y vivir la Navidad? ¿Las inversiones hechas van dejando frutos de vida y santidad? Dios se acerca a ti, ¿y tú cómo reaccionas? ¿Te acercas a su encuentro? ¿Qué signos te hacen meditar que Dios está contigo, con la familia, con la comunidad, en la sociedad? ¿Cómo está el pesebre de tu corazón para recibir al Señor que llega? ¿Cómo vas recibiendo al Señor que se manifiesta en los más necesitados?
Señor, quiero ser dócil a tu presencia; dame pupilas de fe, corazón de esperanza y voluntad de caridad. Deseo conocerte más, llenarme más de ti, recibir el espíritu de mansedumbre, de pobreza y de reconciliación. No deseo más que ser memoria tuya en esta historia; purifica mi intención y te la ofrezco. Si tú te acercas, yo también quiero acercarme allí donde me necesiten, bajo la inspiración de tu Espíritu, y en este acercamiento, Señor, que nunca pierda el objetivo: impregnar de amor aquello que ya tú amas primero. Dios sea bendecido por siempre, gracias por acercarte y quedarte con nosotros para salvarnos.
¡Seamos santos!
Ángela Cabrera
Discípula Misionera por la Santidad

Hna. Ángela Cabrera.
Discípula Misionera por la Santidad
Espacio de reflexión de la Parroquia de los Santos Ángeles Custodios, que invita a realizar una pausa diaria en nuestras actividades cotidianas para dedicarlas a la oración del Evangelio, a través de la meditación y reflexión de la hermana Ángela Cabrera, Discípula Misionera por la Santidad.
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