MEDITACIÓN DE LAS LECTURAS: 22/12/25

Hoy, lunes de la cuarta semana de Adviento, vivimos un tiempo privilegiado, pues nos encontramos ya en la puerta de la Navidad. Por ello, nos disponemos a reflexionar sobre los tres Magníficats que nos ofrecen las lecturas del día.

El Magníficat de Ana. Para adentrarnos en el cántico de Ana, madre de Samuel, es necesario considerar su historia personal. Ella fue una mujer estéril, sufrida, humillada y marginada. En su pobreza solo le quedaba la confianza y el abandono en Dios. Allí, postrada en el templo, derramaba lágrimas de amargura. Nunca ha sido fácil en la historia soportar la presión ni la burla social. Sin embargo, su fe fue más grande que su vergüenza.

Cuando Ana contempló la obra de Dios realizada en su vida, cuando el Señor bendijo su vientre, le concedió concebir un hijo que sería llamado Samuel. El origen de este nombre está vinculado con “pedir” y “preguntar” a Dios, y se interpreta en diversas formas: “Dios ha escuchado mi petición”, “Dios escucha”, “Dios escucha y concede”. Es un nombre que encierra esperanza y obediencia. En otras palabras, el pequeño Samuel, en el vientre de Ana, fue una oración contestada.

Impresiona la gratitud de Ana, y al mismo tiempo desconcierta. La primera lectura de este día confirma cómo ella subió al templo para ofrecer a su hijo al Señor, en profundo agradecimiento. En la cultura judía, una madre amamantaba al hijo hasta cumplir los tres años para garantizar buena salud. Todo indica que, a esa edad, luego de suspender el seno, lo llevó al templo. La historia es conmovedora, porque lo entregó de por vida. Sin embargo, solía visitarlo con cierta frecuencia y le llevaba pequeñas túnicas u otros regalitos.

Este gesto no tiene explicación humana; sencillamente hay que detenerse a considerar que la Biblia, con sus personajes, nos presenta modelos de santidad que desafían y provocan nuestra fe. A partir de esta experiencia con el Señor, Ana se expresa según su mundo cultural le permitía hacerlo: mediante el canto. Por eso, el Salmo del día es su himno de alabanza.
El Magníficat de Ana representa y abre camino a todos los pobres de la historia. En este poema espiritual se inspiró la Virgen María, y el evangelista Lucas lo recuperó desde el corazón de la Madre del Salvador. El cántico, ahora en sus labios, adquiere un sentido mayor y más pleno. Así como Samuel, consagrado a Dios, prefigura al Niño Jesús, también el canto de Ana prefigura el cántico de María, elevado en madurez y perfección.

El Magníficat de María. El término Magníficat significa “alabar”, “engrandecer” desde el corazón silente y humilde, con alegría y gratitud. La hermosura de esta actitud se refleja en el alma de María. Ella permite que Dios crezca en ella, se llena de gracia, lo acoge como es, y se deja modelar y formar según su voluntad. María consiente que Dios se haga grande en su vida.

San Juan Pablo II afirmó que el Magníficat “es el espejo del alma de María”. Podemos añadir que es su radiografía espiritual. Cuando Dios la miró, contó con ella, la integró, y siendo una sierva, comenzó a cantar. Este canto fue necesario para prevenir cualquier dispersión futura. La centralidad en el Salvador permanece en ella eternamente.

¡Hoy es el día del Magníficat! Ana y María nos enseñan a mirar con ojos nuevos. En su mirada aparecen valores inéditos. Cuando estas mujeres se contemplan, sus pupilas no reposan en sí mismas, como quien se detiene en una imagen superficial. ¡No! Ellas descubren las huellas del Espíritu Santo y de la misericordia, actuando tanto en sus vidas como en la sociedad. Así proclaman la profecía de Dios aconteciendo. Con sus cánticos dibujan el sueño divino: una sociedad creyente y justa.

Por tanto, este lunes también meditamos un tercer Magníficat. Es tu historia de vida, y también la mía, cuando la contemplamos con los ojos del alma, de la fe, del amor y de la esperanza.

Preguntas que llevan al silencio: ¿Qué has aprendido de Ana y de la Virgen María?
¿Quién es Dios para ti? ¿Cómo sientes su mirada en tu vida, en tu caminar? ¿Dejas que Dios, en ti, sea cada vez mayor? ¿Qué se transforma en ti cuando Dios va creciendo dentro? ¿Qué tronos de orgullo deseas que sean derribados por la virtud de la humildad? ¿De qué hambre te sacia el Señor? ¿Cómo sientes la misericordia de Dios operando en tu familia? ¿Qué necesitas agradecer al Señor en este Adviento? ¿Te gustaría invitar a tu familia a que cada uno escriba su propio Magníficat para compartirlo el día de Navidad?

Señor: me alegro en ti desde lo más hondo de mi corazón. Tu presencia se convierte en alegría para mi vida. Haz que pueda llevar felicidad -que eres tú mismo- allí donde más se necesite. Porque tú eres misericordia con nosotros. Que todos y todas reconozcan que tu mirada amorosa descansa sobre tu pueblo. Tu mirada, buen Señor, es comprometida y transformadora; nunca permaneces indiferente. Te amo, y más te amo, porque tu auxilio es eterno y todas tus promesas se cumplen siempre.

¡Seamos santos!

Ángela Cabrera
Discípula Misionera por la Santidad


Hna. Ángela Cabrera.

Discípula Misionera por la Santidad

Espacio de reflexión de la Parroquia de los Santos Ángeles Custodios, que invita a realizar una pausa diaria en nuestras actividades cotidianas para dedicarlas a la oración del Evangelio, a través de la meditación y reflexión de la hermana Ángela Cabrera, Discípula Misionera por la Santidad.

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Publicado por PASTORAL DIGITAL PSAC

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