MEDITACIÓN DE LAS LECTURAS: 23/12/25

Hoy, 23 de diciembre, resuenan con particular oportunidad las palabras de san Hipólito, ofrecidas en el Oficio de Lectura de este día.

“… Debemos esforzarnos por penetrar en todo aquello que nos anuncian las divinas Escrituras y procurar profundizar en lo que ellas nos enseñan. Hemos de conocer al Padre como Él desea ser conocido; hemos de glorificar al Hijo como el Padre quiere que lo glorifiquemos; hemos de acoger al Espíritu Santo como el Padre desea entregárnoslo. En todo hemos de proceder, no según nuestro arbitrio ni conforme a nuestros propios sentimientos, ni violentando los deseos de Dios, sino siguiendo los caminos que el mismo Señor nos ha revelado en las santas Escrituras”.

Ya casi a las puertas de la Navidad, se nos invita a educar los deseos personales, de modo que todos nuestros sentidos se concentren en gustar lo eterno y lo verdadero. Podemos acoger para nosotros la exhortación que nos dirige el profeta Malaquías en la primera lectura. Son muchos los mensajeros que el Señor envía para preparar el camino. La llegada del Señor no admite improvisaciones; ante su presencia, todos quedamos desarmados. Él es como “fuego fundidor” y “lejía de lavandero”; se le compara con el “fundidor que refina la plata”, para que podamos entrar en su intimidad como es debido.

Qué hermoso sería acercarnos a Él, que viene a nuestro encuentro, sin que tenga Él mismo que realizar, a última hora, lo que ya nosotros, con su gracia, deberíamos de ir ejercitando poco a poco. Cada día, la Palabra nos refina, si nos dejamos purificar por ella. Pero es necesario desearlo hondamente, profundamente. El santo deseo de agradar al Señor exorciza, purifica y capacita.

La obra del Espíritu Santo toca los corazones dóciles hasta transformarlos. Todo proceso de conversión comienza con el deseo: Dios actúa en la génesis de cada persona, en lo más íntimo, suscitando deseos. Es necesaria el hambre de liberación. Cada uno y cada una ha de escuchar la oración del salmista en este día: “Levántense, alcen la cabeza: se acerca su liberación”. Difícil es cuando alguien no quiere liberarse, porque ya se ha habituado a la esclavitud. Por eso, el hombre y la mujer de Dios se dejan guiar por el salmista y suplican al Señor que les muestre sus caminos.

La sociedad sin Dios ofrece tantos senderos que extravían; pero quien desea echar raíz en la fe se dispone a que la Palabra del Señor lo instruya. Y esa instrucción no queda en la teoría, sino que impulsa a caminar. Entonces nace la luz, el convencimiento pleno de que el Señor es bueno y recto. Se convierte en el verdadero Influencer, porque quien se acerca a Él y lo conoce, no puede dejar de anunciarlo a los demás.

El evangelio nos presenta a Isabel y Zacarías, quienes han recibido al niño prometido. La alegría del matrimonio se centra en las misericordias del Señor. La bendición se convierte en deseos profundos de agradecimiento, y este agradecimiento desemboca, a su vez, en obediencia. Sin importar la opinión de los demás, el niño se llama Juan, como lo quiso el Señor. Aquí se nos entrega una tarea de Adviento: favorecer que nuestros anhelos y aspiraciones correspondan a lo que Dios desea de nosotros. Esto es fidelidad.

Las preces de las Laudes del día nos ayudan a sintetizar el deseo perfecto en esta etapa del Adviento, al repetir: “Ven, Señor Jesús”. Porque es Él quien hace germinar en nosotros las semillas de las virtudes. En Él se encuentra nuestra salvación: es quien cura las dolencias de los que sufren y absuelve de toda condena.

Preguntas que llevan al silencio: ¿Cuáles son tus deseos para esta Navidad? ¿Te consideras una persona centrada en este misterio que se aproxima? Del 0 al 10, ¿qué tanto te has dispersado? ¿Cuáles son las cosas o propuestas que te desenfocan de lo esencial? ¿Qué lugares, personas o realidades te provocan el deseo y el hambre de Dios? ¿Dónde te estás sentando? ¿Qué estás buscando en tu interior? ¿Sabes algo del deseo de Dios de encontrarse contigo? ¿Qué sucede cuando tú lo deseas y descubres que Él te deseaba primero? ¿Qué necesita ser purgado en ti? ¿Te gustaría repetir cincuenta veces esta jaculatoria: “Ven, Señor Jesús”? ¿Sabías que es necesario mantener la conciencia y los ojos despiertos para reconocer al Señor que llega con diferentes rostros y en distintas circunstancias?

Señor: tu deseo en mi corazón se filtra muy dentro y me habita. El anhelo de mi alma por ti es discreto, pero a la vez fuerte, porque tú lo alimentas y eres el primer interesado en que no se diluya. Aliméntalo, Señor, en tu santa Palabra, en tu presencia suave, en tus correcciones sutiles y, a la vez, cargadas de autoridad. Más allá de mis periferias sentimentales, tengo el convencimiento hecho raíz. En ti, Señor, he encontrado el sentido y la razón de mi espera. Esperándote a ti, lo espero todo, y me despojo de todo lo que no seas tú.

¡Seamos santos!

Ángela Cabrera
Discípula Misionera por la Santidad


Hna. Ángela Cabrera.

Discípula Misionera por la Santidad

Espacio de reflexión de la Parroquia de los Santos Ángeles Custodios, que invita a realizar una pausa diaria en nuestras actividades cotidianas para dedicarlas a la oración del Evangelio, a través de la meditación y reflexión de la hermana Ángela Cabrera, Discípula Misionera por la Santidad.

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Publicado por PASTORAL DIGITAL PSAC

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