MEDITACIÓN DE LAS LECTURAS: 25/12/25
(Is 52,7-10; Sal 97;Heb 1,1-6; Jn 1,1-18)
Natividad del Señor
¡FELIZ NAVIDAD!
Hoy, 25 de diciembre, celebramos la Navidad. Durante todo el Adviento nos hemos venido preparando para acoger y sumergirnos en el misterio de este día singular. Se nos invita a contemplar el núcleo de nuestra fe, proclamado en el prólogo de san Juan: “La Palabra se hizo carne y habitó entre nosotros”. Lo confesamos también en nuestro Credo: “Creo en un solo Señor, Jesucristo, Hijo único de Dios, nacido del Padre antes de todos los siglos… Por obra del Espíritu Santo se encarnó de María, la Virgen, y se hizo hombre…”. ¡El Señor ha venido para salvarnos!
Imaginemos que todos peregrinamos hacia Belén. Allí nos espera Dios hecho Niño. Vamos a ofrecerle un beso, pero sobre todo, nuestro corazón. Ante la santa presencia de la Virgen María, escuela de adoración, lo contemplamos con reverencia. Nos envuelve también la mirada custodio de san José, quien nos impulsa a la actitud solemne que conduce hasta el Hijo de Dios. ¡Que nuestra familia, hoy, sea Belén!
El papa Francisco nos recuerda que la encarnación no es una idea abstracta, sino un acontecimiento concreto: Dios, sin dejar de ser Dios, asumió la condición humana, abrazando la frágil y vulnerable realidad de un recién nacido. Así comparte plenamente nuestra existencia. La encarnación se manifestó en la pobreza y en la sencillez, sin trono ni esplendor, para habitar entre los más necesitados. De este modo, el Señor se inserta en la lógica del encuentro, que derriba la lógica del privilegio y de la exclusión.
En la Liturgia de las Horas, el Oficio de Lectura nos ofrece en este día un sermón del papa san León Magno: “No puede haber lugar para la tristeza cuando nace aquella vida que viene a destruir el temor de la muerte y a darnos la esperanza de una eternidad dichosa. Que nadie se considere excluido de esta alegría… Alégrese el justo, porque se acerca su recompensa; regocíjese el pecador, porque le brinda su perdón; anímese el incrédulo, porque es llamado a la vida… Despojémonos del hombre viejo y de sus acciones y, habiendo sido admitidos a participar del nacimiento de Cristo, renunciemos a las obras del mal. Reconoce, cristiano, tu dignidad”.
El conjunto de las lecturas de hoy nos ayuda a saborear esta demostración de amor.
Isaías comienza anunciando: “¡Qué hermosos son sobre los montes los pies del mensajero que anuncia la paz, que trae la Buena Nueva!”. Esta frase llena de sentido nuestras vidas, nos centra, nos recoge de la dispersión y da horizonte a nuestras andanzas. Hoy hay motivo y fundamento para salir al encuentro y compartir la esperanza. Nace la voluntad, se vence toda pereza, “se cambia el sofá por un par de sandalias”, como expresó en una ocasión el papa Francisco, porque es tiempo de celebrar el consuelo de nuestro Dios.
La Navidad supera las fronteras, integra y devuelve el sentido de una sola familia. Por eso afirma el salmista que los confines de la tierra han contemplado la victoria de nuestro Dios. Es tiempo de cántico nuevo. Lo antiguo y caduco ha quedado atrás. Con el Señor han llegado la justicia y la salvación. La alegría tiene su fundamento.
San Pablo nos recuerda que en distintas ocasiones y de muchas maneras habló Dios antiguamente, pero ahora nos ha hablado por su Hijo. Evoca la conocida historia de un padre que enviaba cartas a su hijo residente en el extranjero, hasta que un día decidió dejar de escribir y fue personalmente a darle un abrazo y besarlo.
El Evangelio nos presenta el Himno a la Palabra encarnada. En ella hay vida y también luz. Cuando la recibes en tu corazón, estas dos realidades entran en ti: te haces vida con la Vida y te haces luz con su Luz.
Preguntas que llevan al silencio: ¿Qué significa para ti la Navidad en familia? ¿Van a enumerar juntos los motivos para bendecir al Señor? ¿Tienes presente el horario de las celebraciones para ir a Misa y dar el verdadero sentido que tiene la Navidad? ¿Te das la oportunidad de nacer de nuevo en el Señor que nace? ¿Ya tienes preparado un pesebre en la sala de tu casa, aunque sea con dibujos? ¿Pondrías, con tu familia, en torno al pesebre, frases de esperanza para que guíen sus pasos? ¿Te dejas sorprender por la demostración de amor que Dios nos da? ¿Cómo estás viviendo el misterio de la Navidad? ¿Si Dios se hizo cercano, tú te estás acercando a los demás? ¿Estás prestando atención a la ruta que sube al cielo? ¿Alguna vez te has sentido solo, sola? ¿Qué te dice la expresión: “Dios con nosotros”? ¿Sabías que si Dios se hizo carne, tu vida es la carne donde vive Dios? ¿Te gustaría ser presencia de Dios para los demás?
Señor: «Concédenos compartir la vida divina de aquel que hoy se ha dignado compartir con el hombre la condición humana» _(Misal Romano)._
¡Seamos santos!
Ángela Cabrera
Discípula Misionera por la Santidad

Hna. Ángela Cabrera.
Discípula Misionera por la Santidad
Espacio de reflexión de la Parroquia de los Santos Ángeles Custodios, que invita a realizar una pausa diaria en nuestras actividades cotidianas para dedicarlas a la oración del Evangelio, a través de la meditación y reflexión de la hermana Ángela Cabrera, Discípula Misionera por la Santidad.
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