MEDITACIÓN DE LAS LECTURAS: 29/1/25

El evangelio del día presenta la parábola del sembrador. Jesús está enseñando a un gentío. Les habla sobre el Reino de Dios. Muchos oyen, pero para llegar a comprender sus profundas enseñanzas es necesario entrar en intimidad con Él. Quienes permanecen distantes, y no dan el paso de unirse a su voluntad, por más que oigan, nada comprenden. A continuación te presento un breve examen de conciencia sobre los “cuatro tipos de terrenos” o “cuatro actitudes del corazón” ante la Palabra del Señor, que se da gratuita y generosamente. Ve identificando en cuál de los terrenos estás.

BORDE DE CAMINO

Mi corazón es “borde de camino”, cuando sigo a Jesús. Sin embargo, mis entrañas no se involucran ante la Palabra o el mensaje. Voy negociando por dentro. Acojo algunas cosas, otras no. Internamente regateo. Las enseñanzas del Señor quedan estacionadas en los márgenes de mi casa interior; también queda su propia persona. Al no dejarle entrar, tampoco puedo comprender su misterio. De alguna manera lo estoy rechazando. El Señor no puede hacer nada si me niego a recibirlo. El tesoro de la Palabra, donde se juega mi salvación, lo dejo a la intemperie. El demonio astuto envía “los pájaros” de la distracción hasta hacerme olvidar o ignorar lo recibido.

TERRENO PEDREGOSO

Mi corazón es “terreno pedregoso”, cuando me dispongo con alegría a las cosas del Señor. Pero mi relación con Él queda en la superficialidad. El paso decisivo, la conversión del corazón, el éxodo de mi manera de ser a la suya, no lo recorro. Me falta disciplina en la oración. Ante la poca determinación, no brotan en mí las raíces necesarias para estar firme. Me falta valor y también decisión. Testimonio mis propias vacilaciones. Navego entre las aguas de la frialdad y la tibieza, sabiendo que existen las aguas calientes de la salvación.

Sin base sólida, no tengo una casa sólidamente preparada para resistir vientos y tempestades. El demonio se alegra cuando a la mínima dificultad me olvido de todo. Los problemas secan la fuente de mi experiencia espiritual. Lo que era presencia del Señor se torna ausencia. Quien fue prioridad en mi agenda, ahora, por los embates, pasó a último plano.

TERRENO ESPINOSO

Mi corazón es “terreno espinoso” en el momento en que voy y vengo en las cosas del Señor. Pero también voy y vengo a procura de las cosas del mundo. De esta manera, tengo el interior dividido. Cuando el corazón está dividido poco se puede hacer. Dentro crecen las dos cosas, crece la Palabra, pero también los deseos de grandeza, de prestigio, de seguir escalando más y más. Llega un momento en que las dos tendencias se disputan el único corazón.

Soy terreno espinoso cuando termino dando paso a los afanes por las cosas transitorias. Poco a poco, al no perseverar en mi opción por el Señor, me torno persona espiritualmente infecunda. La santidad se seca con poca oración. Me dejo arrastrar por un mundo vacío. Termino con las seguridades terrenas sostenidas, y con el alma sedienta de plenitud.

TIERRA BUENA

Mi corazón se convierte en “tierra buena”, cuando no solo escucho la Palabra, sino que permito que ella cale a mi interior y haga morada en él. La presencia del Señor permanece en mi corazón y lo transforma. No negocio este tesoro con nada. Custodio la gracia. Al perseverar con Jesús, mi terreno comienza a dar frutos. Otras personas se benefician de la cosecha. Se va haciendo visible el Reino de Dios. En este año jubilar, todos y todas estamos invitados a ser peregrinos de esperanza, esto es, en sentido de la parábola, a peregrinar incesantemente a la tierra buena. Los cuatro terrenos pueden hacerse presentes en un solo corazón, sin embargo, la meta espiritual es permanecer, en Cristo Jesús, siendo tierra buena, para gloria de Dios Padre.

Preguntas que llevan al silencio: ¿cuál es tu terreno? ¿Necesitas peregrinar desde donde estás? ¿Ya empezaste la peregrinación? ¿Para cuándo lo estás dejando?

Virgen María, ven con nosotros a caminar. Enséñanos a ser tierra buena, como tú.

¡Seamos santos!

Hna. Ángela Cabrera
Discípula Misionera por la Santidad


Hna. Angela Cabrera.

Discípula Misionera por la Santidad

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