MEDITACIÓN DE LAS LECTURAS: 9/2/25
(Is 6,1-8; Sal 137; 1Cor 15,1-11; Lc 5,1-11).
NAVEGAR MAR ADENTRO:
CINCO CLAVES PARA IR A LO PROFUNDO.
La invitación de Jesús a Simón: “Navega mar adentro”, nos llega a cada uno de nosotros hoy, en este V domingo del tiempo ordinario. Pero, lanzarse a lo profundo de la vida, de la existencia, no se hace de cualquier manera, sin tener condiciones. Hagamos el recorrido que hizo este discípulo, enriquecido con la experiencia de los otros dos personajes que presentan la lectura del día, Isaías y Pablo. Tomemos en cuenta aquello que necesitamos para sumergirnos en aguas profundas, con determinación y confianza. Lo resumo en cinco claves:
- “Escuchar la Palabra”. Sin las enseñanzas legítimas de Jesús, nuestra fe está perdida. En el relato, Él se subió a la barca de Simón, aunque había otra. Tú no podrías avanzar hacia las aguas profundas sin saber cómo llegar ni con qué objetivo vas. Jesús nunca te pediría que dejes las orillas sin orientarte cómo remar. Acoger su Palabra, custodiarla en el corazón, es motor y punto de partida. Por eso insiste Pablo a los cristianos, que conserven íntegro el Evangelio, para no malograr la fe.
- “Navega mar adentro”. Los discípulos creían que estaban bien situados. Sin embargo, el Señor, les descubrió en las orillas. La visión que tenían era limitada. Apoyada en sus propios criterios, en sus propias habilidades; las destrezas humanas no fueron suficientes para pescar a la manera de Jesús. Afirmó Simón que pasaron la noche bregando. Estaban cansados. Es duro afanar sin resultados. Llegó el desánimo, la frustración. No fue fácil recoger las redes vacías al amanecer, con tantas personas observando. Cuando tú te descubres en las aguas superficiales de la existencia, y te dejes orientar por el Señor, descubrirás que hay un mar más profundo, al que estás invitado a adentrarte.
- “Echar las redes confiando”. El secreto de la pesca está en la docilidad a la orientación de Jesús. Los discípulos se dejaron conducir. Había peces suficientes para reventar las barcas. Lo que vieron les despertó la fe. Esto recuerda la experiencia de Isaías, como narra la primera lectura. Cuando el profeta vio la gloria de Dios quedó impactado. Tú y yo también hemos de dejarnos sorprender por las maravillas del Señor. Es hermoso descubrirse peregrinando de la oscuridad a la luz de la esperanza.
- “Reconociendo de la propia pequeñez”. Los personajes de este domingo nos enseñan a ser humildes, sinceramente, delante del Señor. De ahí que Simón Pedro le dijera: – “Apártate de mí… que soy un pecador”. Lo mismo pasó con Isaías. La crisis le llegó cuando vio la gloria, como los ángeles, pero no pudo cantar por estar impuro; también Pablo se consideró indigno de llamarse apóstol. La santidad comienza con el abajamiento propio y el reconocimiento de Aquel que tiene fuerza en su Palabra.
- “Pescar hombres”. La perfección con la que el Señor redirecciona la vida es impresionante. Le dijo Jesús a Simón: – “no temas”. Esto es, “no cuentas con tu miseria, sino con mi misericordia”. Pablo no se apropió de la fuerza con la que trabajó por el Evangelio; reconoció que fue la gracia de Dios en él. En Isaías, dicha gracia se vio reflejada, en forma de tenaza caliente, que le tocó los labios y lo purificó. El objetivo de sumergirse en lo profundo, es conquistar corazones para el Señor. Mientras tú no descubres quién es Aquel que te llama; mientras no tomes conciencia de que, quien te llama es más importante que tú, no tendrás las fuerzas suficientes para seguirle.

Preguntas que llevan al silencio: ¿Qué brújula dirige tu vida? ¿Te conducen tus criterios o te conduce Cristo? ¿Quién está dirigiendo la barca de tu vida? ¿Cómo navegas en el mar de la existencia: vas a nado o con el motor del Espíritu Santo? ¿Cómo te consideras ser: una persona de orillas, de hondura media, o de aguas profundas? ¿Cuáles cosas distraen para que mucha gente se quede chapaleando en los bordes? ¿A ti te gusta el mar o te entretienes en cualquier charco? ¿Qué pasa cuando llega el amanecer y tienes las redes vacías? ¿Cuántas veces te ha tocado volver sin nada? ¿Tiendes a ensalzarte cuando pescas algo o te vuelcas hacia el suelo y te reconoces pecador? ¿Qué te dice Jesús cuando te ve humilde? ¿Qué ha hecho de ti la gracia de Dios? ¿Cómo tu camino de santidad embellece la Iglesia, la barca dirigida por Jesús?
Señor, cuando te invocamos tú nos escuchas. Por eso, como el salmista, te doy gracias de todo corazón. Tú me has hecho comprender que hay peces suficientes para reventar las barcas. Aquí estamos, y somos muchos, porque la pesca es comunitaria. Tú nos haces, Señor, peregrinar juntos hacia las aguas profundas.
¡Seamos santos!
Hna. Ángela Cabrera
Discípula Misionera por la Santidad

Hna. Angela Cabrera.
Discípula Misionera por la Santidad
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