MEDITACIÓN DE LAS LECTURAS: 10/2/25

El relato del Génesis nos habla de la Palabra creadora, al principio. Es un relato lleno de vida y hermosas imágenes que te pueden servir de guía para una relectura espiritual a partir de tu propia vida. Porque Dios, ante la realidad humana, nunca se espanta ni se retira, por más caótica que parezca. Cuando tú te dispones, Él crea, de “tu nada”, una nueva persona. Atentamente sigue las pautas del relato, adaptándolas a ti.

Sagradas Escrituras: Caos y creación

Cuando se dice que “el aliento de Dios se cernía sobre las aguas”, puedes considerar que es el Espíritu Santo presente en tu vida. Mediante esta presencia discreta, la Palabra creadora puede ordenarte y conducirte. Ayúdale al soplo divino a separar en ti todo aquello que hasta hoy ha estado mezclado, revuelto, sin orden. Dios separó la luz de las tinieblas; puso las aguas en su lugar correspondiente, y luego fue llamando a las cosas por su nombre.

Este ejercicio espiritual te puede hacer bien. Entra en tu casa interior, en la habitación de tu corazón. Déjate conducir por la luz de la conciencia e identifica cuáles realidades tienes que ordenar y poner lugar adecuado, porque están mezcladas. Toma un papel, mírate por dentro, nombra lo que te habita e intenta conocerte para saber ciertamente lo que debes remover, y lo que ha de permanecer. Este es el punto de partida. Es una manera espiritual de labrar tu tierra, y disponerse para la siembra del Señor.

Una vez preparado tu terreno, el Señor no demora en hacerlo verdear, con las virtudes de la fe, la esperanza y la caridad. Las virtudes son como esas semillas, poco a poco crecen y dan frutos, cada una según su propia naturaleza. Es entonces cuando el Creador, al contemplarte, se alegra y se dice a sí mismo: – “Este hijo, esta hija, ha sido muy bueno”. El Señor, generosamente, podrá seguir invirtiendo en ti, en la medida en que vas respondiendo a su gracia. Puedes llegar a ser lumbrera de su amor y su misericordia. El buen testimonio de tu vida es escuela de evangelización.

Interesa destacar las pausas que se van dando en el proceso creacional. Pasa un día, luego otro; Dios constata y sigue creando. Así mismo, se exige en el curso de madurez y transformación personal. Tú no puedes saltar las etapas. Pero sí puedes ir comprobando lo que Dios va haciendo en ti. Y considerar tu cooperación con la gracia o tu impedimento para que ella fluya favorablemente. La persona que aprende a observarse, a desenmascarar sus actitudes, puede hacer, con la gracia de Dios, significativos avances.

Cuando una masa, destinada al pan, se prepara con todos los ingredientes, se deja en reposo y se transforma. Pero nunca estará lista hasta no ser introducida en el horno para cocinar debidamente. Es lo que pasa contigo y conmigo, necesitamos pasar por las manos de Jesús. Todo proceso de crecimiento integral, requiere la participación auténtica del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.

El evangelio nos muestra cómo Jesús vino a nuestro mundo, para sanar y redimir la buena creación del Padre, que enfermó el pecado humano. No sólo enfermó la naturaleza, sino también su propio corazón. Nos toca aprender de esas personas que, cuando lo vieron desembarcar con sus discípulos, lo reconocieron y no dudaron en ir a donde estaba Jesús. Tocar su manto, es tocar su propia vida, recuperarla, y disponerla. Porque de nada sirve nacer de nuevo, si no es para acompañar y estar con Jesús en todos los caminos y siempre.

Preguntas que llevan al silencio: ¿Hay zonas, en ti, declaradas en estado caótico? ¿Qué quitarías y qué pondrías en una nueva creación de tu vida? ¿Has intentado crearte tú, por fuera? ¿Cuál es la diferencia entre crearte tú, con ayuda de cirujanos, y que Dios te cree, según su voluntad? ¿Qué tú entiendes por esta frase: “Dios te creó y Dios te cría”? ¿Por qué no le suplicas al Señor que haga de ti una nueva persona, por dentro? ¿Tú harías el ejercicio de reconciliarte con tu cuerpo, y decirte,- todo lo ha hecho bien? ¿Por qué grita la creación? ¿Qué puedes hacer para sanar la naturaleza que te circunda? ¿Qué quieres que Jesús sane en ti?

Señor, como el salmista, yo te bendigo, porque te vistes de gloria y majestad. Pero no eres un Dios que se desentiende de sus criaturas, también deseas esculpir nuestro ser hasta embellecerlo en santidad y misericordia. De la misma manera, Señor, en que sacas manantiales de los ríos, me dispongo a que saques de mí, lo mejor. Tus obras son perfectas y todo lo creaste con sabiduría. Tú que me creaste, Señor, no me quiero criar al margen de lo que sueñas para mí. Pedimos la oportuna intercesión de Santa Escolástica, hermana de san Benito, que como ella, podamos consagrar nuestra existencia a la dulce amistad contigo.

¡Seamos santos!

Hna. Ángela Cabrera
Discípula Misionera por la Santidad


Hna. Angela Cabrera.

Discípula Misionera por la Santidad

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